La homofobia y La Narda

"Parece que en la Constitución pusiera que es obligatoria la veneración
pública de todo señor que proclame que le gustan los hombres"

Como tengo hecho un buen bachillerato con todos sus avíos, yo conocía la homogeneidad, la homonimia, la homologación. Conocía incluso la homofonía, pues con mi bachillerato como Dios manda me fui a estudiar Filología Románica, que es una Filología con errata. No conseguí que mi tía María Belinchón, que era mucho de los boleros y de las novelas rosas y que fue quien me aficionó a la Monarquía, entendiera que no estudiaba Filología Romántica, sino Románica. Se murió la pobre creyendo que yo estudiaba Filología de las rimas de Bécquer y los artículos de Larra... Y al igual que sé qué es la homonimia y la homofonía, sé también qué es la claustrofobia, la agorafobia, la fotofobia, la xenofobia, la hidrofobia. Pero aun sabiendo todas estas palabras derivadas del griego fobos (miedo) y del griego homos (igual), no sabía en absoluto que existiera la homofobia. Y no vean ustedes lo de moda que está la homofobia. Resulta que yo sabía que tenía fotofobia: con los ojos azules, lo paso fatal en verano sin gafas de sol. Me sabía con agorafobia: me dan pánico las aglomeraciones, pienso que como alguien diga "¡fuego!" puede haber muertos. Pero desconocía que tuviera homofobia. Sabios doctores en homosexualismo, transexualidad y otros males del siglo, desde coordinadoras de gays y lesbianas, me han dicho que soy un homófobo, por criticar que una TV local de mi pueblo contrate como estrella a un señor que antes se llamaba Manolo Fernández, que luego no fue señor y se llamaba ya Bibi Andersen y que ahora ni es Bibi Andersen ni nada. Ahora es una señora (muy lista por cierto) que responde al nombre de Bibiana Fernández, que ni es nombre de artista, ni de presentadora, ni de nada. Llamándose Bibiana Fernández sólo se puede ser boticaria en Alpedrete o registradora de la Propiedad en Aranda de Duero.

Para qué lo he dicho. Si usted no participa en la general glorificación de los homosexuales, lesbianas, transexuales y demás, de momento le dicen que es un homófobo (u homófoba), y después le dan con el artículo 14 de la Constitución en toda la boca. Artículo que me he leído muy bien, con lupa, y no pone que sea obligatoria la veneración social del mariquita. Como en tantas cosas, en España hemos cogido otra vez el rábano por las hojas, y hemos dado el clásico pendulazo de nuestra Historia. A mí la homosexualidad me parece como el otoño, las cataratas del Niágara, la bicicleta, el pan de pueblo, la tuberculosis o la Biblioteca Nacional. Algo que está ahí, que existe, y ya está. Algo que ha existido siempre. Cierto que antes a los homosexuales los entregaban al brazo secular del Santo Oficio para que los quemaran vivos, o los metían en la cárcel.

-Y eso le parecerá mal...

Me parece fatal. Aunque sea un homófobo, como dicen los gays y lesbianas. Pero a continuación añado que una cosa es perseguir al homosexual al grito hispánico de "¡maricón al agua!" y otra aceptar como normal esta auténtica exaltación de las otras formas de sexualidad, que nadie me negará que son por lo menos raritas. Parece que en la Constitución pusiera que es obligatoria la veneración pública de todo señor que proclame que le gustan los hombres o de toda mujer que pregone que le gustan las señoras. Esa no discriminación por razones de sexo que dice la Constitución debe empezar por no considerar un bicho raro al que crea que es más lógico y normal que a un señor le gusten las señoras y que a las señoras les gusten los repartidores de butano...

-Hombre, pero es que hay repartidores de butano que al verlos se les caen dos lágrimas a cualquiera...

Cuando exista un Día del Macho Ibérico o un Día de la Tía Salida me parecerá bien que haya un Día del Orgullo Gay. Por el momento, es un alarde innecesario. No hay nada peor que el fervor del radicalismo, y no me negarán que las que se proclaman tan liberales coordinadoras de gays y lesbianas se dedican a perseguir a los que nos acusan de homófobos con la misma saña con que antes desterraban a los que sorprendían en el entonces llamado pecado nefando. De perseguidos, muchos han pasado a perseguidores de quienes no aceptan lo insólito como normal.

Me quedo con La Narda, aquella mariquita tan literaria que retrató Joaquín Romero Murube y que no acusaba a nadie de homófobo. La Narda tenía una venta flamenca cerca de Sevilla. Estaban en la venta unos aficionados al acoso y derribo, al regreso de una tienta en campo abierto, y hablaban de mujeres. Había en la pared una foto de una bella andaluza, vestida de flamenca, con una mantilla blanca y sus buenos zarcillos de coral, y Villabrágima, señalando el retrato, dijo, tajante:

-Pues lo que yo entiendo por una mujer de bandera es ésa de la foto... Por cierto, ¿quién es?

Y La Narda, que oía a Villabrágima, dijo muy comedida y sin el menor orgullo gay:

-Servidora, en la feria de Utrera... *


Aquí va otro comentario de Antoñita la de Burgos con una fijación permanente hacia Bibi Andersen, da la sensación que Bibi le dio calabazas alguna vez y esto no se le ha olvidado a doña Antonia la burgalesa jue jue.

Yo le recomiendo que solicite los servicios de un chico y seguro que se le apagaran esos fuegos internos a la de Burgos.


                                   Bibi Andersen y El Cani

Se escribe José Antonio Sáenz Sánchez, pero se pronuncia El Cani. Triana pura. Gracia para dar y repartir. Más listo que el hambre que pasaron en el Corral del Cura. El Cani, que ya era gente con el Agua de Sevilla, es ahora más gente todavía. El Cani va ahora de Polanco. Es el baranda que manda, el que tiene la telanda, en Giralda Televisión, vulgo Onda Giralda. El Cani es tan listo, que se mete a apoderado taurino, coge a El Vinagre y José Tomás, a los albañiles. El Cani es capaz hasta de apuntar a un testigo de Jehová en la Hermandad de Donantes de Sangre.

Y con este Cani tan listo y con tanta gracia de Triana (que mi ilusión es verlo en un almuerzo mano a mano con otro genio de la gracia y del medio, con Paco Cervantes) cenamos la otra noche en el restaurante japonés de los jardines del Alfonso XIII, que es como Tokio, pero frente al chiringuito de Chaves. Lástima que no estuviera también Nicolás Valero, pero hubiera sido PA puro de oliva, como el aceite de Juan Ramón Guillén. Por eso en vez de a Valero (lo siento, Nicolás), invitamos a los marqueses de Méritos, que se escribe así y se pronuncia Isabelita León y Carlos Oriol. Y en aquella cena, nada más traernos la primera piriñaca de bambú, va El Cani, baranda total de Onda Giralda, y me dice:

-- Hemos fichado a Bibi Andersen para presentar un nuevo programa nocturno.

Y voy y le digo:

-- Eso, como si no hubiera maricones suficientes en Sevilla, tú te pones a importar maricones...

-- No irás a poner eso en el periódico...

-- Qué poco me conoces, Cani.. Vamos que si pongo eso en el periódico.

Puesto está. Así que tós por iguá, valientes, que sigo. ¿Qué te ha hecho La Esmeralda, Cani, hijo, para que te traigas al ex-Manolo Fernández y la dejes por la parte de fuera? Si es por ganar audiencia, tú pones a La Esmeralda presentando un programa nocturno y barre. Digo lo de barre porque a la vista está que la televisión en general es asunto de Lipassam siempre: basura podrida. Sí, ya sé, ya sé, Cani, que Onda Giralda es una televisión privada y os podéis gastar el dinero como tengáis por conveniente. Por mí como si quieres contratar a Boris para que pegue plumazos por La Cartuja, o al rubio de Camomila Intea que echaron de las Crónicas Marcianas por llamar las cuatro letras a una que únicamente lo es a 30,60 y 90. Puedes hacer, Cani, con tu dinero y con el de Isidoro Beneroso lo que tengas por conveniente.

Pero que digo yo que para eso de traer desechos de tienta y cerrado de las televisiones nacionales ya está Canal Sur. Que si queréis ser tan sevillanos como el Giraldillo de vuestro escudo, la ciudad se merece otras cosas. No contáis con la guasa de Sevilla. Eso que un maricón operado entreviste a Amalia Gómez y el espacio se llame "De mujer a mujer" es muy fuerte, ¿no, Cani? ¿Tú no ves? Que el ex-Manolo entreviste a Amparo Rubiales sí me pega, Amparo es mucho de la exaltación de lo anormal como norma, que como sabes es lo progresista y lo moderno.

Así que entre la niña de la mochila poniendo la alcachofa a los votantes del PSOE en la Velá de San Jerónimo a mayor honra y gloria de Monteserrín, como le dicen, y tú, Cani, importando mariquitas con pretensiones y operaciones, vamos dados con el modelo sevillano de televisión. Por eso suelo decir, Cani, que las ciudades tienen los medios de comunicación que se merecen.

 

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