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(Diario Digital Transexual; en La Red desde
el año 2.000)
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La soledad
y la pérdida de derechos patrimoniales acechan a gays y
lesbianas de la tercera edad. Las asociaciones denuncian que
las residencias están orientadas sólo a heterosexuales
Publico/Actualización
Diario Digital Transexual-.
Armand de
Fluvià, foto, uno de los históricos activistas gays de España,
considerado el primero en salir del armario públicamente,
reflexiona desde sus 78 años sobre cómo la creación de un
estereotipo homo coqueto, culto, consumista y, por supuesto,
joven hace olvidar a los gays que "todos llegamos a viejos".
Todos los
activistas coinciden: los problemas de los mayores
homosexuales han sido sistemáticamente postergados en la
agenda reivindicativa. La lucha por los derechos tampoco
escapa al culto a la juventud. "¿Quién ha oído hablar de gays
viejos? ¿Quién ha leído algo del tema? Nadie", lamenta Antonio
Ruiz, presidente de la Asociación de Ex Presos Sociales, que
nombra como uno de los principales problemas del colectivo su
frecuente falta de adaptación a las residencias de ancianos y
centros de día.
La vida de
una lesbiana, un gay, un transexual o un bisexual (LGTB) mayor
de 60 años difícilmente habrá sido un camino de rosas. El
Estado y la Iglesia los reprimieron y persiguieron con saña
durante el franquismo. La Ley de Vagos y Maleantes llevó a
cientos de ellos a prisión. Llegada la democracia, el sida
aguó la fiesta de la liberación sexual. Y aún hoy han de ver
cómo los resabios del nacionalcatolicismo empapan el discurso
sobre sexo y familia de parte de la derecha.
"Todos los
viejos son heterosexuales"
¿Está
recompensando la España de 2009 el esfuerzo de estas primeras
generaciones de homosexuales que han llegado a la vejez fuera
del armario? La respuesta de activistas, asociaciones y
mayores gays es un no rotundo. "La vejez está empujando a
muchos a regresar al armario", dice Antonio Ruiz.
Los
motivos son variados, pero el principal es que las residencias
y centros de día de mayores, públicos y privados, funcionan
"bajo la premisa de que todos los viejos son heterosexuales",
en palabras de Josep Vila, sociólogo de la Fundació Enllaç. Y
explica un caso elocuente: "Una de las ancianas de una pareja
de lesbianas que vivía en una residencia sufrió un deterioro
cognitivo. La otra mujer se vio en la tesitura de ni siquiera
poder entrar a verla, porque legalmente no era nada".
José
Benito Eres, presidente del Grup dAmics Gais, Lesbianes,
Transsexuals i Bisexuals denuncia además que "un alto
porcentaje" de las residencias están gestionadas por la
Iglesia, lo cual no contribuye a crear un clima de tolerancia.
Antonio Ruiz señala que "son pocos los que van a residencias,
con lo que están más expuestos a la soledad". "Y los que van,
suelen ocultar su sexualidad", añade.
Doble
discriminación
Un 16,6%
de la población total española, de unos 46 millones, es mayor
de 65 años. Es imposible saber cuántos homosexuales hay en ese
16,6%, pero no lo es comprender que sus dificultades añadidas
se extienden fuera de los muros de las residencias, creando
una doble discriminación. La falta de descendencia de la
mayoría, sumada a unas relaciones familiares frecuentemente
difíciles, reduce el abanico de posibles cuidadores cuando la
persona es dependiente.
Al no
haber constancia oficial de sus relaciones la ley del
matrimonio gay ha llegado tarde para ellos, pueden perder los
derechos patrimoniales cuando muere su compañero.
Integración
Pese al
desinterés de la mayoría de asociaciones, desde 2005 existe un
documento genérico de todos los colectivos que promueve una
"estrategia política inclusiva con los ancianos LGTB". La
forma de concretarla no está clara. Las Administraciones optan
por la transversalidad, en un planteamiento difícilmente
rebatible en el plano teórico, porque pretende no crear
espacios para gays, sino integrar y evitar guetos. Pero no es
tan simple.
¿Qué hacer
cuando son los propios colectivos homosexuales los que dicen
sentir como ajenos los espacios que el Estado dedica al
cuidado y al encuentro social de los mayores? La cuestión es
espinosa. Al respecto, José Benito Eres pone voz a una opinión
generalizada pero políticamente incorrecta que invita a la
reflexión: es frecuente que a los gays no les guste el fútbol
televisado, actividad que, junto al dominó, es parte
sustancial de la rutina de miles de centros de día y hogares
del jubilado.
Estados
Unidos, Alemania, Suecia, Dinamarca, Holanda y Canadá son los
países donde existen más proyectos orientados a homosexuales
mayores, tanto públicos como privados, según los colectivos.
Armand de Fluvià es abiertamente partidario de imitar a estos
países: "Mientras haya discriminación, deben existir
residencias para gays y lesbianas. En teoría no debería ser
así, pero la práctica...".
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C.
A. 09-11-2009
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