|
Compartir
Menea la noticia aquí

Este Diario es un
PERIÓDICO DIGITAL DE NOTICIAS, las cuales reproducimos -ya sean
bien de agencias, comunicados de colectivos u otras fuentes-
aparte de propias redacciones originales. La información que
aquí se publica se realiza en aras de la libertad de expresión y
del conocimiento. Independientemente de que se este de acuerdo
con ellas o no, siempre prevalece el derecho a la información.
En la Red desde el año 2.000.
SUSCRIBIRME
A NOTICIAS DIARIO DIGITAL
Hay cosas que dan vergüenza
ajena, y a
veces hasta
propia. La agonía y martirio que sufrió Roberto -fotografía
izquierda- hasta su muerte, es muy difícil de plasmar en
palabras. Javier V. -Fundador del Colectivo El Hombre Transexual
de Madrid- ha querido redactar para el Diario Digital Transexual
a modo de homenaje y denuncia publica, lo que fue la vida y
hasta angustia final de este hombre transexual. Sin duda alguna
el "Brandon Teena español". No necesitamos irnos a Estados
Unidos para tener referencias de las barbaries en crímenes de
odio. Tenemos un referente español en una mujer transexual, el
desgraciado caso de Sonia Rescalvo, en Barcelona, que cada año
recordamos.
Redacción Diario Digital
Transexual-. Si nos arropamos de la dignidad que viste por
los pies, sin duda alguna Roberto deberá de ser el homologo de
Sonia en los hombres transexuales, y no pasar de puntillas
alrededor del horror. Estos lamentables casos deberán de ser
referentes para recordar que los crímenes de odio por identidad
de genero están presentes en la España de los derechos y avances
sociales, donde aun quedan incrustadas lacras que hay que
erradicar, desde la pedagógica, información y visibilización de
las personas transexuales.
Olvidar nunca, el muerto al
hoyo y el vivo al bollo, jamás. Porque si no estaremos
condenados a repetir las historias, siendo nosotros mismos los
que aparezcamos en alguna nota de prensa con tratamientos
indignos como hemos podido ver en estas ultimas semanas con
ROBERTO, un hombre que siempre fue hombre, incluso en las sucias
manos de quienes le torturaron y asesinaron vilmente.
Carla
Antonelli
"Roberto, su vida
y muerte: Crónica desde el homenaje y el dolor"
Los vecinos se apenaban: era una muerte anunciada, entre ellos
hablaban cada mañana: “esta noche le han debido dar a base de
bien”, “un día de estos se lo cargan”…y así ocurrió.
*Por Javier V. para el Diario Digital Transexual-.
Le asesinaron salvajemente, de la manera más cruel y cobarde
posible, debilitándole, día a día, con reiteradas palizas;
debilitándole, día a día, despojándole de su mundo, amigos y
pertenencias; debilitándole, día a día, anulando su voluntad
Roberto tenía 26 años, moreno, de ojos expresivos; silencioso en
las reuniones, abierto con las personas. Fuerte, masculino,
tímido, sencillo y tranquilo.
Adoptado de pequeño. Algunos años antes había perdido a su madre
y apenas unos meses antes a su padre, quedándose su tía como
único apoyo familiar y viviendo solo en su piso de tres
habitaciones del barrio de Fuencarral. Acudía cada día a su
trabajo como conserje de una finca y algunos fines de semana,
siempre acompañado por amigos, salía por Chueca.
Roberto, cuando su trabajo se lo permitía, asistía a un grupo de
transexualidad masculina participando junto con su novia.
Tras conseguir su informe favorable comenzó ilusionado con la
terapia de reemplazo hormonal.
Roberto el 1 de septiembre de 2007 apareció asesinado en su
domicilio, completamente desnudo, sobre un colchón en el suelo,
sin sabanas, sin almohada, lleno de orina y heces; su cuerpo,
que apareció con claros síntomas de desnutrición,
estaba repleto de cardenales en distintas fases, abierta su cara
con heridas sin curar, su rostro desfigurado, y en su frente se
adivinaban golpes, uno de ellos acabó con su vida.
La semana pasada la vista por Roberto se alargo 3 densos días.
Empezaron testificando las presuntas asesinas:
Dolores de los R., es una mujer de apariencia muy masculina,
alta, gruesa, lleva su cabeza rapada, el pantalón vaquero metido
por las botas militares. De modales bruscos, inculta, de etnia
gitana. Hasta llegar a la casa de Roberto vivía de la venta de
chatarra. Confesó que fue su amiga hacia algún tiempo y haber
compartido con él, incluso, su ropa, por eso, recuperar un
pantalón fue la excusa perfecta para volver a contactar con
quien sería –presuntamente- en solo unos meses, su víctima. Esa
antigua amistad y la precaria situación en la que vivía, junto
con Ainhoa, en una chabola fue lo que probablemente motivó a
Roberto a recogerlas en su casa.
Aseguró en su declaración que ambas se encargaban del cuidado de
la salud de Roberto, de alimentarle, y de curar sus heridas
cuando venía de recibir drogado palizas en la calle. Llegando
incluso a decir que le apreciaba mucho. Sin embargo, uno
de los últimos días que se les pudo ver juntos ésta amagaba un
gesto de darle un puñetazo en la cara mientras decía “si es que
dan ganas de darle en esa cara de gilipollas que tiene”.
Ella declaraba que en la casa y en la vida de las tres todo eran
risas y diversión. Que lo golpes que podrían oírse eran debidos
a las discusiones entre Ainhoa y ella.
Contó como en una ocasión se apostó con Roberto a ver quien daba
antes un beso a un chico y que ella ganó, pudiendo así grabar a
Roberto, completamente desnudo, mientras Ainhoa le depilaba el
cuerpo, asegurando que él había participado divertido en dicha
celebración. Demostró una ignorancia absoluta en identidad de
género y orientación sexual intentando convencer a la sala de
como Roberto al haberse encaprichado de un chico decidió salir
con ellas a la calle vestido con un suéter rosa, una minifalda
vaquera y unos zapatos de tacón de cuña….
Igual que Ainoa, foto segunda superior izquierda, reconoció su
firma en todos los documentos incriminatorios.
En el primero de ellos firmaron que la pareja tenía derecho a
vivir en casa de Roberto, en la 2ª, él se comprometía a pagarle
a Dolores 1200 € del dinero obtenido en herencia por la muerte
de su padre. Y en el 3º y último Roberto hacia, finalmente, la
cesión “voluntaria” de su vivienda a ambas.
Contaron que la intención de dichos documentos era “proteger a
Roberto” porque se llevaba muy mal con su tía, y ésta quería
quitarle todo.
Según su testimonio, las heridas y moratones del rostro y cuerpo
de Roberto fueron debidos, entre otros, porque se ensañaron con
él un grupo de Skins en plena calle, de esta supuesta agresión
no hay un solo testigo ni tampoco denuncia. En otra ocasión dijo
haberse visto involucrado en una pelea a las puertas de la
discoteca “Mito” en Chueca, en la que contó que incluso los
porteros participaron echándole, sin embargo, las posteriores
declaraciones del responsable, la RRPP y el portero del
local dejaron en evidencia a la presunta homicida. Recordándole
perfectamente, principalmente la Relaciones Publicas, que le
describió como un tipo atento, cariñoso, y que nunca
dejaba de saludarla.
Continuó contando que recibió también golpes jugando con el
hermano adolescente de una vecina, y rematando la declaración
recalcó supuestas prácticas sexuales de Roberto de índole
sadomasoquista con una mujer llamada Ana, politoxicómana,
que la policía descubrió tras muchas pesquisas que era la
antigua vecina de chabola de la pareja. Y que en su declaración
en la comisaría, antes de morir, dijo no conocer ni haber visto
nunca a Roberto pero sí reconoció su relación con Ainhoa
y Dolores.
Todas estas afirmaciones para intentar justificar el estado en
el que se encontró el cadáver de Roberto.
Aseguraron que él había confesado guardar malos recuerdos en la
casa y quería desprenderse de todo, y que empezó a romper y a
tirar los muebles, incluso por las ventanas, y que nunca habían
visto, ni sabían nada de objetos de valor. Que las joyas que
vendió por 400€ pertenecían a su propia familia
Ainhoa N. es una chica menuda, de fuerte carácter, fría,
aparentemente la más inteligente.
Comenzó contando ante el tribunal que conoció a Roberto poco
antes de irse a vivir a su casa. Dijo dedicarse al cuidado de
niños, y obtener ayuda y dinero de sus amigos todos los meses.
Reconoció que los documentos firmados por los tres eran de su
puño y letra al igual que el párrafo escrito en un folio del
mismo cuaderno en el que puede leerse: ”si te preguntan porque
tiene la cara así di que le han pegado por bocazas.”
Añadió a todo lo que contó Dolores, que además Roberto “se
golpeaba la cabeza solo” cuando se enfadaba.
A pesar de todo, en un principio no se consideró la muerte como
homicidio violento puesto que las amigas con quien convivía
testificaron su carácter agresivo, y su estado de
drogodependencia. Pero al buscar más testimonios entre los
vecinos y gente allegada descubrieron que este perfil de Roberto
no coincidía en absoluto con su verdadera personalidad. Eso
hizo sospechar al agente encargado del caso, que finalmente dio
orden de arrestar a las amigas, a las que recordaba cómo fría;
descaradamente, el mismo día que se descubrió su muerte,
preguntaban qué ocurriría con la casa.
Entre los testimonios más importantes está el de Sonia y Paola,
dos muy buenas amigas de Roberto. Ellas empezaron a percatarse
pronto de la situación de pérdida de libertad de Roberto e
intentaron hablar con él, acudiendo a su domicilio, pero, en vez
de bajar su amigo, fue la pareja quien lo hizo, teniendo un
altercado en el que Dolores llegó a sacar un cúter, y a salir
corriendo tras ellas con intención de agredirlas. A pesar de
todo, intentaron un acercamiento para ayudar a su amigo, pero
apenas aguantaron la situación tres semanas. Durante ese tiempo
fueron testigos de cómo minaban su voluntad, y limitaban su
libertad. Aseguraron que tenía expuesto en un mueble una
colección de relojes de su padre, también guardaba sellos,
abrigos de pieles y una pequeña cantidad de joyas de herencia,
todos estos objetos, a los que tenía gran aprecio no se
encontraron en el domicilio. Con el tiempo su amigo dejó de
estar al alcance, el teléfono fijo de casa estaba sin línea, el
móvil de Roberto solo estaba operativo cuando lo tenían manos
ajenas, las persianas de su habitación tenia las cintas
cortadas, y nunca más volvieron a ser subidas.
Ellas aseguraron haber visto la grabación de teléfono móvil en
la que podía verse a Roberto depilado por la pareja, pero,
aseguraban, que no había diversión alguna si no que resultaba
vejatorio y que él estaba coaccionado, forzado y humillado,
intentando en todo momento tapar su desnudez. Como certificaron
su terapeuta sexual y su psicólogo, era muy poco probable que,
como hombre transexual que era, participara o se mostrara
voluntariamente desnudo ante nadie.
También habían estado presentes el día que Dolores, relató con
detalle cómo había introducido a Roberto en la bañera bajo el
agua, manteniendo su cabeza sumergida y solo le sacó al ver que
se ponía azul.
Su amigo en rara ocasión daba una calada a un porro cuando ellas
se lo ofrecían, y sabían, por él, que en una ocasión remota
había probado la cocaína, pero esa era la única relación con la
droga que había tenido, muy lejos de la imagen de
drogodependiente que se quería dar de él por parte de las
acusadas. En su sangre solo se encontró una pequeña dosis
terapéutica de Valium, posiblemente para silenciar sus
quejidos.
La gran mayoría de los vecinos le conocían desde pequeño, le
vieron crecer, le recordaban como una persona bondadosa,
agradable, describiéndole como alguien generoso, inocente,
desprendido, sumiso y alegre, al que nunca habían visto en
estado de embriaguez, con marca alguna de peleas, ni metido en
altercados de ningún tipo; ayudaba a subir las bolsas, jugaba
en el parque con los niños, paseaba a su perro, saludaba y
charlaba con todos mostrándose respetuoso y amable. Ese Roberto
se fue apagando, convirtiéndose en alguien silencioso, triste,
cabizbajo, aislado, continuamente vigilado y acompañado. Siempre
con la cara marcada.
En esa casa nunca hubo que quejarse por ruidos o escándalos.
Pero tras la aparición de la pareja se produjo un cambio
radical, y aunque los primeros meses parecía estar todo en
armonía, algo escandalosa, con portazos y duchas de madrugada,
al transcurrir el tiempo los gritos, carreras y grandes golpes
tomaron el protagonismo. Varios vecinos habían sufrido amenazas
o habían tenido altercados con la pareja y todos testificaron
con ellas ocultas tras un biombo por protección.
Dejó de ir a su trabajo. Dejaron de verle salir solo a la calle,
siempre acompañado por al menos una de las presuntas homicidas,
que incluso le escoltaban habitualmente hasta el cajero
automático para extraer el dinero de su tarjeta. Cambiaron la
cerradura de la puerta, anulando así las copias de su vecina y
de su tía. La llave nueva solo la tenía Dolores, cerrando la
puerta a cada salida, dejando en el interior a Roberto.
Las palizas se convirtieron en algo habitual cada noche, y 48
horas antes de fallecer le escucharon claramente entre susurros
decir: “por favor, no me peguéis mas”.
Varias veces acudió la policía a petición del vecindario, nadie
vio las palizas, pero muchos las oyeron; cuando llegaban los
agentes nadie les abría la puerta; solo en una ocasión
ocurrió y pudieron verle completamente desfigurado, con sus ojos
cerrados por los golpes, tapando su desnudez con un albornoz,
delgado hasta el extremo. Al preguntar qué le pasaba
sólo fue capaz de bajar la cabeza, siendo Ainhoa y Dolores
quienes hablaron nuevamente por él y contaron una de sus
innumerables palizas en la calle…
La tía de Roberto, además de testificar, se presentó como
acusación particular.
Señaló que, desgraciadamente desconocía la situación de su
sobrino, y que, de haberlo sabido, nunca hubiera ocurrido ya que
ella misma las habría sacado del domicilio.
Recordó, con cariño, la última vez que le vió, fueron juntos a
comer, ella le invitó animándole a que viniera con su ex pareja,
a la que apreciaba y con la que sabía que seguía uniéndole una
buena amistad; él contándole sus cosas llegó a confesarle que
quería echar a sus compañeras de piso y tenía que pensar cómo
hacerlo, pero en posteriores conversaciones cuando ella le
preguntaba, preocupada, él dijo estar todo bien.
Le recordaba contento por el comienzo de su tratamiento de
reemplazo hormonal y explicó que ella se encontraba en la fase
de aprender a tratarle en masculino pero que aun le
costaba acostumbrarse, aunque reconocía que siempre había sido
viril y que en toda su vida apenas en tres o cuatro ocasiones le
había visto con ropa femenina, contando el bautizo, y otra donde
él lo hizo a petición de ella. Quería a su sobrino,
sorprendiéndose ante las preguntas de desencuentro entre ambos y
le entristecía, como no podía ser de otra manera, no haber
podido hacer nada por evitar la irracional y brutal muerte de su
sobrino.
El piso de Roberto estuvo puesto a la venta, acudieron los tres
a una agencia de Tecnocasa, donde él no mostró ningún interés
por la transacción, ni siquiera recogió el dinero de la señal
que un comprador hizo, quedándose el dinero en las manos de
Ainhoa. Los muebles acabaron en la calle, donde un camión con
personas de etnia gitana les retiró.
Hubo un momento en el que Roberto dejo de comer, o quizá no
tenía nada que llevarse a la boca.
Perdió 40 Kg en apenas un mes.
Roberto, mientras le rompían por fuera, se iba rompiendo por
dentro. Por todas esas heridas la vida se le fue escapando a
chorros.
Además de los innumerables golpes dibujados en su cuerpo,
los forenses encontraron lesión pulmonar y cardiaca, y una
hemorragia cerebral ocasionada como minino por dos traumatismos
craneoencefálicos que le hicieron agonizar entre uno y tres días.
Quizá la noche que se le escuchó suplicar fue la que
recibió el golpe definitivo.
Aun en ese estado, si hubiera recibido la asistencia médica que
le negaron habría sobrevivido.
Tanto la fiscalía como la acusación particular en sus
conclusiones le trataron en masculino, con todo respeto, y como
homenaje según confesó la abogada.
Piden 25 años de condena por coacción, extorsión, homicidio y
asesinato; la defensa libre absolución por falta de pruebas.
Después de vivir la amarga experiencia del juicio, no llego a
entender desde cuando es el asesinado y no aquel quien tiene en
tela de juicio si sus manos están limpias o llenas de sangre
quien se ve obligado a demostrar si su naturaleza es agresiva o
si consumía droga. Nadie les preguntó a ellas.
No hay justificación para esta muerte. Ni consuelo para quienes
te conocimos y te recordamos. Ni excusa para el olvido.
Fuiste mi compañero, acudiste a charlas donde poníamos fotos de
Brandon Teena, símbolo FTM, ejemplo de barbarie, ignorancia y
Transfóbia, ahora tu nombre podría ocupar su lugar.
Descansa Roberto.
*Javier V. / Activista y miembro desde 1994 en AET
“Transexualia” y Fundador en 2003 del foro y la asociación “El
Hombre Transexual”
Hemeroteca de noticias ordenadas por meses y años
C.
A. 24-02-2010
Comenta esta noticia ( indica en el titulo de que noticia estas
hablando) |