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Cada
mes, según cifras de organizaciones no gubernamentales, en México
son asesinadas 15 personas por homofóbia y transfóbia. La mayoría de
los casos quedan impunes, pues existe la tendencia de las
procuradurías a minimizar estas agresiones. Siendo
México segundo lugar del continente en asesinatos por
transfóbia y homofóbia
TerreLibere y
Web-.
El cadáver apareció tirado en el patio de
una vecindad de la colonia Santa María la Ribera del Distrito
Federal.
Desnudo, el cabello rapado a medias con tijeras y un rastrello, en
el lado derecho del tórax tenía escrito con plumón verde “soy puto y
qué”, mientras en la pierna derecha, cerca del glúteo, se leía, “lo
que quieras”.
Era
el cuerpo de Antonio de Jesús Ruiz García. Tenía 16 años de edad.
Sus vecinos de la calle Mariano Azuela, donde se encuentra la unidad
habitacional en que murió, lo recuerdan como un adolescente que
bebía y se drogaba en exceso, tanto que con frecuencia perdía la
ropa.
Quizá por eso el barrio se creía que el muchacho era homosexual y
aunque nadie se atrevió a señalar una relación de este tipo, quienes
pintaron en su cuerpo las leyendas homofóbicas no tuvieron dudas: en
muchas partes de nuestro país el color verde generalmente se asocia
a los hombres con preferencia sexual distinta.
De
acuerdo con la recomendación 7.14.2 del Alto Comisionado de las
Naciones Unidas para los Derechos Humanos, hasta 2000 se habían
cometido en México 213 crímenes de odio relacionados con la
orientación sexual de las víctimas, con lo cual el país ocupa el
segundo lugar en el continente en la estadística de este tipo de
agresiones. Pero la cifra podría ser mayor.
Arturo Díaz-Betancourt, coordinador de la Comisión Ciudadana contra
Crímenes de Odio por Homofóbia (CCCCOH), afirma que cada mes en
México se documentan tres asesinatos relacionados con la preferencia
sexual, y por cada uno de ellos existen cinco que se pierden en los
archivos judiciales al ser clasificados como homicidios comunes o
crímenes pasionales “que se cierran sin investigación”.
Cada
año, pues, 180 personas con preferencia sexual distinta serían
asesinadas en el país, cantidad que olvidan los opositores a la
campaña por la tolerancia sexual que la Secretaría de Salud pondrá
en marcha dentro de unos días. “La homofóbia es parte de la
cultura“, reconoce Díaz-Betancourt. “En esta sociedad matar a un
homosexual es aceptado“. La mayoría de las víctimas son hombres
entre 20 y 40 años de edad, aunque también se presentan casos de
menores como Antonio. Y de acuerdo con las estadísticas de la CCCCOH,
la incidencia más alta se presenta en la Ciudad de México donde,
paradójicamente, la Procuraduría General de la Justicia del Distrito
Federal (PGJDF) parece empeñada en negar su existencia.
El
año pasado la Comisión Ciudadana presentó ocho denuncias penales por
discriminación, ninguna de las cuales ha llegado a tribunales porque
el orden es, afirma Díaz-Betancourt, obligar a las víctimas a
negociar con los agresores.
“En
2004 querían que conciliáramos todos los casos”, denuncia. “No se da
seguimiento a las averiguaciones previas, los casos se cierran sin
mayor investigación”.
Tan
graves es la omisión del gobierno capitalino que en marzo próximo la
CCCCOH presentará una queja ante la Comisión Interamericana de
Derechos Humanos (CIDH) porque no se trata de hechos aislados. “Es
un patrón que se repite con frecuencia”, dice Arturo Díaz.
Así
ocurrió con la muerte de Antonio: dos semanas después (fue el 7 de
febrero pasado) la PGJDF no determina aún las causas reales del
deceso, pero en cambio se apresuró a descartar un crimen de odio.
El
informe del agente del Ministerio Público encargado del asunto,
Silvino Eduardo González López, establece que a unas horas de
levantado el cadáver se recabó el testimonio de dos niños quienes
manifestaron “que su amigo hoy occiso no tenía tendencias
homosexuales y que además tenía novia, por lo que se descarta algún
posible móvil de homofóbia”.
La
chica no ha sido localizada porque en Santa María la Ribera nadie la
conoce. Tampoco se sabe nada de las personas con quienes el muchacho
bebía la noche de su muerte, ni mucho menos se encontró a quienes
pintaron las leyendas en su cuerpo.
El
caso está virtualmente cerrado. Según el fical de la PGJDF en la
delegación Cuauhtémoc, Fernando López Vásquez, aunque el peritaje
forense no está concluido lo más posible es que Antonio de Jesús – a
quien se le encontraron 200 miligramos de alcohol en la sangre -,
murió de frío. Y las leyendas de carácter homofóbico son parte de un
juego cruel.
“Se
le pasaron los tragos, se puso mal, empezó a quitarse la ropa y
quienes estaban tomando con él proceden a pintarlo y lo dejan tirado
porque se durmió… Fue una broma muy pesada”.
Transexuales asesinadas
Elsa
murió porque le dispararon con balas de goma. No fue en la frontera
norte, donde el uso de estas municiones es regular en la “Border
patron”, sino en la esquina de San Antonio Abad y Alfredo Chavero,
colonia Obrera, Districo Federal.
Es
el sitio donde la joven trans de 28 años trabajaba como
sexoservidora. Una noche de 2001 un grupo de adolescentes a bordo de
autos BMW y Mercedes Benz agredieron a Elsa y otras travestis con
pistolas de gotcha (popular juego estadounidense en el que se
utilizan balas de goma o rellenas de pintura), como suelen hacerlo
desde hace cuatro años.
Elsa
se protegió la cara con las manos pero fue derribada por las
municiones que la pegaron el estómago y las piernas. Fue el
principio del fin, recuerda Alma Delia, líder de la Cooperativa
Angeles en Busca de la Libertad, que agrupa a decenas de travestís
que trabajan en las colonias Obrera y Merced. “Se acababa de poner
un implante en las nalgas y con la caída se le reventó. No se pudo
curar, al poco tiempo ya estaba muerta“.
La
Cooperativa denunció el ataque contra Elsa pero nada ocurrió. “Una
vez los policías alcanzaron a los mocosos pero los dejaron ir”,
cuenta Alma Delia.
Después del ataque, Elsa trabajó durante varias semanas para
costearse el tratamiento médico contra la infección creciente en su
cuerpo. Murió en el anonimato.
Las
agresiones con balas de goma a sexoservidoras se han vuelto bastante
frecuentes en la ciudad de México, y se suman a los huevos,
botellas, palos, cohetones y hasta balas que suelen recibir en una
jornada de trabajo en las calles.
Es
parte del riesgo, dice muy quieta Alma Delia mientras su compañera
de cuarto le aplica en el cabello un tinte entre anaranjado y
mostaza. “Esta, por ejemplo (señala a la improvisada estilista),
está bien asustada porque golpeó a un taxista que la quiso asaltar,
tiene miedo que regrese y la mate”.
-
Puede hacer eso?
-
Claro, hay mucha homofobia ( transfóbia ) en
la ciudad. Hace poco a una compañera que trabaja en Insurgentes y
Baja California le sacaron un ojo a golpes; pobre Nefis (se apellida
Tadeo), no ha podido completar para su prótesis, le cuesta trabajo
agarrar cliente.
La
agresión quedará impune porque los Angeles en Busca de la Libertad
ya se cansaron de presentar denuncias sin respuesta.
Y es
que además de Elsa, en los últimos tres años la Cooperativa ha
perdido a otros dos chicas asesinadas por homofóbia
( transfóbia ): Rubí, originaria de Morelos a quien
“atravesaron con una varilla en Coyoacán”, y a Mariposa, una
jalisciense que apareció con 25 puñaladas en su departamento de la
Merced.
En
ninguno de los casos hubo motivo aparente para la agresión. Rubí
había terminado con un cliente cuando la enterraron la varilla por
la espalda”, cuenta Alma Delia. “No se drogaba ni tomaba; tenía el
plan de retirarse en tres años para poner una estética en
Cuernavaca. Ya no alcanzó”.
A
Mariposa “la encontró una amiga cuando ya estaba acuchillada. No la
robaron nada, ni tampoco se metía drogas o alcohol; por eso creemos
que la mató alguien muy homofóbico”.
Ninguno de los casos, consignados por la PGJDF como crímenes
personales, se ha resuelto.
-
Hay negligencia de las autoridades para atender sus asuntos?
-
Sí, apenas ven que se trata de nosotras o de sexoservidoras y
empiezan a cuchichear, a poner mala cara. Los decimos que hay una
ley para que nos traten a los demás (la ley contra la
discriminación) pero les entra por un oído y sale por el otro.
En
la recomendación 1999/35 la Relatora Especial de la Comisión de
Derechos Humanos de la ONU, Asma Jahangir, denunció que la mayoría
de los crímenes de odio cometidos en México se realizaban “de forma
extremadamente violenta y brutal: a menudo se encontraron los
cuerpos desnudos con las manos y los pies atados y con señales de
tortura, apuñalados, estrangulados y mutilados”.
El
documento incluyó la preocupación de la Relatora “por la actitud
llena de prejuicios de las autoridades y los informes tendenciosos
de los medios de comunicación que han contribuido a crear un clima
de impunidad e indiferencia sobre estos delitos“.
Ya
pasaron seis años de esa recomendación, y para las travestís de
Angeles en Busca de la Libertad el clima es, básicamente, el mismo.
El
delito de ser homosexual
Víctor López Díaz fue detenido por agentes de la Secretaría de
Seguridad Pública (SSP) capitalina, porque caminaba tomado de las
manos de dos muchachos en la Zona Rosa.
No
pudo evitarlo, confiesa : ese 20 de julio de 2004 se le juntaron un
ex novio y la pareja con quien salía “y se me hizo feo dejar a uno
de los dos“. La explicación no satisfizo a los uniformados que, sin
más, detuvieron a los jóvenes junto con otros cuatro amigos a
quienes trasladaron al juzgado cívico 7 de la delegación Cuauhtémoc.
Allí, varias horas después, supieron el motivo de su captura: tomar
de la mano a un hombre, besarlo o simplemente expresar cariño en la
vía pública hacia la pareja del mismo sexo es, para los policías
preventivos, incitar a la prostitución.
“Solo caminábamos al Metro”, insiste López Díaz. “Nos detuvieron por
expresar en la calle como somos, esa es la verdad. Fue indignante,
pura discriminación“.
Eso
fue lo que Víctor y sus compañeros pretendieron denunciar ante la
PGJDF, pero la Fiscalía Especializada en Delitos de Servidores
Públicos abrió un expediente por presunto abuso de autoridad sin
incluir la discriminación de que fueron objeto.
Nada
raro. De acuerdo con Arturo Díaz-Betancourt en México sancionar la
discriminación por preferencia sexual es una tarea casi imposible,
pues además de las dificultades para convencer a las víctimas – “hay
mucho miedo de la comunidad homosexual“ - es necesario vencer a los
obstáculos supralegales de las autoridades de procuración de
justicia.
Por
ejemplo, en el Distrito Federal, para iniciar una averiguación
previa por trato discriminatorio, los agentes del Ministerio Público
exigen a las víctimas probar que resultaron afectadas
sicológicamente. “Eso no está en el Código Penal, no sé de donde lo
sacaron”, subraya.
También es común que se pretenda desviar las averiguaciones para
obligar a una conciliación con los agresores, como ocurre con
Rodolfo Andrade Castro y Pascual González a quien un vecino agredió
a martillazos por su preferencia sexual.
En
este caso, explica el coordinador de CCCCOH, sólo se inició una
averiguación previa por lesiones y daño en propiedad ajena (uno de
los martillazos lastimó la puerta del departamento de la pareja),
sin incluir la agresión homofóbica que padecieron.
Peor
aún, “el agente dice tener órdenes de lograr un acuerdo de las
víctimas con el agresor, lo cual no aceptamos. No es un delito del
fuero civil que se puede conciliar con un pago, sino de un hecho que
afecta la dignidad de las personas con sanción de tres años de
cárcel”.
En
el fondo, añade, lo que se busca es agotar el término legal de las
denuncias para cerrar los casos. Por eso, en marzo próximo la
Comisión Ciudadana presentará esos dos casos ante la CIDH.
“Realmente no hay protección para la comunidad lésbico gay de la
ciudad de México, porque el gobierno no pone atención en garantizar
su vida”, advierte Díaz-Betancourt. “Es una lástima porque ese
sector fue uno de los más activos en la campaña por Andrés Manuel
López Obrador; pero en todo su gobierno nunca hemos podido hablar
con él”.
C.
A.
22-03-2005
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