La exposición al foco mediático del Madeleine se contrapone a la
oscuridad que rodea su desaparición.
País-. El ruido de las tertulias y
los fogonazos de los flases han convertido el caso Madeleine en un
caso del que todo el mundo habla. No sólo se habla. Se especula,
se lanzan todo tipo de hipótesis y se duda de todas las versiones.
La sensación de irrealidad y de perplejidad se acrecienta cada día
que avanza la investigación. En medio de todo eso, los McCann, un
matrimonio sospechoso de haber montado una ficción en torno a la
desaparición de su hija. La policía portuguesa trata de aclarar
con pruebas lo ocurrido pero las pistas se confunden con todo lo
dicho y publicado.
La
sofisticada campaña de prensa y mercadotecnia organizada por la
familia McCann dio a conocer el caso al mundo. La vacilante
investigación policial, cegada por el poder, las cámaras y los
focos, lo alargó en el espacio y el tiempo. La historia de
Madeleine nació como el alivio para el calvario de dos padres, ha
dado una vuelta completa y hoy es una tortura de otro signo para
los McCann, antes víctimas oficiales y hoy sospechosos, si no de
la desaparición de su hija, al menos de haber construido la
coartada del siglo. Ironía cruel, su esperanza ahora es el abogado
de Pinochet.
Enganchado a esta telenovela demasiado humana que parece escrita
por un guionista borracho, el público alucina, analiza, critica,
hace preguntas: es el primer suceso interactivo, las páginas webs
multiplican la sensación de prisa, la irrealidad se impone. El
ruido casi no deja oír, la potentísima luz de los focos apenas
aclara nada. Hay cientos de periodistas rastreando la noticia,
lejos y cerca, y ahí surgen las especulaciones, hipótesis,
verdades y mentiras, filtraciones, y el público quiere más, y el
ruido no solo no se apaga sino que va creciendo, y el monstruo
alimentándose con pelos y señales, detalles zafios, sangre.
¿Hablamos -escribimos- sobre personas reales o sobre personajes de
ficción? Da lo mismo, ¡más madera! En Francia un periódico dice
que el análisis ha confirmado una sobredosis, en Portugal un
diario filtra la tesis de la bofetada, en Inglaterra otro aventura
que la policía ha utilizado pruebas falsas, en España este diario
cuenta cómo la policía portuguesa maneja como posible móvil de la
desaparición del cuerpo los contactos y la ambición de Gerry
McCann... Uno de sus hermanos, John McCann, aclaró ayer en una
entrevista con Expresso que fue el propio primer ministro Gordon
Brown quien se interesó por el caso, y matizó que sólo él y su
hermana Philomena se dedican a la política, cosa que jamás Gerry
pensó hacer. El caso Madeleine se ventila en la plaza pública con
la velocidad irresponsable y moderna de la tertulia en directo.
Los vaivenes de la fama, la construcción de una marca global solo
en cuatro meses (FindMadeleine), la obsesión de Occidente por la
seguridad, la ética médica, la presencia de celebridades, la
conexión católica, el factor económico, las implicaciones
Norte-Sur (¡Sostiene Pereira!)... El caso está lleno de aspectos
fascinantes y de recovecos... ¡Y la justicia, esa cosa tan
antigua, lenta y metódica, tarda tanto en pronunciarse! ¿No podría
el guionista correr más? A estas alturas mucha gente ve con
espanto (y con razón) cómo el mismo monstruo mediático que tanto
cuidó a la familia apabulla ahora, con la misma lógica voraz, la
condición de inocentes legales que debería amparar a los McCann.
Quizá los padres de Madeleine no pensaron, ha escrito el analista
Vasco Pulido Valente, que ése sería el precio a pagar por
depositar el caso en manos de la prensa al avisar a la cadena Sky
News antes que a la policía. Según afirmaba ayer John McCann, fue
otra hermana suya, Patricia, la autora de la llamada, y la hizo
para pedir ayuda porque solo habían llegado dos agentes al Ocean
Club. Para Valente, esa decisión, inimaginable hace solo 20 años,
enseña a lo que ha llegado "la abyecta cultura democrática de
Occidente" construida en torno al poder ilimitado de los medios
anglosajones. Solo existe lo que sale en los medios.
El
serial antiguo, dice Vicente Verdú, reconvertido en el éxtasis de
la incertidumbre. ¿Pero acaso alguien sabe a estas alturas si este
caso es un gran bulo.com, un Show de Truman a escala planetaria,
una cortina de humo auspiciada por los centros de poder para
desviar la atención (¿qué harían cuatro equipos de la CNN el otro
día en Portimão?), una hazaña policial o un linchamiento de
inocentes? La locura en curso hace que la opción más disparatada,
o todas a la vez, suene plausible. Lo único malo del caso es que
no es una ficción. Esa niña de tres años que debía cumplir cuatro
el 12 de mayo es (o fue) real. El dolor de su familia (pasara lo
que pasara) también. En esta película solo hay una certeza. La
buena es Maddie y todos los demás son (somos) sospechosos.
Llegados a este punto, el folletín es imparable. Maddie es tan
famosa como Harry Potter, y su madre, Kate, compite de igual a
igual en afecto, odios y portadas con Lady Di. Aunque el motivo de
su fama no sea un truco fácil, sino esa angustiosa forma de
esfumarse de repente y no aparecer, mucha gente piensa que en la
tozuda ausencia de Madeleine hay algo mágico, muy difícil de
explicar. No solo se esfumó sin dejar huellas (peor aún, la
policía solo consiguió encontrar sus huellas 90 días después de
que se esfumara, el 8 de agosto), sino que su desaparición
coincidió con actos y decisiones poco claros. Pero, si
analizáramos cualquier nimio suceso cotidiano con un telescopio,
¿no pasaría lo mismo? Por ejemplo: según publicó la prensa
británica unos días después de la desaparición, los propios McCann
contaron inocentemente que aquella tarde los padres "jugaron un
rato con los niños antes de darles el té y meterlos en la cama".
La policía ha dejado filtrar su extrañeza. ¿Cómo unos niños toman
una bebida excitante antes de irse a la cama a una hora en la que
todavía era de día? Conclusión: teoría de los sedantes. ¿Floja? Un
momento.
El
abuelo de Maddie contó hace días a un tabloide que los padres de
Maddie solían usar Calpol, un inofensivo jarabe antitérmico, para
ayudarles a dormir. Antes de eso, Sandra Felgueiras, que cubre el
caso para la televisión RTP, preguntó a los McCann si daban Calpol
a los niños. Gerry hizo una mueca, bajó la mirada, luego lo negó.
Otro ejemplo. El 10 de agosto, cuando la policía portuguesa
acababa de decir por primera vez en público que consideraba "muy
probable" que Madeleine muriera la noche del 3 de mayo en su
apartamento, sus padres lanzaron al mundo un vídeo de Laura Bush,
esposa del presidente estadounidense, como parte de la campaña
abierta el 29 de mayo y llamada Don't you forget about me (No te
olvides de mí). "A través de este nuevo canal YouTube, el Centro
Internacional para los Niños Desaparecidos y Explotados ofrece
esperanza a padres que aún están buscando. Por favor, miren estos
vídeos y estudien los rostros de estos niños desaparecidos", dice
la primera dama. ¿Alguien comprende que nadie parara ese
lanzamiento si la investigación policial había girado ya hacia la
muerte de la niña? La batalla de la información-desinformación
había empezado el 4 de mayo.
Exasperados con el hermetismo policial, los medios ingleses
pidieron desde el primer día briefings informativos, lograron que
se nombrara un portavoz oficial para el caso (Olegario de Sousa,
que ayer fue por cierto, dispensado del cargo), presionaron,
sugirieron líneas de investigación. El 6 de mayo, De Sousa dijo
que la policía no podía decir si la niña estaba viva o muerta. Se
habló de pederastas, de tráfico de órganos, de rescates, todas las
modalidades del rapto fueron puestas sobre la mesa. Maddie fue
buscada en 15 kilómetros a la redonda. No apareció. Los días que
no había novedades, algunos usaban la fantasía. El 12 de mayo, el
corresponsal de sucesos de Sky News, entró en directo y dijo: "Me
dicen que un pueblo o aldea ha sido rodeado por la policía en
Sevilla, al sur de España. No es un viaje demasiado largo a través
de la frontera". No era verdad, pero la audiencia no lo supo hasta
el día después. Lamentablemente para la familia de Madeleine, lo
único cierto es que la policía ha descartado la tesis del rapto.
Kate será interrogada de nuevo esta semana. El juez del caso ha
autorizado el interrogatorio, que será realizado esta vez por la
policía británica y en el Reino Unido. El cuestionario está basado
en 40 puntos que los investigadores consideran esenciales, según
publicó ayer Diario de Noticias. La burbuja de irrealidad ha
explotado. Los McCann están sufriendo y lo que queda puede ser muy
largo. John McCann dijo ayer que "Gerry y Kate están arrasados por
lo que están leyendo estos días". Hicieran lo que hicieran,
¿merece alguien tanto castigo? El monstruo no contesta, las
rotativas están rodando...
C.
A.
17-09-2007
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