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P o r t a l  d e  i n f o r m a c i ó n  t r a n s e x u a l
 
       
 

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DD HH: Los niños que robó Hitler

 

Unos 200 niños polacos de un campo de refugiados austriaco llegaron en 1946 a Barcelona en una operación de la Cruz Roja. Eran niños rubios "de aspecto germano" robados por los nazis o fruto de experimentos para crear la superraza aria. Algunos volvieron a su país, otros fueron a EE UU. Varios de ellos relatan su drama de desarraigo e identidad perdida. 

País-. De la mano de la Cruz Roja internacional, 200 niños polacos robados por los nazis durante la II Guerra llegaron a Barcelona en 1946 procedentes del campo de refugiados de Salzburgo (Austria). Algunos habían sido seleccionados por culpa de sus rasgos físicos pretendidamente arios y arrancados de sus padres, otros eran hijos de los trabajadores esclavos utilizados hasta la extenuación en la industria alemana de guerra. También había pequeños engendrados en el diabólico proyecto eugenésico de los Lebensborn, (la fuente de vida), las granjas de procreación y educación nazi destinadas a crear la superraza, en las que se forzaba a las mujeres seleccionadas a acostarse con los oficiales alemanes. 

Desconocida hasta ahora, la historia de estos niños polacos hurga cruelmente en la herida moral de la humanidad porque fueron despojados de su nombre, su memoria y su lengua, germanizados y, en ocasiones, entregados a familias alemanas y nuevamente desgajados de estos hogares al término de la contienda. 

Muchos perdieron irremisiblemente la posibilidad de recuperar su identidad y su familia en la hoguera con la que los nazis en retirada destruyeron los archivos que daban cuenta del delirio de recreación de la raza aria. Tal y como ha constatado este periódico, seis décadas más tarde, la herida del limbo identitario sigue supurando en el alma de los supervivientes, "españoles de corazón", y palpita dolorosamente con el recuerdo de las traumáticas experiencias vividas. Tuvieron que resignarse a no saber de sus padres y hermanos, a descontar para siempre esos besos y abrazos y a vivir con ese vacío lacerante, algunos, en la sospecha de que su progenitor pudo muy bien haber sido un soldado alemán. 

Todos llegaron a Barcelona con el enigma de su origen, pero sólo los que habían guardado en su memoria un recuerdo nítido -"Mamá tenía una chaqueta marrón, lloraba, pero nos separaba la alambrada"- o habían salvado un objeto -la fotografía doblada que la madre le dio a hurtadillas en la despedida, la medallita de la Virgen...- disponían de la prueba de una identidad perdida. 

Escuchar sus padecimientos durante la guerra es asomarse a un abismo de angustias y terrores, de hambre y violencia. Se comprende que los desnutridos o enfermos huérfanos polacos encontraran en la pobre España de la posguerra el paraíso inesperado que añoran todavía 62 años más tarde. 

El tiempo había acabado por sepultar aquellos hechos bajo una capa de olvido tan compacta, que la mera confirmación periodística de la llegada de esos niños a Barcelona pareció una empresa imposible. Los datos transmitidos en su día por personas ya fallecidas se revelaron pronto insuficientes o inexactos. Y rebuscar en los archivos de la Cruz Roja en Madrid y Barcelona, consultar a la Embajada y los consulados de Varsovia e indagar en la comunidad polaca resultó un ejercicio infructuoso. Nadie tenía noticia de estos niños. 

Cuando el panorama invitaba al abandono y la historia parecía abocada a engrosar la carpeta de iniciativas fallidas, un diligente archivero de la Cruz Roja en Ginebra, tan dispuesto como para buscar más allá de las fechas convenidas, exhumó el listado de uno de los grupos que llegaron a la Ciudad Condal. ¡Era verdad! La consulta a las hemerotecas, ahora sí, en el año y las fechas correctas, mostró que esos niños de entre 2 y 12 años tenían también rostro y saludaban disciplinados con vivas a España desde la cubierta del mercante JJ Sister, que el 24 de abril de 1946 atracó en Barcelona. 

Fueron alojados, inicialmente, en el número 49 de la calle Angli, una antigua checa (centro de detención) del Frente Popular que el Auxilio Social franquista (organización de beneficencia) había habilitado como residencia infantil, y luego en la residencia Vallcarca, también en el barrio de la Bonanova. Los periódicos españoles de la época presentaron la llegada de los "huérfanos de guerra polacos" como prueba del carácter humanitario del régimen, cuando aquel gesto respondió a la necesidad del Gobierno de Franco de congraciarse con los aliados victoriosos y hacerles olvidar sus simpatías por los derrotados alemanes. En las negociaciones diplomáticas, auspiciadas por el Vaticano, la dictadura franquista asumió el compromiso de facilitar el alojamiento y los cuidados necesarios, mientras que el Gobierno polaco en el exilio establecido en Londres, que no reconocía al poder comunista establecido en Varsovia, se encargaría de la educación-polaquización de los niños. 

La experiencia se prolongó durante diez años, periodo en el que la mayoría de los niños, ya adolescentes o jóvenes, fueron devueltos a Polonia, a menudo contra su voluntad, y entregados a parientes que habían sobrevivido. ¿Qué pasó con aquéllos cuyos orígenes no pudieron ser establecidos? ¿Y qué habrá sido de esa chica rubia, de ojos azules, Teresa Lindner, que según el diario Pueblo se había prometido a un español estudiante de Ingenieros? 

Seguir el rastro de los huérfanos polacos no devueltos a su país era como perseguir la sombra de unas nubes caprichosas que lo mismo se dirigían a Polonia, que a Francia, a Estados Unidos o al Reino Unido. Del listado de nombres puestos a búsqueda sistemática en Internet, únicamente el de Aleksandra Gruzinska obtuvo una respuesta positiva en Google. Había una Aleksandra Gruzinska profesora de francés en la Universidad del Estado de Arizona (Estados Unidos), y en la página figuraba la dirección de su correo electrónico. Era la última oportunidad y había que apurar la suerte, por improbable que pareciera que una persona de 75 años continuara profesionalmente activa. Que conservara su apellido de soltera en Estados Unidos significaba, además, que no se había casado, supuesto que reducía aún más las probabilidades. 

"¿Es usted la Aleksandra Gruzinska que llegó a Barcelona en 1946 por mediación de la Cruz Roja?" Como ocurriría después con el resto de los receptores, el mensaje produjo el devastador efecto de un torbellino emocional. Rememorar el pasado en estos casos es destapar la caja de Pandora de los dolores y traumas padecidos, dar rienda suelta a recuerdos amargos y secretos que habían sido convenientemente domeñados y guardados bajo siete llaves. Ella se tomó su tiempo, sopesando si estaba dispuesta a dejarse envolver por el oleaje desatado en su interior, pero cinco días más tarde contestó: "Sí, soy una de las chicas de Vallcarca". Y hay que decir que pocas veces en el ejercicio de este oficio se reacciona a un mensaje con una exclamación de júbilo. 

Aleksandra no pudo o no quiso entonces ir más allá -"me despido con mucha emoción", indicaba-, pero luego encaminó al periodista hacia un manantial informativo, el tesoro documental de los "huérfanos polacos de Barcelona", podríamos decir, que Cristina Tozer, hija de la canciller del consulado polaco en Barcelona Wanda Tozer, guarda en su casa de Madrid. Activista de la resistencia antinazi perseguida por la Gestapo, Wanda Tozer alojó en su casa de Barcelona a los pilotos polacos derribados en Francia y a los soldados perdidos que trataban de llegar a Gibraltar o a Portugal para desde allí regresar a sus bases en Inglaterra. "A veces me encontraba el salón tapizado de cuerpos", recuerda su hija Cristina. "Mi madre les daba documentación falsificada y dinero para que pudieran atravesar España". La señora Wanda fue la madre espiritual de los niños robados por los nazis que llegaron a España, además de su profesora de literatura y polaco. Era el enlace entre las autoridades españolas y el Gobierno polaco en el exilio. 

Durante aquellos años, la canciller fue anotando las revelaciones que extraía de sus contactos con los niños -"yo también era muy pequeña y tenía celos de los cuidados que les prodigaba mi madre", indica Cristina-, hasta descifrar el secreto que guardaban. Descubrió que, en su gran mayoría, aquellos niños procedían de Silesia, región que los alemanes consideraban germánica y, por tanto, potencialmente susceptible de albergar los genes de la raza aria. Descubrió que a muchos de los pequeños les habían cambiado sus apellidos por otros, en ocasiones, despectivos e hirientes, como Koziok (cabrito); que les habían borrado los recuerdos familiares y prohibido el uso de su lengua; que habían sido robados y humillados; que habían pasado por sucesivos orfanatos y que los mayores habían sido abandonados cuando la contienda tocaba a su fin y forzados a vivir como salvajes en los bosques. 

Wanda Tozer intuyó entonces lo que los historiadores tardarían mucho en comprobar: que en la región noroccidental de Polonia incorporada al Tercer Reich con el nombre de Wartehegau, a los niños de aspecto nórdico se les supuso un origen alemán y fueron germanizados. En su libro El trauma alemán, Gitta Sereny cita la orden de las SS número 67/1, en la que se alude a la "gran cantidad de niños en Polonia que por su aspecto son potenciales portadores de sangre valiosa para Alemania". La periodista austriaca sostiene que en las acciones punitivas contra la resistencia, la norma era ejecutar a todos los hombres y enviar a las mujeres a los campos de concentración, mientras que los niños de entre seis meses y dos años eran enviados a los hogares Lebensborn, y los mayores de doce, enviados a trabajar. 

"La Gestapo se llevaba a los niños por la fuerza, sobre todo si respondían claramente a los criterios de raza", escribió ya entonces Wanda Tozer. "Los seis hermanos Wieczorek fueron arrancados brutalmente de los brazos de sus padres. Aleksandra Gruzinska, a la que sus compañeros llamaban Olga, no tuvo apenas tiempo de abrazar a su madre. Bronislaw Zimmy fue sacado de un orfanato para ser germanizado. Jerzy Kaczynski y su madre fueron llevados a Alemania para trabajar duramente. Jadwiga Bronowicka vio desde su escondite en un pajar cómo los rusos asesinaban a su padre...". 

Son escritos, hasta ahora inéditos, que Cristina Tozer encontró en su casa a la muerte de su madre, en 1990. En todos ellos late la sensibilidad de una mujer, patriota polaca y católica, capaz de comprender el dolor de la "segunda ruptura" que padecieron los niños dados en adopción a familias alemanas y rescatados por los aliados al término de la guerra. "No querían ir con esos polacos de quienes habían oído decir tantas barbaridades y había que recuperarlos por la fuerza; ellos, a su vez, mordían o daban puntapiés a sus liberadores", anotaba Wanda. En ocasiones, sólo la música, las canciones polacas de cuna o los cantos navideños lograban penetrar en los espacios clausurados de la memoria y encender la chispa del recuerdo. 

Pese a la imagen que aportan las fotografías de prensa de la época, las "cabecitas rubias que se apretujan unas con otras, lucen ropa militar y gorras americanas", que llegaron a Barcelona en sucesivas expediciones, estaban muy lejos de alcanzar el estadio de la felicidad. "Han desarrollado los instintos de supervivencia propios de los entornos hostiles y son desconfiados, hoscos y egoístas. Las chicas mayores, más germanizadas, son exigentes, desobedientes y contestonas, mal ejemplo para las pequeñas a las que incitan a la rebelión", escribió Wanda Tozer. 

Su hija recuerda que aquellos niños con los que compartía la clase de polaco tenían siempre hambre aunque acabaran de comer, el apetito insaciable de los que han conocido el hambre. "Habían pasado tanta necesidad, que guardaban los chuscos de pan bajo los colchones para cuando les llegara esa hora negra del estómago aguijoneado. Además, rebuscaban en las basuras de la propia residencia de Vallcarca y de los alrededores y arrasaban los limoneros de la casa y los frutales vecinos", comenta. Sin embargo, como observó con asombro Wanda Tozer, aunque los niños no compartían las cosas, tampoco se robaban entre ellos. A falta de familia, muchos anudaron con algunos de sus compañeros una relación fraternal, que, en ocasiones, ha perdurado hasta hoy. 

Las anotaciones de Wanda describen un cuadro psicológico de pesadillas, angustia y depresión, a la altura de los traumas y padecimientos vividos. Niños desquiciados entregados a la tarea de destrozar, claustrofóbicos que se fugan en pijama de la residencia creyendo huir de un bombardeo, pequeños que sólo calman sus nervios haciendo calceta... 

Poco a poco, el trato de las cuidadoras españolas y de los profesores y curas polacos empieza a dar sus frutos. Barcelona les gusta y disfrutan de la playa y el sol. La vida se abre paso. Nunca olvidarán la noche del 24 de diciembre. Están todos juntos con la mirada fija en el firmamento, a la espera de que aparezca esa primera estrella que, en la tradición polaca, inaugura la Navidad. Muchos años después, ya casados y con hijos, seguirán telefoneando desde América, a la hora española, para felicitar la Nochebuena a la señora Wanda. 

Aunque la residencia Vallcarca era y sigue siendo un edificio señorial, su vida estuvo también marcada por el frío y la penuria. Es lo que se desprende de los escuetos informes que Wanda Tozer elaboraba periódicamente, dominando a duras penas su exasperación: "No hay leche en los desayunos por falta de fondos. (...) La rotación del personal, por impago, repercute en los niños. (...) La falta de ropa y mantas es acuciante. Sólo tienen vestiditos de percal y enferman a causa del frío. (...) El zapatero remendón rehúsa arreglar los zapatos por falta de pago". 

Sin embargo, el verdadero drama era el interrogante que consumía vorazmente a los niños cuando alcanzaban la adolescencia. "¿Quiénes son mis padres?". "¿Sabe si mi madre está viva?" Acostumbrada a resolver situaciones comprometidas -ablandaba los corazones de los comerciantes barceloneses o de los integrantes de la comunidad judía polaca y obtenía así dinero para las prendas de abrigo, útiles de aseo, incluso regalos de Navidad-, Wanda abordaba la depresión de los adolescentes invitándoles a merendar en su casa y tocando el piano para ellos. Con el tiempo, la red polaca APWR de localización de desaparecidos fue obteniendo resultados y comenzaron a llegar las primeras cartas de los familiares supervivientes: "Llevamos 10 años buscándote, vuelve a casa". El grupo fue poco a poco menguando. Siempre conducidos por Werner, el mayor, que nunca dejó de ejercer de padrecito responsable, los hermanos Wieczorek regresaron a Polonia. "Ya sólo queda un centenar. (...) Ela ha encontrado a su madre en Inglaterra, Mietek se va a Francia. (...) Ya sólo quedan 80", escribe Wanda Tozer y empieza a preguntarse qué puede hacer con los que quedan, adolescentes y jóvenes en su mayoría, que nadie reclama. Sabe que cada camastro desocupado es para ellos una nueva punzada, un agujero que amplía su vacío interior, un nubarrón que les ensombrece el futuro. 

La solución la encuentra en Estados Unidos, en la gran colonia polaca neoyorquina de Buffalo. Piensa que aunque los chicos están aprendiendo un oficio, siempre encontrarán más posibilidades en América que en la aislada España franquista que no logra sacudirse la pobreza. La despedida de Barcelona, camino de Madrid, camino de Lisboa, camino de América, el 6 julio de 1956, es desgarradora. Lloran desconsolados mientras cantan Rozproszone polskie dzieci, la canción de "los niños polacos desperdigados". 

Meses y años después, algunos todavía reprocharán con amargura a Wanda Tozer el haberles arrancado de España. "Barcelona es nuestro paraíso perdido", resume hoy Aleksandra Gruzinska. Lo repiten todos aquellos niños robados que, desde Buffalo, Arizona, Virginia, California, o Queensland (Australia), aceptaron el envite de EL PAÍS de rebuscar en la memoria a riesgo de alborotar sus corazones. Sí, Barcelona es la palabra mágica, la puerta que cerró el infierno de su traumatizada infancia y les devolvió la sonrisa. 

Todos y cada uno de ellos tienen un relato extraordinario que no cabe en las páginas de un periódico. Fijémonos tan sólo en aquella chica rubia, de ojos azules, Teresa Lindner, que estaba prometida a un estudiante español de Ingenieros. Vive en Manassas (Virginia, Estados Unidos), se casó y ahora se llama Teresa Gilbert, tiene tres hijos y dos nietos. No ha vuelto a Polonia. "¿Para qué volver si no sé dónde buscar? Mi drama es que nunca he conocido mis apellidos. Los alemanes me sacaron de casa cuando debía tener cuatro o cinco años, y a esa edad los padres no tienen más nombres que papá y mamá. Me pusieron el apellido Lindner y sé que en el primer orfanato estuve con mi hermana, que luego nos separaron y que ya no la he vuelto a ver. Creo que éramos gemelas, porque teníamos dos vestidos iguales con un lazo azul que mi madre nos ponía para ir a misa y nunca sabíamos muy bien cuál era de quién hasta que yo manché el mío con una manzana. Sé también que tenía un hermano, porque un día...". 

Aunque se había preparado anímicamente para este encuentro, Teresa Gilbert estalla en sollozos, pero prosigue con voz entrecortada. "Porque un día, poco antes de que llegaran los alemanes, estuve a punto de cortarle un dedo a mi hermano pequeño, y mi madre se enfadó muchísimo. Me pegó y me dijo que cómo podía estar haciendo diabluras con mi padre muriéndose. 'Reza para que tu padre no se muera', fueron sus palabras". Teresa recuerda que una vez fue a verlas al orfanato y se despidió diciendo que volvería "muy pronto". 

Terminó en Austria, en manos de una familia de habla alemana. "Aquella mujer [Teresa Lindner no utiliza la expresión 'madre adoptiva'] vino una mañana a buscarme al colegio. Me asusté y pensé que me iban a castigar, pero por el camino me contó que habían llegado a casa unos militares y que tenía que responderles a todo 'no sé, no sé', en alemán. No podía hacer otra cosa porque ya no sabía hablar polaco, pero como me parecieron simpáticos y me ofrecieron una chocolatina, terminé yéndome con ellos. Acabé en el campo de refugiados de Salzburgo, donde había muchos niños de todas partes. Fue muy duro. Al final nos llevaron a Italia y de ahí embarcamos rumbo a Barcelona. Vallcarca es la residencia más hermosa que he visto en mi vida". Le pregunto qué pasó con aquel novio español y me dice que rompieron cuando ella empezó a trabajar en Estados Unidos, pero que volvió a verlo 20 años más tarde y que él todavía debe guardar algún objeto suyo. 

Tampoco Maxsymiljan Jadoch sabe cuál es su verdadero apellido, sólo que las razones por las que le borraron su nombre pueden ser diferentes a las que intervinieron en el caso de Teresa. No tiene recuerdos anteriores a los de su vida en el orfanato de Silesia, pero nunca olvidó que una mujer que le visitaba de vez en cuando le había dicho que iría a buscarle cuando acabara la guerra. "En Barcelona, odié a esa mujer con todas mis fuerzas", dice. "Viví la adolescencia angustiado ante el futuro, torturándome con las preguntas: ¿Dónde están mis padres?, ¿quién soy yo? Él sí encontró a su supuesta madre, una mujer suiza que todavía vive, aunque mejor cabría decir que lo que Maxsymiljan (Max) encontró fue un fantasma. Hace 22 años", prosigue, "recibí una carta de la Cruz Roja alemana con el mensaje de que había una persona que me buscaba. Dos semanas más tarde me llegó el telegrama de una mujer que decía que me había cuidado en el orfanato y que quería verme. Fui a visitarla a Alemania, pero esa bruja no quiso contarme la verdad. Tenía miedo a que se airease el pasado y ni siquiera quiso admitir que era mi madre. Sólo me dijo que me habían cambiado el apellido y que jamás conocería a mi padre. Sé que ella tuvo un hijo con un alemán, y que ese hijo, Hans, se me parece extraordinariamente. No volveré a verla hasta que me diga quién soy". 

Max sigue sintiéndose extranjero en Estados Unidos, y eso que vive allí desde hace 52 años y que se ha casado y tiene dos hijos. Dice que él pertenece a Europa, a Barcelona. "Sólo con oír la palabra Barcelona se me desatan todas las emociones, porque allí pasé los mejores años de mi vida después de mi calvario por Checoslovaquia y Austria. "¿Sabe que tuve una novia catalana?" Y este hombre de 72 años cita de corrido el nombre, los dos apellidos y la dirección exacta de aquel primer amor. También Josef Szpaczkek, que vive en Queensland (Australia), recuerda a "aquella chica preciosa", Antoñita, de Pamplona, que conoció en el sanatorio en el que estuvo hospitalizado. "Decidí perfeccionar mi español para poder seducirla, pero nos llevaron a América". 

Al contrario que otros niños robados que optaron por negarse a mirar el pasado, para que la herida no siguiera sangrando, para que la memoria quedara sepultada bajo una losa de olvido tan pesada que ya no pudiera aflorar en la conciencia, Eric Plocica, que ahora reside en Venice (California) ha buscado y continúa buscando respuesta a sus interrogantes. Ha reconstruido el tortuoso y penoso camino que siguió desde su orfanato en Bielsko (Alta Silesia) hasta Barcelona, ha comprobado fechas, ciudades y países, ha anotado los bombardeos que sufrieron cuando los niños y sus guardianes escapaban de los rusos. Tampoco le ha negado a su cerebro las barbaridades que sus ojos de niño contemplaron. "Los niños eran un tesoro nacional y los alemanes hicieron lo imposible para que no pasáramos a manos de los rusos, hasta que un día, al despertarnos, vimos que nuestros cuidadores habían desaparecido". Enrolado en la Marina norteamericana, Eric aprovechó siempre los atraques de la VI flota en los puertos españoles para visitar a la "señora Wanda" y rememorar su estancia en Vallcarca. "Al llegar a Barcelona supe que había salvado la vida. No me siento americano al cien por cien, soy más español que otra cosa, y aunque España se ha americanizado bastante, me encanta el temperamento, el ambiente, el idioma [habla un buen español], la comida, el sol. Eso fue mi patria". 

Eric prefiere no hablar de sus primeros recuerdos. Sólo dice que su caso es más triste que el de otros y que, además, tampoco sabe muy bien lo que pasó. "Yo no tenía familia". ¿Y cómo afecta a la personalidad una infancia tan dura?, le pregunto. Responde que los niños se adaptan mejor que los adultos. "Nunca nos faltaron las lágrimas y siempre nos acompañó el miedo a perder la vida, pero, no sé si por inconsciencia o por qué, confiábamos más que los mayores en poder sobrevivir". Sobrevivieron, y aprendieron pronto a valorar lo que verdaderamente cuenta en la vida, tras haber conocido las entrañas del infierno humano. Ellos saben de qué pasta sucia está hecha la humanidad. Que los niños sin nombre de Barcelona, heridos de guerra, encuentren sosiego en la fraternidad universal y en el reconocimiento de quienes conocen su historia. - 

C. A. 12-05-2008 Comenta esta noticia ( indica en el titulo de que noticia estas hablando)

 

Salud: Crean una nueva terapia contra el Sida

 

Profesionales del Conicet y de la Universidad de Buenos Aires identificaron un nuevo mecanismo a través del cual el HIV puede modular la sobrevida de células que forman parte de nuestro sistema inmunológico 

InfoBae-. Esto permitiría alcanzar el desarrollo de nuevas estrategias terapéuticas y así abrir un camino para la futura eliminación del HIV del organismo. 

Durante la infección del virus HIV hay una progresiva disminución de células del sistema inmune causada por un aumento de la muerte celular, lo cual desencandena una inmunodeficiencia, característica de la etapa Sida (síndrome de inmunodeficiencia adquirida). 

Se sabe que la mayoría de los linfocitos que se mueren durante la infección no están infectados. Estas células son células vecinas ("bystander cells") a las células infectadas, las que inducen la muerte (apoptosis) a las primeras por distintos mecanismos moleculares, que están alterados por la presencia del virus. Las células que están recientemente infectadas (infección aguda) también son eliminadas por efecto directo de la multiplicación viral. 

Sin embargo, algunas de estas células logran sobrevivir, y encontrar un nuevo estado de equilibrio entre la célula y el virus. Estas células generalmente son macrófagos, células T de memoria o células T de reposo, y pueden producir virus activamente (infección persistente) o la producción viral que hasta ese momento se encuentra "apagada" puede ser inducida por algún cambio molecular (infección latente). 

Con las drogas retrovirales existentes, el famoso cocktail, se logra eliminar la mayor parte del virus replicando en linfocitos activados, pero siempre quedan células reservorios cuya replicación es más lenta y el virus no es alcanzado tan fácilmente por los retrovirales. 

En este trabajo, se utilizaron células de cultivo (líneas celulares) que representan linfocitos y macrófagos persistentemente infectados con HIV-1. "Observamos que estas células eran más resistentes a morirse ante determinados estímulos que las células equivalentes no infectadas, por lo que los resultados presentados en este estudio indican que la resistencia a morir en una células infectada es independiente de la cantidad de virus producido", explica la doctora Liliana Martínez Peralta investigadora del Conicet. 

Estas observaciones permitirían explicar el fenómeno de supervivencia tanto en las células con infección persistente como con infección latente. En este caso, la presencia del virus altera los mecanismos normales de apoptosis, a nivel de la mitocondria - organela de la célula para la producción de energía. 

En conclusión, las células persistentemente infectadas son resistentes a la apoptosis, independientemente de la magnitud de la producción viral. La supervivencia de reservorios virales es el principal problema a la hora de pensar la erradicación del HIV en los pacientes. 

Sin duda, una mejor comprensión de los mecanismos moleculares implicados en la resistencia a la apoptosis en estas células es fundamental en función del desarrollo de nuevas estrategias terapéuticas que contribuyan con una posible erradicación del virus. 

Más datos sobre el trabajo

Este trabajo fue liderado por la doctora Liliana Martinez Peralta y realizado fundamentalmente por el licenciado Nicolás Fernández Larrosa (becario de Conicet, constituyendo gran parte de su tesis doctoral), en el Centro Nacional de Referencia para el Sida (CNRS), de la Facultad de Medicina de la UBA.

Además colaboraron con el trabajo los doctores Gabriel Rabinovich, Diego Croci (del laboratorio de inmunopatología del Ibyme), Susana E. Mersich y Diego A Riva (del Laboratorio de Virología, de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA), más la colaboración invalorable en técnicas de citometría de flujo de Mariel Bibini, Renata Luzzi y Monica Saracco (del CNRS). 

Fue financiado fundamentalmente por subsidios de la Universidad de Buenos Aires, del Conicet, y de la Agencia de Promoción Científica y Tecnológica.

C. A. 12-05-2008 Comenta esta noticia ( indica en el titulo de que noticia estas hablando)

 

 

 

 
Ciencia: ¿El secreto de la longevidad?

 

La clave para vivir una larga vida quizás no está en los genes, sino en el uso que les damos. 

BBC-. Durante mucho tiempo la ciencia ha estado buscando, sin demasiado éxito, al gen -o genes- que pudieran ser responsables de la longevidad del ser humano.

En un nuevo estudio sobre la salud de una de las personas más viejas del mundo -un español que murió recientemente a los 114 años- los científicos no lograron encontrar modificaciones genéticas que hubieran contribuido a esa larga vida.

Lo que sí encontraron, sin embargo, fue que el hombre -que gozó hasta la muerte de una excelente salud- vivió una vida sana en un clima templado, sin estrés, se alimentó con una dieta mediterránea, y mantuvo una actividad física con regularidad.

"Este hombre tenía dos hermanastros también de más de cien años", dijo a BBC Ciencia la profesora Susana Balcells, del Departamento de Genética de la Universidad de Barcelona, y una de las autoras del estudio.

"Era un caso muy llamativo y como genetistas quisimos investigador si había genes que hacían a esta familia longeva", explica.

Salud ósea

Los investigadores, especializados en genética de la osteoporosis, basaron su estudio en la teoría de que la longevidad de esos individuos se debía a su buena salud ósea.

El hombre de 114 años tenía huesos en excelentes condiciones, su masa ósea era normal, no tenía curvaturas anómalas y nunca había sufrido una fractura.

"Sabemos que para mucha gente que llega a los 90 años, una fractura de cadera o fémur acelera su mortalidad", afirma la doctora Balcells.

"Por eso decidimos abordar el estudio por ambos lados -agrega- tanto la densidad ósea de estos centenarios, como los factores genéticos que pudieran estar contribuyendo a esa vida larga".

Hasta ahora, el único gen que se ha encontrado (en ratones) que se cree es responsable de una buena densidad ósea y por lo tanto buenos huesos, es el llamado gen KLOTHO.

"Estudiamos este gen en las muestras del hombre de 114 años, de su hermano de 101 años, de dos hijas de 81 y 77 años y de un sobrino de 85 años" explica Susana Balcells.

"Y no encontramos ninguna mutación ni nada que fuera espectacular o que, como genetistas, pudiéramos señalar como responsable de esa vida larga" agrega.

Tal como explican en Journal of Gerontology, (Revista de Gerontología)- los científicos tampoco encontraron mutaciones en el gen LRP5, que determina una masa ósea extremadamente alta.

Los "buenos" genes

Los científicos no descartan la posibilidad de que los miembros de esta familia puedan tener otras mutaciones genéticas -que hasta ahora no se conocen- que puedan explicar su longevidad.

"Cada vez están saliendo más estudios que descubren nuevos genes vinculados a la vida larga" dice la profesora Balcells.

"Por lo tanto seguimos investigando si estos centenarios pueden tener alguna variación genética que es la razón de su vida larga", agrega.

Lo que sí se puede afirmar -expresa la investigadora- es el hecho de la excelente salud de todos los miembros de esta familia.

Y en particular la del hombre de 114 años que hasta que cumplió 102 años seguía utilizando bicicleta y cuidando el huerto familiar.

"Tenía además una excelente salud mental" dice la profesora Balcells.

"Yo hablé con él y conversamos de política, de los teléfonos móviles, de su historia, de cuando fue alcalde del pueblo".

"Tenía un rango de memoria, una lucidez y un estado de ánimo que me impresionaron", señala la investigadora.

"Y recuerdo que me dijo: "mira chica, me sabe mal tenerlo que reconocer, pero a mí no me duele nada"".

El hombre y su familia nacieron y viven en un pequeño pueblo de la isla de Menorca.

Tal como señalan los investigadores, esto no significa que la longevidad está en el medio ambiente, porque si así fuera, ese pueblo de Menorca estaría lleno de centenarios.

La clave de la larga vida, afirman los expertos, debe estar en una combinación de ambos factores.

"A la gente a veces le cuesta trabajo entender que podemos tener "buenos genes", pero éstos dependerán del ambiente en que los hacemos jugar", afirma la genetista.

"Así que sin duda esta familia de centenarios goza de una buena genética y claramente han vivido en un lugar ideal para sacar el mejor provecho de esos genes", agrega Susana Balcells.  

C. A. 12-05-2008 Comenta esta noticia ( indica en el titulo de que noticia estas hablando)

 

Cultura: Secretos psicológicos del arte de la seducción

 

Seducir. Embargar o cautivar el ánimo. Engañar con arte y maña. Atraer físicamente a alguien para obtener una relación sexual. El diccionario de la Real Academia se queda corto para explicar un arte que ha hecho Historia, con mayúsculas, y que aún trae de cabeza a los seres humanos. 

Mundo-. La psicóloga Alejandra Vallejo-Nájera, de una estirpe de psiquiatras, entre otros su padre, Juan Antonio Vallejo-Nájera, escarba, en su último libro 'Psicología de la seducción' (Espasa) en los secretos psicológicos de la facilidad de algunos individuos para atraer el apoyo automático de la gente, analizando los diferentes temperamentos de las personas seductoras, buscando cuáles son sus fines o hasta dónde llega el miedo al rechazo. 

"La seducción se relaciona con el éxito amoroso, pero no es sólo eso. Seducimos cada vez que nos comunicamos y logramos que la persona de enfrente se sienta atraída por nosotros. En ello hay una carga genética, porque hay personas más extrovertidas, que lo tienen más fácil, y otras menos. Pero también influye cómo fueron las primeras relaciones con padres, amigos, profesores. Hasta los introvertidos aprenden técnicas para salir adelante. Pero también hay quien disfruta de la introversión, y muchos son artistas, creadores que generan gran originalidad", argumenta la psicóloga. 

Vallejo-Nájera explica nueve diferentes tipos de seductores, según la clasificación que hizo el estadounidense Robert Greene. Explica que la cuestión está en averiguar cuál es el nuestro: "Es importante descubrir que es lo que nos hace más atractivos y para quién. Para seducir hay que hacer sentir valioso al que está enfrente, saber qué espera de la relación contigo, ya sea personal o laboral". 

Y reconoce que poner en práctica las técnicas adecuados es cansado porque "requiere prestar mucha atención al otro, satisfacer sus emociones, y un mundo de prisas, como el actual, no solemos pararnos a escuchar. Es más, en función del temperamento (melancólico, colérico, flemático o sanguino) así se reaccionará". 

Temperamentos seductores

Por ello aconseja evitar unir dos temperamentos iguales si se quiere triunfar en la relación. "Los pasivos necesitan la energía de los coléricos y nunca un flemático seducirá a otro, sería aburridísimo", asegura. 

Al margen de las tipologías, la psicóloga defiende que para seducir no hay que hablar mucho de sí mismo. "Ni siquiera los líderes lo hacen, suelen hablar de un bien común, de que tienen una visión, y nos hacen sentir importantes", argumenta. De hecho, la seducción comienza desde la cuna, el momento en el que el bebé debe seducir a los padres para que le cuiden. Primero llorando, luego, con sonrisas. 

En su libro incluye también unos 'tests' encaminados a descubrir qué tipo de personalidad es la que tenemos cada persona y, en función de cada una de ellas, cuál es la estrategia más acertada para seducir a terceros con éxito. Algunas de ellas son las siguientes: 

Afrodita. Desprende sensualidad, que ofrece a hombres serios, protectores. Desea seguridad y sentirse mimada. Su emotividad fluctúa entre la risa y el llanto. El seducido siente que se afianza su imagen de hombre sexualmente poderoso. Para seducirla se le debe ofrecer lealtad, seguridad y optimismo.

El vividor. Busca aventuras y ofrece una pasión desbordante a mujeres un poco inseguras y maternales. Para ello las agasaja con ardor. Es narcisista, pero con problemas de autoestima; por ello necesita admiración. Para conquistarle hay que admirarle y ayudarle a encauzar sus emociones.

El rescatador. Es el ángel que soluciona todos los problemas, ofreciendo ayuda y generosidad. Buscan personas caóticas, despistadas y con baja autoestima. Le motiva el sentirse indispensable. Para seducirles hay que admirar su ayuda y ayudarle a dedicarse tiempo a sí mismo.

El artista. Creativo y romántico, busca personas sensibles a la belleza, a las que impacta con su genialidad. Quiere sentirse especial y por ello hay que respetar su idealismo, valorando su autenticidad.

El cautivador. Alegre y de verbo ágil, es el rey de la empatía que busca personas rígidas y autoexigentes que precisan positivismo. Disfruta de la vida y para conquistarle hay que evitar mostrarse infeliz y no criticar a nadie.

El intelectual.. Ofrece sabiduría a cualquiera que quiera estímulos intelectuales. Son muy selectivos y dan a entender que no necesitan al otro. Para conquistarlos hay que respetar su espacio y soledad y no abrumarle con exigencias emocionales.

El encantador. Es el oasis de la tranquilidad y la afabilidad, del apoyo y la falta de pretensión, sobre todo con personas con problemas de estrés. El encantador no discute y alimenta la autoestima del contrario. Le motiva sentirse cómodo.

El líder. Para ser líder y seductor hay que tener carisma. Ofrece protección y decisión a personas que necesitan sentirse integradas en un grupo. Para ello muestra una gran seguridad y energía, motivado por el control y el dominio de su espacio y las personas que le rodean. El seducido deja la responsabilidad en sus manos y debe evitar el engaño, algo que no soporta un líder.

El divo. Es el estilo, el 'glamour' sin esfuerzo aparente, con el que atrapa a personas abrumadas por la rutina. El divo se muestra etéreo, insinuante y distante y busca la perfección. Para atraerle hay que animarle a no tratarse con tanta dureza, hacerle disfrutar con pequeños placeres de la vida imperfecta.

C. A. 12-05-2008 Comenta esta noticia ( indica en el titulo de que noticia estas hablando)

 

 

 

 
Curiosidades: Fans del "Chavo del ocho" piratean Web del Senado

 

El sitio de Internet del Senado mexicano amaneció este viernes intervenido por supuestos admiradores de Roberto Gómez Bolaños, padre del Chavo del Ocho, que desde "Argentina y Chile para el mundo" colgaron la fotografía de un personaje de la serie y consignas políticas. 

AFP-. "Un saludito para Roberto Gómez Bolaños que todavía lo veo todas las mañanas (es lo más grande que hay)", dice el mensaje que sustituye a la página de presentación habitual de la Cámara alta mexicana. La intervención del sitio www.senado.gob.mx fue recogida por algún medio electrónico en los primeros instantes de este viernes y a primeras horas de la mañana todavía no había sido resuelta por el Senado. 

Con una foto de la Chilindrina, uno de los personajes principales de 'El Chavo del Ocho', sobre fondo negro, los 'hackers' que se dicen "de Argentina & Chile para el mundo", lanzan una serie de proclamas referentes a la actualidad política de los tres países. 

El texto tiene consignas contra el presidente mexicano, Felipe Calderón, y la privatización de la petrolera estatal Pemex, y a favor del opositor izquierdista Andrés Manuel López Obrador. También condenan el nuevo sistema de transporte público de la capital chilena, el Transantiago, y apoyan a los agricultores argentinos, que mantienen un conflicto con su gobierno por un alza de impuestos a las exportaciones. 

C. A. 12-05-2008 Comenta esta noticia ( indica en el titulo de que noticia estas hablando)

  

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