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Los vecinos se apenaban: era una muerte anunciada, entre ellos
hablaban cada mañana: “esta noche le han debido dar a base de
bien”, “un día de estos se lo cargan”…y así ocurrió. Ahora
que ya sabemos la sentencia, solo
sentimos
consternación por tanta putrefacción humana en la mente de
estas dos miserables.
Diario Digital Transexual/EP/Javier V*.
Le asesinaron salvajemente, de la manera más cruel y cobarde
posible, debilitándole, día a día, con reiteradas palizas;
debilitándole, día a día, despojándole de su mundo, amigos y
pertenencias; debilitándole, día a día, anulando su voluntad
Roberto tenía 26 años, moreno, de ojos expresivos; silencioso
en las reuniones, abierto con las personas. Fuerte, masculino,
tímido, sencillo y tranquilo.
Adoptado de pequeño. Algunos años antes había perdido a su
madre y apenas unos meses antes a su padre, quedándose su tía
como único apoyo familiar y viviendo solo en su piso de tres
habitaciones del barrio de Fuencarral. Acudía cada día a su
trabajo como conserje de una finca y algunos fines de semana,
siempre acompañado por amigos, salía por Chueca.
Roberto, cuando su trabajo se lo permitía, asistía a un grupo
de transexualidad masculina participando junto con su novia.
Tras conseguir su informe favorable comenzó ilusionado con la
terapia de reemplazo hormonal.
Roberto el 1 de septiembre de 2007 apareció asesinado en su
domicilio, completamente desnudo, sobre un colchón en el
suelo, sin sabanas, sin almohada, lleno de orina y heces; su
cuerpo, que apareció con claros síntomas de desnutrición,
estaba repleto de cardenales en distintas fases, abierta su
cara con heridas sin curar, su rostro desfigurado, y en su
frente se adivinaban golpes, uno de ellos acabó con su vida.
LA SENTENCIA
La Audiencia Provincial de Madrid ha condenado a 18 años y
9 meses de prisión a dos mujeres que humillaron, vejaron y
maltrataron a un transexual al que mataron de una paliza
después de que éste las hubiera acogido en su piso porque se
encontraban en situación de infravivienda.
La Sala considera probado que la víctima, Roberto G.O., quien
se identificaba como hombre y se hacía llamar Roberto, era
conocido de las dos condenadas, Dolores de los R.N. y su
pareja Ainhoa N.B., quienes vivían en una chabola en las
cercanías del parque sindical en Madrid.
Dolores pidió a Roberto que acogiera a la pareja durante un
tiempo en su piso, en el que convivieron los tres sólos desde
enero de 2007, cuando la pareja de Roberto abandonó la
vivienda.
"Aunque durante estos primeros meses de enero y febrero del
año 2006 la relación entre Dolores y Ainhoa era correcta,
Roberto, que era además, quien con sus propios ingresos
sufragaba todos los gastos de la casa, sin recibir
absolutamente nada de ellas, no deseaba que continuaran
viviendo en su domicilio porque las consideraba excesivamente
violentas y agresivas", señala la Sala.
Sin embargo, aunque Roberto les pidió que abandonaran la
vivienda, las acusadas continuaron allí y comenzaron a
presionarle, realizando todo una serie de "vejaciones" sin que
la víctima misma pudiera resistirse llegando incluso a
obligarle a firmar el 1 de mayo del 2007, en un cuaderno
escolar propiedad de Ainhoa, que "por voluntad propia
autorizaba a ambas a permanecer en su casa hasta que
consiguiesen su vivienda propia".
Una vez que se hicieron con el control de la situación, las
procesadas cambiaron la cerradura del piso, quedándose ambas
con las llaves y sin darle una copia a Roberto, se apoderaron
de su teléfono móvil contestando todas las llamadas que
recibía, no le permitieron salir nunca solo de la casa y
mantuvieron cerradas las persianas de la habitación en la que
dormía para evitar una posible comunicación con los vecinos de
la misma planta.
Tras una serie de coacciones que la Sala da por probadas,
Dolores y Ainhoa comenzaron a golpear con frecuencia a
Roberto, a imponerle castigos y humillaciones. "Toda esta
situación produjo en Concepción (Roberto) una degradación
física y psíquica que le mantenía prácticamente en un
aislamiento absoluto. Perdió aproximadamente 40 kilos desde
febrero del 2006 hasta el 1 de septiembre del 2007", recuerda
la Sala.
El juez da por hecho que la noche del 29 de agosto Dolores y
Ainhoa pegaron a Roberto "con tal brutalidad" que falleció la
madrugada del día 1 de septiembre del 2007 como consecuencia
de los golpes que le propinaron en la cabeza.
VEJACIONES Y TORTURAS
La autopsia realizada al cadáver determinó que se trata de una
muerte de etiología violenta y que la causa fundamental ha
sido una parada cardiorrespiratoria debido a un traumatismo
creneoencefálico. En este sentido, varios testigos relataron
que para castigar a Roberto la habían metido en la bañera
hundiéndole la cabeza debajo del agua hasta que se puso azul.
El desprecio con que las acusadas trataban a Roberto quedó
acreditado por las manifestaciones de los vecinos, que
relataron que oyeron peticiones de auxilio del transexual, así
como el apoderamiento de todas las cosas de valor que había en
el piso de su propiedad y el destrozo que efectuaron de
muebles y otros objetos materiales que fueron recogidos por un
pequeño camión que conducía una persona de etnia gitana.
Durante el juicio Dolores admitió las lesiones de Roberto
justificando que se las causaron unos cabezas rapadas en una
discoteca y que en las relaciones sexuales a ésta le gustaba
que "la dieran un poquito".
No obstante, el juez deduce que cuando Dolores y Ainhoa
golpearon brutalmente a la víctima no tenían el propósito
inmediato de matarla, pero asumieron y aceptaron la previsible
muerte. "Todos los datos que hemos incorporado en la
valoración de las pruebas desarrolladas nos indican cómo las
acusadas en los meses que transcurrieron desde aproximadamente
febrero o marzo hasta agosto y especialmente durante los tres
meses de verano doblegaron la voluntad de Roberto utilizando
contra el todo tipo de maltrato y especialmente en lo que
ahora nos referimos, golpes constantes en cuerpo, cabeza y
cara", agregó.
Además, que las acusadas a partir del mes de mayo
aproximadamente no le dejaban salir sola de su domicilio y que
cuando las dos acusadas salían juntas le dejaban encerrado,
que la habían quitado el teléfono móvil y cuando aún lo tenía,
eran ellas mismas quienes contestaban a sus llamadas, tanto en
ese teléfono móvil como en el fijo, dando constantes excusas
para que el mismo no pudiera ponerse al teléfono. Tampoco pudo
recibir visitas.
Asimismo, completaron este aislamiento físico arrancando los
tiradores de las persianas de la habitación que ocupaba
habitualmente Roberto para que siempre permanecieron bajadas y
en modo alguno pudiera Roberto intentar algún tipo de
comunicación con sus vecinos.
Por otro lado, también relatan humillaciones para violentar la
sexualidad de Roberto, con las que consistieron en obligarla a
dejarse grabar mientras que era depilada del bello masculino,
que el mismo había logrado incrementar como consecuencia del
tratamiento hormonal que había seguido y que era obligado a
vestir ropa femenina.
"A la vez y delante de ella les dijeron a los vecinos con tono
despectivo para justificar una indumentaria que jamás llevó
que últimamente le gustaban los hombres. Se jactaron también
las acusadas que si querían, podían prostituirla y obligarla a
una boda de connivencia", agregó.
"DILE QUE LA HAN PEGADO EN CALLE"
Por otro lado, entre las pruebas documentales aparecen varios
escritos en los que Roberto González autoriza la entrega de
1.200 euros a Dolores cuando cobre la herencia de su padre y
que le cede su vivienda con concepto de deuda, y otro en el
que dice "si te dice algo de la cara de Conchi, dile que la
han pegado en la calle por bocazas".
Por último, el fallo esgrime que en el mismo momento del
levantamiento del cadáver de Roberto, la preocupación de las
acusadas no era otra que la de saber si podían continuar
utilizando su piso.
Por todo ello, el tribunal condena a 15 años de prisión a
Dolores y Ainhoa por asesinato con dolo eventual, un año de
presión por un delito contra la integridad moral y por delito
de coacciones; un año y nueve meses de prisión y una de un año
de prisión por delito de extorsión.
LO QUE PASO EN EL JUICIO
Empezaron testificando las presuntas asesinas:
Dolores de los R., es una mujer de apariencia muy masculina,
alta, gruesa, lleva su cabeza rapada, el pantalón vaquero
metido por las botas militares. De modales bruscos, inculta,
de etnia gitana. Hasta llegar a la casa de Roberto vivía de la
venta de chatarra. Confesó que fue su amiga hacia algún tiempo
y haber compartido con él, incluso, su ropa, por eso,
recuperar un pantalón fue la excusa perfecta para volver a
contactar con quien sería –presuntamente- en solo unos meses,
su víctima. Esa antigua amistad y la precaria situación en la
que vivía, junto con Ainhoa, en una chabola fue lo que
probablemente motivó a Roberto a recogerlas en su casa.
Aseguró en su declaración que ambas se encargaban del cuidado
de la salud de Roberto, de alimentarle, y de curar sus heridas
cuando venía de recibir drogado palizas en la calle. Llegando
incluso a decir que le apreciaba mucho. Sin embargo, uno
de los últimos días que se les pudo ver juntos ésta amagaba un
gesto de darle un puñetazo en la cara mientras decía “si es
que dan ganas de darle en esa cara de gilipollas que tiene”.
Ella declaraba que en la casa y en la vida de las tres todo
eran risas y diversión. Que lo golpes que podrían oírse eran
debidos a las discusiones entre Ainhoa y ella.
Contó como en una ocasión se apostó con Roberto a ver quien
daba antes un beso a un chico y que ella ganó, pudiendo así
grabar a Roberto, completamente desnudo, mientras Ainhoa le
depilaba el cuerpo, asegurando que él había participado
divertido en dicha celebración. Demostró una ignorancia
absoluta en identidad de género y orientación sexual
intentando convencer a la sala de como Roberto al haberse
encaprichado de un chico decidió salir con ellas a la calle
vestido con un suéter rosa, una minifalda vaquera y unos
zapatos de tacón de cuña….
Igual que Ainoa, foto segunda superior izquierda, reconoció su
firma en todos los documentos incriminatorios.
En el primero de ellos firmaron que la pareja tenía derecho a
vivir en casa de Roberto, en la 2ª, él se comprometía a
pagarle a Dolores 1200 € del dinero obtenido en herencia por
la muerte de su padre. Y en el 3º y último Roberto hacia,
finalmente, la cesión “voluntaria” de su vivienda a ambas.
Contaron que la intención de dichos documentos era “proteger a
Roberto” porque se llevaba muy mal con su tía, y ésta quería
quitarle todo.
Según su testimonio, las heridas y moratones del rostro y
cuerpo de Roberto fueron debidos, entre otros, porque se
ensañaron con él un grupo de Skins en plena calle, de esta
supuesta agresión no hay un solo testigo ni tampoco denuncia.
En otra ocasión dijo haberse visto involucrado en una pelea a
las puertas de la discoteca “Mito” en Chueca, en la que contó
que incluso los porteros participaron echándole, sin embargo,
las posteriores declaraciones del responsable, la RRPP y
el portero del local dejaron en evidencia a la presunta
homicida. Recordándole perfectamente, principalmente la
Relaciones Publicas, que le describió como un tipo atento,
cariñoso, y que nunca dejaba de saludarla.
Continuó contando que recibió también golpes jugando con el
hermano adolescente de una vecina, y rematando la declaración
recalcó supuestas prácticas sexuales de Roberto de índole
sadomasoquista con una mujer llamada Ana, politoxicómana,
que la policía descubrió tras muchas pesquisas que era la
antigua vecina de chabola de la pareja. Y que en su
declaración en la comisaría, antes de morir, dijo no conocer
ni haber visto nunca a Roberto pero sí reconoció su
relación con Ainhoa y Dolores.
Todas estas afirmaciones para intentar justificar el estado en
el que se encontró el cadáver de Roberto.
Aseguraron que él había confesado guardar malos recuerdos en
la casa y quería desprenderse de todo, y que empezó a romper y
a tirar los muebles, incluso por las ventanas, y que nunca
habían visto, ni sabían nada de objetos de valor. Que las
joyas que vendió por 400€ pertenecían a su propia familia
Ainhoa N. es una chica menuda, de fuerte carácter, fría,
aparentemente la más inteligente.
Comenzó contando ante el tribunal que conoció a Roberto poco
antes de irse a vivir a su casa. Dijo dedicarse al cuidado de
niños, y obtener ayuda y dinero de sus amigos todos los
meses.
Reconoció que los documentos firmados por los tres eran de su
puño y letra al igual que el párrafo escrito en un folio del
mismo cuaderno en el que puede leerse: ”si te preguntan porque
tiene la cara así di que le han pegado por bocazas.”
Añadió a todo lo que contó Dolores, que además Roberto “se
golpeaba la cabeza solo” cuando se enfadaba.
A pesar de todo, en un principio no se consideró la muerte
como homicidio violento puesto que las amigas con quien
convivía testificaron su carácter agresivo, y su estado de
drogodependencia. Pero al buscar más testimonios entre los
vecinos y gente allegada descubrieron que este perfil de
Roberto no coincidía en absoluto con su verdadera
personalidad. Eso hizo sospechar al agente encargado del caso,
que finalmente dio orden de arrestar a las amigas, a las que
recordaba cómo fría; descaradamente, el mismo día que se
descubrió su muerte, preguntaban qué ocurriría con la casa.
Entre los testimonios más importantes está el de Sonia y
Paola, dos muy buenas amigas de Roberto. Ellas empezaron a
percatarse pronto de la situación de pérdida de libertad de
Roberto e intentaron hablar con él, acudiendo a su domicilio,
pero, en vez de bajar su amigo, fue la pareja quien lo hizo,
teniendo un altercado en el que Dolores llegó a sacar un
cúter, y a salir corriendo tras ellas con intención de
agredirlas. A pesar de todo, intentaron un acercamiento para
ayudar a su amigo, pero apenas aguantaron la situación tres
semanas. Durante ese tiempo fueron testigos de cómo minaban su
voluntad, y limitaban su libertad. Aseguraron que tenía
expuesto en un mueble una colección de relojes de su padre,
también guardaba sellos, abrigos de pieles y una pequeña
cantidad de joyas de herencia, todos estos objetos, a los que
tenía gran aprecio no se encontraron en el domicilio. Con el
tiempo su amigo dejó de estar al alcance, el teléfono fijo de
casa estaba sin línea, el móvil de Roberto solo estaba
operativo cuando lo tenían manos ajenas, las persianas de su
habitación tenia las cintas cortadas, y nunca más volvieron a
ser subidas.
Ellas aseguraron haber visto la grabación de teléfono móvil en
la que podía verse a Roberto depilado por la pareja, pero,
aseguraban, que no había diversión alguna si no que resultaba
vejatorio y que él estaba coaccionado, forzado y humillado,
intentando en todo momento tapar su desnudez. Como
certificaron su terapeuta sexual y su psicólogo, era muy poco
probable que, como hombre transexual que era, participara o se
mostrara voluntariamente desnudo ante nadie.
También habían estado presentes el día que Dolores, relató con
detalle cómo había introducido a Roberto en la bañera bajo el
agua, manteniendo su cabeza sumergida y solo le sacó al ver
que se ponía azul.
Su amigo en rara ocasión daba una calada a un porro cuando
ellas se lo ofrecían, y sabían, por él, que en una ocasión
remota había probado la cocaína, pero esa era la única
relación con la droga que había tenido, muy lejos de la imagen
de drogodependiente que se quería dar de él por parte de las
acusadas. En su sangre solo se encontró una pequeña dosis
terapéutica de Valium, posiblemente para silenciar sus
quejidos.
La gran mayoría de los vecinos le conocían desde pequeño, le
vieron crecer, le recordaban como una persona bondadosa,
agradable, describiéndole como alguien generoso, inocente,
desprendido, sumiso y alegre, al que nunca habían visto en
estado de embriaguez, con marca alguna de peleas, ni metido en
altercados de ningún tipo; ayudaba a subir las bolsas, jugaba
en el parque con los niños, paseaba a su perro, saludaba y
charlaba con todos mostrándose respetuoso y amable. Ese
Roberto se fue apagando, convirtiéndose en alguien silencioso,
triste, cabizbajo, aislado, continuamente vigilado y
acompañado. Siempre con la cara marcada.
En esa casa nunca hubo que quejarse por ruidos o escándalos.
Pero tras la aparición de la pareja se produjo un cambio
radical, y aunque los primeros meses parecía estar todo en
armonía, algo escandalosa, con portazos y duchas de madrugada,
al transcurrir el tiempo los gritos, carreras y grandes golpes
tomaron el protagonismo. Varios vecinos habían sufrido
amenazas o habían tenido altercados con la pareja y todos
testificaron con ellas ocultas tras un biombo por protección.
Dejó de ir a su trabajo. Dejaron de verle salir solo a la
calle, siempre acompañado por al menos una de las presuntas
homicidas, que incluso le escoltaban habitualmente hasta el
cajero automático para extraer el dinero de su tarjeta.
Cambiaron la cerradura de la puerta, anulando así las copias
de su vecina y de su tía. La llave nueva solo la tenía
Dolores, cerrando la puerta a cada salida, dejando en el
interior a Roberto.
Las palizas se convirtieron en algo habitual cada noche, y 48
horas antes de fallecer le escucharon claramente entre
susurros decir: “por favor, no me peguéis mas”.
Varias veces acudió la policía a petición del vecindario,
nadie vio las palizas, pero muchos las oyeron; cuando
llegaban los agentes nadie les abría la puerta; solo en
una ocasión ocurrió y pudieron verle completamente
desfigurado, con sus ojos cerrados por los golpes, tapando su
desnudez con un albornoz, delgado hasta el extremo. Al
preguntar qué le pasaba sólo fue capaz de bajar la cabeza,
siendo Ainhoa y Dolores quienes hablaron nuevamente por él y
contaron una de sus innumerables palizas en la calle…
La tía de Roberto, además de testificar, se presentó como
acusación particular.
Señaló que, desgraciadamente desconocía la situación de su
sobrino, y que, de haberlo sabido, nunca hubiera ocurrido ya
que ella misma las habría sacado del domicilio.
Recordó, con cariño, la última vez que le vió, fueron juntos a
comer, ella le invitó animándole a que viniera con su ex
pareja, a la que apreciaba y con la que sabía que seguía
uniéndole una buena amistad; él contándole sus cosas llegó a
confesarle que quería echar a sus compañeras de piso y tenía
que pensar cómo hacerlo, pero en posteriores conversaciones
cuando ella le preguntaba, preocupada, él dijo estar todo
bien.
Le recordaba contento por el comienzo de su tratamiento
de reemplazo hormonal y explicó que ella se encontraba en la
fase de aprender a tratarle en masculino pero que aun
le costaba acostumbrarse, aunque reconocía que siempre había
sido viril y que en toda su vida apenas en tres o cuatro
ocasiones le había visto con ropa femenina, contando el
bautizo, y otra donde él lo hizo a petición de ella. Quería a
su sobrino, sorprendiéndose ante las preguntas de desencuentro
entre ambos y le entristecía, como no podía ser de otra
manera, no haber podido hacer nada por evitar la irracional y
brutal muerte de su sobrino.
El piso de Roberto estuvo puesto a la venta, acudieron los
tres a una agencia de Tecnocasa, donde él no mostró ningún
interés por la transacción, ni siquiera recogió el dinero de
la señal que un comprador hizo, quedándose el dinero en las
manos de Ainhoa. Los muebles acabaron en la calle, donde un
camión con personas de etnia gitana les retiró.
Hubo un momento en el que Roberto dejo de comer, o quizá no
tenía nada que llevarse a la boca.
Perdió 40 Kg en apenas un mes.
Roberto, mientras le rompían por fuera, se iba rompiendo por
dentro. Por todas esas heridas la vida se le fue escapando a
chorros.
Además de los innumerables golpes dibujados en su cuerpo,
los forenses encontraron lesión pulmonar y cardiaca, y una
hemorragia cerebral ocasionada como minino por dos
traumatismos craneoencefálicos que le hicieron agonizar entre
uno y tres días. Quizá la noche que se le
escuchó suplicar fue la que recibió el golpe definitivo.
Aun en ese estado, si hubiera recibido la asistencia médica
que le negaron habría sobrevivido.
Tanto la fiscalía como la acusación particular en sus
conclusiones le trataron en masculino, con todo respeto, y
como homenaje según confesó la abogada.
Piden 25 años de condena por coacción, extorsión, homicidio y
asesinato; la defensa libre absolución por falta de pruebas.
Después de vivir la amarga experiencia del juicio, no llego a
entender desde cuando es el asesinado y no aquel quien tiene
en tela de juicio si sus manos están limpias o llenas de
sangre quien se ve obligado a demostrar si su naturaleza es
agresiva o si consumía droga. Nadie les preguntó a ellas.
No hay justificación para esta muerte. Ni consuelo para
quienes te conocimos y te recordamos. Ni excusa para el
olvido. Fuiste mi compañero, acudiste a charlas donde
poníamos fotos de Brandon Teena, símbolo FTM, ejemplo de
barbarie, ignorancia y Transfóbia, ahora tu nombre podría
ocupar su lugar.
Descansa Roberto.
*Javier V. / Activista y miembro desde 1994 en AET
“Transexualia” y Fundador en 2003 del foro y la asociación “El
Hombre Transexual”
REDACCIÓN
WEB
Hay cosas que dan vergüenza
ajena, y a
veces hasta
propia. La agonía y martirio que sufrió Roberto -fotografía
izquierda- hasta su muerte, es muy difícil de plasmar en
palabras. Javier V. -Fundador del Colectivo El Hombre
Transexual de Madrid- ha querido redactar para el Diario
Digital Transexual a modo de homenaje y denuncia publica, lo
que fue la vida y hasta angustia final de este hombre
transexual. Sin duda alguna el "Brandon Teena español". No
necesitamos irnos a Estados Unidos para tener referencias de
las barbaries en crímenes de odio. Tenemos un referente
español en una mujer transexual, el desgraciado caso de Sonia
Rescalvo, en Barcelona, que cada año recordamos.
Redacción Diario Digital
Transexual-. Si nos arropamos de la dignidad que viste por
los pies, sin duda alguna Roberto deberá de ser el homologo de
Sonia en los hombres transexuales, y no pasar de puntillas
alrededor del horror. Estos lamentables casos deberán de ser
referentes para recordar que los crímenes de odio por
identidad de genero están presentes en la España de los
derechos y avances sociales, donde aun quedan incrustadas
lacaras que hay que erradicar, desde la pedagógica,
información y visibilización de las personas transexuales.
Olvidar nunca, el muerto al
hoyo y el vivo al bollo, jamás. Porque si no estaremos
condenados a repetir las historias, siendo nosotros mismos los
que aparezcamos en alguna nota de prensa con tratamientos
indignos como hemos podido ver en estas ultimas semanas con
ROBERTO, un hombre que siempre fue hombre, incluso en las
sucias manos de quienes le torturaron y asesinaron vilmente.
Carla
Antonelli
| Este Diario es un PERIÓDICO
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C.
A. 07-04-2010
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