Soñadora, pasional, joven, inexperta... Cuando tenia muy pocos años
recuerdo que me gustaba crear... siempre me gusto dibujar. Sin embargo no sabia
dibujar. Ahora me ocurre algo similar. He crecido. He madurado un poco. Ahora la
creación que me gusta es la escritura. Me ayuda a expresar mis sentimientos,
pero no se escribir, pese a lo que me digan en #transgresion. La prueba es que
me ando siempre por las ramas. Por ejemplo ahora. No es de mi de quien quiero
hablar, sino de mi opinión. De mi opinión con respecto a un tema. Un tema
simple y complejo a la vez, pues ese tema somos nosotras, amigas mías.
Supongo que ustedes, como yo, querréis ser tratadas como las mujeres que
sois. La verdad seria magnifico, ¿no? Seria estupendo que al final del túnel
una luz nos esperase para acariciar nuestro rostro llenándonos de felicidad
para siempre jamás, iluminando nuestro camino a partir de un punto en concreto.
Pero nuestra oscura y retorcida senda raramente se torna luminosa y derecha,
pues los remilgos sociales producto de una sociedad no preparada para aceptar
todo aquello que este mas allá de lo considerado "normal" desde un
punto de vista clásico, que nos impedirá el desarrollo normal de nuestras
vidas, imponiéndonos absurdas etiquetas.
Lo mas temible del caso no es que nos impongan esas etiquetas, sino que
nosotras sigamos esas etiquetas, pues la mayoría de nosotras las usa a diestro
y siniestro, sin tener en cuenta que, mas allá de una simple diferenciación
cromosómica, somos personas. Personas que tenemos sangre recorriendo nuestras
venas, como cualquier persona, que sufrimos, que lloramos, que reímos, que nos
alegramos, sufrimos nostalgia, añoranza... en definitiva, sentimos. Y es
justamente por que sentimos por lo que nos gustaría sentirnos, aunque solo
fuese por un tiempo, a gusto.
Y es ahora, a quizás pocas semanas de probar la mágica formula de la
felicidad, amarga como todas las medicinas, de caminar el sinuoso camino recto a
la moderada alegría que supondrá el ajustar un paso mas la rosca de mi vida,
cuando me paro a pensar, contemplando la luna, majestuosa allá en el cielo.
Dime lucero de la noche: ¿Acaso esta lucha no servirá sino para que, de no
amoldarme a los moldes, sufra por mi propio castigo? ¿Acaso no hay quien te
maldice por no mostrar mas que una de tus caras? Quisiera saber las respuestas,
señora de los cielos, pero, desgraciada de mi, no las tengo. Solo espero que
tu, en tu eterna carrera por el firmamento, te detengas un momento para darme
luz, para llenarme con tu ser, para, de una vez, no volver a sentirme como tu...
un ser que muestra un rostro y oculta el otro.