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Web-. Hay
que escucharlo y verlo, ante tanto arte y poderosa voz sencillamente
enmudeces y te dejas llevar por los sentidos. Desde aquí nuestra mas
absoluta recomendación.
La Vanguardia-.
Dicen que reúne el arte de Bambino, el temperamento de Lola Flores,
la sensualidad de María Jiménez, el desgarro de ChavelaV argas y la
voz poderosa de Rocío Jurado... La bomba, vamos. Se llama Rafael
Ojeda Rojas, Falete,tiene 27 años y es protagonista del
último fenómeno flamenco. Sin necesidad de alharacas ni grandes
alardes promocionales, con la única ayuda del siempre ejemplar boca
oreja, el cantaor sevillano ha conseguido situar su disco debut
Amar duele (Sony & BMG) en las listas de los más vendidos
(26.000 copias en dos meses), y, sobre todo, ganarse una pléyade de
fans que acude a aplaudirle en cada ciudad donde se presenta.
Antes de nada,
cabe precisar que Falete es uno de los diminutivos con los que se
suele llamar a los Rafaeles en Andalucía. Vale, pero ¿quién
es Falete? Sevillano e hijo de un ex componente de Cantores de
Híspalis, se sube a los escenarios desde los 17 años, ha compartido
tablas con La Chunga, Valderrama, Menese, pero no fue hasta hace un
año, a raíz de sus apariciones en el programa de Jesús Quintero
Ratones coloraos, que su nombre consiguió
salir del círculo de los entendidos. Devoto de Bambino, a quien
considera su maestro, hoy lo recuerda con canciones como Payaso
o Procuro olvidarte,trae ecos de La Lupe (Puro teatro),Chavela
Vargas (Un mundo raro)o Rocío Jurado (Lo siento mi amor,Señora)y
pone su poderosa voz flamenca al servicio de Palabras para Julia
de Paco Ibáñez y José Agustín Goytisolo.
Hasta ahí lo musical. La puesta en escena tampoco tiene desperdicio,
pero él asegura que, en su caso, arte y vida son una misma cosa. Se
pirra por las joyas y le gusta exhibirlas, se maquilla dentro y
fuera del escenario -"no soy producto del marketing"-, luce largas
uñas pintadas, y asegura que lo suyo es "un mariconeo elegante, no
un circo". "Soy natural, me niego a reprimir u ocultar mis
sentimientos".
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«Estamos cansados
de cantaores con chaqueta y pañuelo al cuello»
El artista
flamenco de aspecto ambiguo publica su primer disco, en el que
priman las coplas desgarradoras popularizadas por mujeres «Soy un
poquito canalla», asegura
El Correo-.
Falete no es un cantaor flamenco al uso. Llega a la entrevista
embozado en un largo abrigo de cuero blanco, una estola de piel al
cuello, tejanos y botas de puntera afilada. Luce pulseras, sortijas
de gran tamaño y un humor alegre que invita a la charla. Es grande,
corpulento y paciente. Está de promoción de su primer disco, el
trabajo que le dará a conocer en España, aunque en Andalucía es una
seria promesa del cante: ha actuado más veces en Japón que en el
resto de la península.
Rafael Ojeda Rojas canta desde niño, desde que su madre y las que
oía en las calles de Sevilla le enloquecían con sus coplas
desgarradoras. Dice que, «por mis sentimientos, por mi forma de ser,
me identifico mucho más con la mujer que con el hombre» y recuerda
con pena a Miguel de Molina, mito flamenco marginado y apaleado por
su homosexualidad. «Lo que me jode es que todo el mundo sabía que
era homosexual, pero el afectado no lo decía», protesta.
-¿A qué aspira con el primer disco?
-Como a cualquier artista, me mueve la necesidad por decirle al
mundo lo que quiero contarle. Llevo trabajando desde jovencito y
tengo muchísimas ganas de expresar al público lo que siento.
-Las letras de su primer disco son, en general, amargas.
-Sí, pueden sonar amargas, depende de cómo te lo tomes. Pero es
verdad que le canto mucho al amor, al desamor, a la pasión, a la
locura. Y ya lo dice el título del disco: amar duele.
-¿Lo cree realmente?
-Por supuesto; el amor, sin dolor, no es amor. Cuando te enamoras
tienes miedo a que te quiten a la persona amada, o que se vaya, a
que la relación termine. Quieres, pero te duele.
-Y ese miedo, ¿se debe a alguna experiencia personal?
-La viví, y esas cosas marcan muchísimo, te hacen madurar una
barbaridad. A la hora de interpretar pesa, porque todas las partes
negativas tienen su parte positiva.
-Tiene a sus espaldas una larga carrera artística.
-Llevo cantando desde los doce años, pero ya a los seis hice mi
primera grabación en un estudio, un disco de villancicos con el
grupo de mi padre, los Cantores de Híspalis. No he hecho otra cosa
que cantar, pero empecé a dedicarme en serio a los quince años, en
mi primer viaje a Estados Unidos.
En Japón
-Cantó para La Chunga, una bailaora de leyenda.
-Eso fue en Sevilla en 1985, en un homenaje a una poetisa de la
dinastía de los Ortega: Manolo Caracol, Joselito el Gallo... La
Chunga vino sin cantaor y yo, con toda la vergüenza y la dignidad
del mundo, le pregunté: 'Micaela, ¿quiere usted que yo le cante?'
Canté una rumba y estupendo. Y actué en Japón para la Paquera de
Jerez, que es lo más grande que me ha pasado en la vida. Me dio
muchos consejos, porque yo, como cualquier joven, tengo locuras,
subidas, bajadas, y una persona así, que ya es vieja en esto y te
dice 'por aquí, por allá', te ayuda mucho.
-¿Qué tiene el flamenco que es adorado en lugares como Japón?
-Yo fui a Japón cuatro veces en el mismo año, y tendría que ver cómo
organizan los espectáculos. El despliegue es tan enorme que aluciné;
los flamencos somos un poquito informales y compruebas que saben de
flamenco cosas que nosotros ignoramos: tienen enciclopedias, vídeos,
y no sé de dónde han cogido eso. Allí se llena un teatro de 5.000
personas 15 días en dos funciones seguidas.
-Pero entienden.
-Perfectamente, entienden y mucho. Mire, en una representación de
'Carmen' cantaba un martinete y un cante libre y, cuando terminé, se
me acercó al camerino un japonés y me dijo: '¿tú sabes que la letra
que has cantado y el estilo fue creado por tal en el año tal?'. Le
pregunté cómo sabía eso y me respondió que a él le gustaba mucho el
flamenco. Y también a mí me gusta, pero no tenía ni idea. ¿Cómo
puede estar tan cerca del flamenco estando tan lejos, cómo se pueden
unir dos culturas tan diferentes?
-Llama la atención que en el disco haya elegido canciones que han
sido popularizadas por mujeres: Rocío Jurado, Rosa León, Chavela, La
Lupe...
-Desde muy pequeño me ha atraído más la voz de la mujer que la del
hombre. Todo lo que oía era la voz de la mujer, a pesar de que mi
padre canta. Y por mis sentimientos, por mi forma de ser, me
identifico mucho más con la mujer que con el hombre. En las letras,
el sexo no se define y además soy un poquito canalla y tengo poca
vergüenza para atreverme a cantar temas que han hecho populares las
mujeres. Hasta hoy, ni un hombre se había atrevido a decirle a una
señora que le han quitado el marido y que ya nadie puede apartarlo
de mí.
Paranoias
-¿Es más sincero el desgarro de la mujer?
-No, Bambino o Juan Gabriel también se rompen en una canción; cantan
desde el dolor, y el dolor suena igual en la mujer y en el hombre.
-Y hay que cantar desde el dolor.
-No, hay que cantar desde tu experiencia, lo que el corazón te
manda, porque todos tenemos días buenos y malos, no siempre es
fiesta. Mire, yo soy mi mejor crítico. No me gusta ni en disco ni en
vídeo, no me gusta nada de mí, pero si a la gente le gusta... hay
que seguir haciéndolo. Pretendo pulir mi estilo y mejorar cada día,
porque lo más importante no es cantar una canción, sino contar una
historia.
-¿Qué ve cuando analiza al artista?
-La palabra 'profesional' es muy grande y tienen que pasar todavía
muchos años para que merezca ese nombre. Igual para otros soy un
artista perfecto.
-Entonces, salir al escenario tiene que ser una pesadilla.
-No, salgo con la seguridad de que al público le va a gustar mi
trabajo, porque si no, no estarían allí. La paranoia viene cuando
termina la actuación; no tengo nervios antes, pero hasta que leo las
críticas al día siguiente no tengo calma.
-Va ser conocido por fin fuera de Andalucía, ¿le preocupa?
-No, es un reto, pero al que algo quiere algo le cuesta. Y, si no me
quieren fuera de Andalucía, pues no pasa nada, a mí no me van a
cambiar. Seguiré siendo el mismo porque sé lo que quiero.
Sin disfraz
-¿Le preocupan las críticas que puedan hacerle los puristas del
flamenco?
-No, porque no les voy a dar tiempo a decir lo que piensan. Yo llego
y pego, les digo: «Aquí estoy, señores. Esto es lo que hay». Sé que
a más de un flamenco le habrá agriado la sangre cuando me han visto
cantar 'La Salvaora', un tema tan de Caracol, vestido con una camisa
con volantes y un aspecto un tanto ambiguo. Pero, si son tan
puristas, tendrán que apreciar el cante, y el cante yo lo hago tal y
como es. A mí me tienen que aceptar el lote completo, porque lo mío
no es 'marketing'; yo soy así, no me transformo ni me pongo una
máscara para subir al escenario. Hace 50 años se cantaba sin
megafonía y quizá a muchos puristas de ahora les acusaban de ser
revolucionarios. Que me critiquen, aunque sea para crucificarme,
pero que hablen de mí.
-Ha hablado de la ambigüedad de su aspecto.
-Pero yo me veo muy normal, siempre he sido así. Mi aspecto no se
debe a un accidente de moto. Yo no quiero llamar la atención o
aparentar; soy así día tras día, no me pongo disfraces.
-Rompe con la imagen del cantaor austero.
-Ya estamos hartos de eso, porque el homosexual ha existido siempre,
tanto en el hombre y la mujer. Y estamos cansados de que cantaor
suba a un escenario con una chaqueta y un pañuelo al cuello, ¿no
señor! Yo no quiero, prefiero una camisa con muchos adornos y un
fular muy grande. O un mantón de Manila, ¿por qué no? Canto a mi
manera, con mi estilo y como yo lo siento. Estamos cansados de
llevar una doble vida, porque mi familia sabe cómo soy desde que
tengo uso de razón. Y, cuando se lo conté a mi madre, sólo me
respondió una cosa: 'Falete, el respeto es lo más importante,
respeta a los demás y te respetarán'.
-Corren tiempos mejores para ustedes.
-Sí, porque nos podemos expresar con más libertad, no tienes que
pedir perdón por ser como eres. Te vas fuera de España, a Holanda, a
otros países, y ves que la homosexualidad se respeta. Aquí en
cambio, hay gente que te sigue mirando de forma extraña. Pues bien,
que sigan mirando. Pero cansa y quema. ¿Cómo me pueden juzgar si no
me conocen, si no sabe qué hay dentro de mí? ¿Por qué no me puedo
casar con una persona de mi mismo sexo? ¿O por qué no puedo adoptar
un niño? El homosexual está capacitado para todo. Lo que me jode es
que todo el mundo sabía que Miguel de Molina era homosexual, pero el
afectado no lo decía. Y con la injusticia no puedo. Voy con la
verdad por delante, que sepan quién es Falete, para que luego no
vengan los buitres por detrás. Así soy y así canto.
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«La televisión
asusta»
-Su aparición ha
causado una auténtica locura en los foros de Internet.
-Ya lo creo, hasta el punto de que en mi oficina hay una persona que
se dedica a responder a las preguntas de mis seguidores, porque a la
gente que me admira hay que darle siempre lo mejor. Desde que hice
el primer trabajo con Jesús Quintero fue una revolución, todo el
mundo quería disco de Falete cuando en las tiendas no sabían quién
era yo. Y hay que cuidar al público, porque ellos te van a levantar
cuando estés mal y te van a decir cuándo has estado bien y cuándo
has estado mal. Que sea dios porque la gente quiera, no porque me
sienta yo como un dios.
-En los foros ya se pregunta cómo se pueden bajar tus canciones de
Internet. Y eso lleva a la piratería.
-Me vi en la manta dos días después de que saliera el disco.
Imagínese lo que me entró en el cuerpo. Lo primero que pensé es que
ya era famoso, que el disco se estaba vendiendo muy bien. Pero
también me entraron ganas de arrancarle la cabeza al que vendía,
aunque con eso no arreglaría nada. Si no se quitan las máquinas
grabadoras no hay nada que hacer. En Sevilla se ha cerrado una
tienda emblemática porque contra la piratería no se puede hacer
nada. En la firma de discos de Sevilla se me acercó un hombre, me
saqué una foto con él y su familia, y luego me dijeron que se
dedicaba a vender CD falsos. Entiendo que la gente se gane la vida
como pueda y, si no pueden llevar pan a sus hijos de otra forma,
vale, pero esto...
-Jesús Quintero le ha dado la fama. ¿Cómo lo lleva?
-Quintero me lo ha dado todo. Antes, en la calle era uno más. Ahora
no. La gente me paraba para saludarme o pedirme autógrafos; entonces
me di cuenta de la fuerza de la caja tonta. La televisión asusta,
porque te cambia la vida. A mí me gustaba salir por las tardes con
los amigos a tomarme un café y, si se terciaba, meterme doscientos
whiskys en el cuerpo. Ya no, porque la gente te agobia.
C. A.
14-02-2005
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