|
“EL
ORDEN DE OPRESIÓN MATERIAL TIENE MUCHO QUE VER CON LA OPRESIÓN
SEXUAL”:
RaizDiversidadSexual/Por Manuel Herrera-. Alejandra Sardá
es activista LGBT, hasta hace poco trabajó para IGLHRC en Argentina,
y hoy estrena un nuevo proyecto llamado “Mulabi”, con el objetivo de
seguir animando los activismos LGBT contra la discriminación y la
homofobia en América Latina.
Manuel Herrera, entrevistó a Sardá, foto, con motivo de la
presentación en México del informe “La invisibilidad aseguraba el
puchero. Lesbianas y discriminación laboral en Colombia, Bolivia,
Brasil, Honduras y México”.
Se trata de una publicación que “contribuye a una mejor comprensión
de la diferencia sexual como tema político a través de una análisis
integral –estadístico, legal, testimonial- de la discriminación a
las mujeres lesbianas en el mercado laboral”, dice Ana Falú,
directora regional para el área Mercosur del Programa UNIFEM de las
Naciones Unidas. En RDS, saludamos tan necesario y oportuno
informe, pues nos permitirá afianzar la lucha LGBT por el respeto
integral de los derechos humanos, desde los derechos económicos y
sociales.
Alejandra, tú has sido una de las integrantes del equipo de
investigación que elaboró este informe sobre la discriminación
laboral de lesbianas en América Latina... ¿Cuál es la principal
conclusión o resultado de esta investigación? ¿Qué nos confirma en
América Latina, algo que ya palpábamos desde hace rato?
Nos confirma algo que suponíamos, pero que nunca teníamos ni casos
concretos, ni cifras como para dar. Sí nos confirma, en este caso,
que [a] las mujeres lesbianas -que es a quienes estudiamos- se las
discrimina básicamente de dos formas diferentes. Una es expiándolas,
averiguando sobre su vida privada, cosa que ninguna empresa tendría
derecho a hacer, y cuando se confirma el hecho de su lesbianismo, se
las despide, o no se las promueve, o se las hostiga para que
renuncien. Y la otra forma de discriminación se da en la
contratación. Si cuando una mujer tiene “apariencia masculina” no se
la contrata, sobre todo si se trata de profesiones que se supone que
una debe exhibir cierta “moralidad”, caso típico la docencia.
También sucede en empresas así, de esas empresas de clase media que
les interesa mucho la imagen: estudios de abogados, vendedoras de
tienda. Directamente las mujeres “masculinas” no pasan el filtro. Y
hay un caso, por ejemplo, bastante sintomático de esto, en una
fábrica de puros en Honduras, donde a una chica la contrataron –ella
era de apariencia “masculina”- y le dijeron así, sin ningún empacho,
vergüenza, que la contrataban porque era para el área contable y no
se la iba a ver. Que si hubiera sido para un área donde se la veía,
nunca la hubieran contratado; como era para el área contable, nadie
la veía, la contrataron. Entonces, estas dos formas de
discriminación de las que nosotros siempre hablamos, bueno, ahora
tenemos abundancia de casos para probar que existen.
Dentro de esa abundancia de casos de discriminación, ¿el
informe se refiere únicamente a empresas privadas o también incluye
a las públicas o estatales?
Hay en ambas. Por ejemplo, aquí en México, a las oficinas públicas
es más fácil hacerles cumplir la ley que a las empresas privadas. A
la vez, a las empresas privadas, a veces, es más fácil
chantajearlas: El caso de Paulina [Millán] que estaba contando aquí
[en la presentación del informe]; es mucho más fácil chantajearlas
por el lado del escándalo, pero, en algunos países, no en todos.
Pero, por ejemplo, aquí en México, en el caso de funcionarias
públicas, hay un recurso muy concreto.
Me gustaría que resaltaras cómo ustedes llaman la atención sobre el
problema de la discriminación labora de lesbianas, ubicadas dentro
del marco de los Derechos Económicos, Sociales y Culturales (DESC),
porque a veces se cree que los derechos sexuales tienen nada que ver
con los derechos económicos y sociales. ¿Cómo percibes esa necesidad
de relacionar más estrechamente la lucha LGBT en Latinoamérica con
los DESC?
Yo creo que es fundamental. Esa fue una de las ideas principales por
la que hicimos esto, y no hicimos, por ejemplo, violencia en el
hogar u otras cosas que también suceden con las lesbianas. Pero,
nosotras, la verdad, estábamos muy cansadas de que nos dijeran
“bueno, las cuestiones de ustedes no tienen nada que ver con la
lucha”, y de ninguna manera, porque nosotras creemos que es claro
que tiene ver. Porque sabemos que el orden de opresión material
tiene mucho que ver con la opresión sexual, y que, por supuesto, si
vos sos de una clase económicamente privilegiada, tenéis formas de
negociar la discriminación que sufrís por preferencia sexual, que no
las tenéis si vos sos de una clase económicamente oprimida. Y
nosotras queríamos poner esto en primera fila. Una cosa que
lamentablemente todavía hay que decir, inclusive hay que decir a los
movimientos populares: hay lesbianas en las fábricas, hay lesbianas
en las maquilas. Y la vida de esa lesbiana en la maquila es mucho
más difícil que la vida de la lesbiana profesional independiente. Y,
entonces, el movimiento popular que está trabajando por la maquila
tiene que hacer un trabajo específico y visible por la lesbiana que
está en la maquila, porque es maquiladora y es lesbiana, entonces,
su situación es más vulnerada.
De allí se desprende la necesidad de trabajar este problema desde
los sindicatos. Y a propósito de la lucha contra la discriminación
en nuestra región, ¿cómo va el trabajo de los activismos LGBT que
buscan afianzar los temas de discriminación por orientación sexual e
identidad de género y su expresión dentro del anteproyecto de la
futura Convención Interamericana contra el Racismo y Todas las
Formas de Discriminación e Intolerancia?
Bueno, va muy bien. Estamos armando un grupo de trabajo, mi nuevo
proyecto que se llama “Mulabi”.
¿Qué significaría “Mulabi”?
No, “Mulabi” es una palabra inventada. Porque nosotros partimos de
la idea que, en realidad, todas las palabras son inventadas.
Entonces, nos dimos el lujo de construir una palabra. Y estamos
trabajando, seguimos con muy buenas relaciones con IGLHRC y con
otros grupos de la región, y el proyecto va muy bien, el proyecto de
la Convención Interamericana contra el Racismo... va muy bien.
¿Qué toca ahora a los activismos? ¿No querrá meter su cuchara alguna
iglesia?
La iglesia no tiene muchas posibilidades en ello. O sea, el
obstáculo grande en esto es Estados Unidos. Estados Unidos tiene una
larga historia en espacios interamericanos e internacionales,
siempre lo ha hecho con los derechos de las mujeres, con Beijing,
con Cairo, se quedan aislados. Y esto para nosotros de
América Latina es muy triste, pero utilizan como punta de lanza a
los gobiernos centroamericanos que dominan, caso Nicaragua.
Que son muy conservadores...
Por ejemplo, hace muy poquito se está tratando en Naciones Unidos
una Convención de los derechos de las personas con discapacidad.
Obligada por Estados Unidos, Nicaragua ha liderado la lucha para
eliminar los derechos sexuales y reproductivos de la Convención de
los derechos de las personas con discapacidad. Estamos esperando que
Estados Unidos haga lo mismo con esta convención. Pero el bloque
sudamericano está muy fuerte, está muy unido, Brasil está liderando
esto. Por el lado de orientación sexual creemos que no va a haber
ningún problema. Ahora, como me dijo a mí un diplomático brasileño,
“nosotros somos insaciables”. Y es verdad, tiene que ver con nuestra
preferencia sexual -eso es una broma-, y no nos alcanza orientación
sexual, porque nosotras no somos sólo gays, lesbianas y
bisexuales...
Eso es muy importante, pues muchos hemos apoyado las recomendaciones
de los activismos latinoamericanos para que el grupo de trabajo de
la OEA incluyera en el anteproyecto de “Convención Interamericana
contra el Racismo...” la “identidad de género” y la “expresión de
género”...
Claro. Porque nosotras somos travestis, somos transexuales, somos
personas intersex, y para nosotras no es negociable.
¿Y qué dicen en el grupo de trabajo de la OEA que elabora esta
Convención?
Bueno, nosotros les hemos presentado una recomendación avalada por
casi 400 organizaciones, no sólo LGBT, porque hemos tenido mucha
solidaridad de derechos humanos, de mujeres, de muchos grupos. Son
más de 400 organizaciones que han presentado una petición para que
se incluya identidad de género y expresión de género. Nos dicen que
son conceptos nuevos...
Como en los inicios, el concepto “género”...
Exactamente. Que no entienden. Entonces ahora estamos preparando un
dossier para explicarles de qué se trata. Nosotros vamos a luchar
por ésto hasta el final.
Sí, me parece bien. Nos queda mucho camino aún por recorrer...
Claro. Es largo el proceso. Ahora el 30 de setiembre termina el
plazo para mandar recomendaciones. A partir de allí, viene la
negociación. Que acá es donde van a jugar un papel muy importante
los activismos de cada país. Por eso, nosotros estamos preparando
este dossier, porque acá se trata que cada quien esté en su país o
donde esté, vaya a su cancillería, le haga saber que están al tanto,
pregunten cuál va a ser la postura del gobierno. Por ejemplo:
México, Perú, Uruguay, mi país Argentina, los países que ya tenemos
legislación antidiscriminatoria tenemos que decirle muy clarito a
nuestros gobiernos que “no pueden no defender en el plano
interamericano lo que ya han legislado en el plano nacional”.
Entonces, tenemos qué hacer a partir de septiembre. Calculamos que
la negociación puede tardar uno o dos años. Hay que hacer un trabajo
de seguimiento, así, nos tienen que odiar, nos tienen que escuchar
[ver] hasta en la sopa. El trabajo de monitoreo, de decirles:
“Bueno, ¿y ustedes qué postura tienen? ¿Hay algún documento?
Queremos verlo. ¿Qué han hecho? ¿Se han reunido?”. Bueno, en mi país
decimos “como perro de sulque”, así que un carrito que va por el
campo, y los perros y lo siguen y lo siguen y ladran. Esa es la
tarea.
El apoyo internacional de los activismos LGBT para esa iniciativa,
¿de dónde provienen, sólo de los países latinoamericanos?
Paradójicamente, lo que más nos costó, que tuvimos que hacer un
esfuerzo especial, fue conseguir adhesiones de Estados Unidos y
Canadá. Pero cuando hicimos el esfuerzo especial, porque de México a
Tierra del Fuego vinieron espontáneas. Las otras tuvimos que ir por
varios grupos, por supuesto en proporción, pero ésto tiene que ver
con que a ellos realmente el sistema interamericano les interesa
poco. Tiene que ver con eso.
Entonces, es muy importante la unión del bloque latinoamericano...
Claro, es más una cuestión geopolítica porque cuando les insistimos
–y les insistimos-, bueno, adhirieron. No porque no estuvieran de
acuerdo, claro que estaban de acuerdo; pero es porque el sistema
interamericano no les interesa.
En el continente, los latinoamericanos tenemos cosas más comunes...
Claro, eso es cierto. Yo he tenido realmente la felicidad como
activista feminista de ver al gobierno de Estados Unidos morir de
vergüenza en Cairo+10 y en Beijing+10, porque los gobiernos de la
región se pusieron muy firmes y dijeron: “perdón, pero los derechos
sexuales de las mujeres y sus derechos reproductivos son
innegociables”. Y esta gente se ha muerto, se han quedado solos. Y
yo creo que les va a pasar lo mismo, por lo menos con “orientación
sexual”.
Bien Alejandra Sardá, muchas gracias por tu atención.
No, gracias a ti.
Arriba con tu nuevo proyecto Mulabi.
¡Gracias! Y un abrazo muy grande para todas las amigas y amigos de
Raíz Diversidad Sexual
C.
A. 26-09-2006
Comenta esta noticia ( indica en el titulo de que noticia estas
hablando |