Yliana Sánchez, directora de la revista BSTC

TRANSEXUALIDAD. IGNORANCIA, NEGOCIO Y CONSECUENCIAS

Patología es la parte de la medicina que estudia las causas, síntomas y evolución de las enfermedades.

Decimos hoy que en este país existe un gran desconocimiento aún sobre el fenómeno de la transexualidad. Se difunden conceptos particulares sin tener cabal conocimiento sobre qué abarca implícitamente todo proceso transexualizador. No es extraño por tanto que muchos «especialistas» determinen en sus exposiciones como patológicas a las personas llamadas transexuales. 

Lo que estos «especialistas» no explican del todo, es si consideran la «forma mental» de quien percibe el transexualismo englobada en el estudio de tal patología. Porque una cosa es la identidad de género (como registro interno) que toda persona experimenta y otra cosa como ha de ser el cuerpo físico, la expresión y la imagen, de la persona con dicha identidad ante la sociedad en que germina. 

La identificación en toda operación psíquica del individuo es la responsable de la organización de la identidad de género y en estas operaciones se incluyen las percepciones externas, de tal manera que «mundo interno» y «mundo externo» son una estructura indefectible.  

Ahora bien, si la identidad de género del individuo coincide con el concepto establecido como imagen asociativa que ha de percibir quien observa, entonces no existe distorsión en la conciencia. Pero dentro del contexto que venimos expresando, ha de tenerse en cuenta que la identidad de género de las personas no necesariamente tiene que coincidir con la imagen física establecida socialmente para tal fin en lo referente a “hombre/Mujer”. Por tal motivo decimos que la raíz de tal patología pudiera estar encerrada en un fenómeno de coordinación perceptual solidificada en el tronco mental social mujer/hombre y no transexual por ejemplo, en su intento de expresión particularizado. A esta “forma mental” patológica social incapaz de actualizar su memoria para derivar en un rechazo catártico la denominamos «TRANSFOBIA». 

Lo diré de otro modo. Cuando usted y yo miramos un objeto podemos coincidir en muchas cosas, pero cuando usted me dice que ese objeto no le satisface plenamente me dificulta toda comprensión porque ya no hablamos del objeto, habla usted de un paisaje interno que tal vez no coincide con el mío. Bastará con que de un paso más para que intente imponerme su paisaje. Mida las consecuencias que han derivado de ese hecho.   

Después de décadas de intentos, los psiquiatras han tenido que admitir su derrota frente a este dilema. En todos los años que en que la psiquiatría ha intentado “curar” el transexualismo, ni un solo caso ha respondido positivamente y de forma permanente. 

En el año de 1950, el pionero psiquiatra y endocrino Dr. Harry Benjamín decidió aplicar ambas de sus especialidades al tratamiento del transexual. Si la mente no podía cambiar para adaptarse al cuerpo, razonó, entonces el cuerpo debería ser cambiado para adaptarse a la mente.

Con un previo test al que aún se le denomina “test de la vida real” «Real Life Test» (RLT). Durante un periodo de dos años aproximadamente, el supuesto transexual deberá observarse si está capacitado para adaptarse al molde social establecido, roles establecidos, comportamientos establecidos, respuestas establecidas, imagen establecida, vestuario establecido… 

Este test es muy curioso, además es gracioso. Afortunadamente ya no se cree tanto en él a la hora de contrastar su efectividad. 

El RLT no tiene en cuenta en que tipo de sociedad pretende germinar el transexual, en que forma mental social va a ser testado. No es por lo tanto igual ejecutar ese test en Holanda, entre otros, que en España, como no es igual ejecutar ese test en una sociedad evolucionada y liberal que en una sociedad reprimida sexualmente, la misma que le niega hoy, como le ha negado tiempo atrás su evolución.    

La pregunta que ahora barajamos es (sin dejar al margen sus derechos constitucionales) si las personas tienen que mostrarse como se experimentan ellas en sí mismas (Hablando de identidad de género) o tienen que mostrarse como quieren los demás que se experimenten. Porque si esto es así nos enfrentamos ante otro fenómeno de capital importancia.  

Pudiera darse el caso de que muchas transexuales, incluso lleguen a modificar, entre otras cosas, sus genitales para ser aceptadas por una sociedad distorsionada, heteromonopólica y por ende discriminadora

Posiblemente en este país, algunos «profesionales» de la CRS que abordan estas cuestiones y sus estructuras malinformadas pudieran estar tentados a bloquear estos planteos que venimos exponiendo. Malinformadas decimos porque no puede ser posible que de repente dichas estructuras tengan la suficiente experiencia como para acometer estos procesos tan complejos sin protocolo médico sobre transexualidad y sin ley que la proteja. A no ser que estén experimentando con seres vivos hasta encontrar la técnica adecuada mientras se legisla todo esto. La misma técnica que ya se utiliza en los países anglosajones, entre otros, desde el año 1980.  

En España concretamente, solo por cada operación de CRS experimental, por ejemplo, se embolsan alrededor de dos millones de pesetas y sus correspondientes colaboradores lo propio que imponga el caso. ¿Pero se está solucionando realmente el problema global del transexualismo?.  

Las operaciones de CRS ni solucionan ni han solucionado nunca el fenómeno transexual completamente. El fenómeno transexual se soluciona poniendo en juego a sexólogos psicoanalistas y todo el personal medico que sea necesario para abordar de forma integral estas cuestiones, pero al mismo tiempo, estos profesionales tienen que estar plenamente cualificados y acreditados para tal fin, como para una correcta normalización tiene que estar informada la sociedad, a su nivel, de lo que estamos explicando. 

Hemos distinguido en otra ocasión entre el sufrimiento físico y el sufrimiento mental. El primero puede ser combatido y cada vez con mayor eficacia según progrese la ciencia y la civilización. El segundo a medida que avance la autocomprensión del Ser Humano. 

L@s transexuales, ignorantes del telón de fondo que les rodea, pagan a pseudoprofesionales de la transexualidad para que les conviertan su cuerpo acorde con el género que reclaman ¿Pero ese cuerpo lo quieren ciertamente o se lo impone la sociedad en que viven?. He aquí el hito de tremenda importancia que aparece a la hora de estudiar transexualidad de la forma integral que venimos mencionando.  

Una de las imposiciones sociales más evidentes a este respecto se descubre al observar que el DNI (Documento Nacional de Identidad) no será modificado en las personas transexuales hasta haber pasado por un médico forense que atestigüe que dicha persona transexual ha sido sometida a una ablación de sus genitales. 

¿Algunos de ustedes personas «normales» están libres de conflicto interno?, ¿O reconocen ese conflicto como prueba necesaria, como sufrimiento indispensable para ganar su «normalidad»?. ¿Es que alguno o muchos de ustedes les gusta el sufrimiento?. Si es así ¡Cuidado!, cuidado porque podría ser que quisieran trasladar ese dolor a otros para purificarlos. Ya hemos tenido experiencias anteriores, inquisiciones y cosas semejantes. Pero si alguno de ustedes, personas «normales», no quisiera el dolor para sí ni para otros ¿Será suficientemente tolerante con aquell@s que no deseen ser «normales»?.  

Es necesario que la corriente médica y las entidades políticas adviertan que mientras no exista protocolo médico, ley y vía de integración social; mientras no exista otra dirección que la de quedar abandonad@s a los desiertos emocionales o prostituirse, prostitución pagada por la misma sociedad que la dirige. Mientras la tendencia sea la de apuntar hacia la ampliación de esa reacción en cadena lucrativa que viene desarrollándose, la transexualidad pasará a ser el nuevo pozo negro de desgracias que sirvieron como experimentación para el enriquecimiento de unos pocos o muchos sin la más mínima-conciencia.  

Por otra parte, las entidades políticas (no sé si les interesa), tendrían de una vez por todas que frenar y prohibir de inmediato toda práctica médica que no cumpla con los requisitos de un personal cualificado, reconocido y acreditado como tal en todos los sentidos. 

Con un ejemplo de otro nivel, puede entenderse todo esto de la siguiente manera: Por una parte tenemos a una sociedad que dicta e impone el tipo de zapato que hay que ponerse y por otra parte, al cirujano que ha de “empotrar” nuestro pie a ese zapato. Tal vez todo sería más constitucional y humano si se permitiera a cada uno elegir el tipo de zapato que desee conforme a su pie. 

Como se advierte, el transexualismo abarca muchos otros factores. No es simplemente una CRS la que soluciona estos problemas. Deberemos hablar entonces de una solución integral, donde se aborden otros elementos que como hemos explicado, no solamente implican a la persona transexual.  

Sucede sin embargo, que en esta altura histórica se suele esperar respuestas inmediatas a los problemas sin haberlos comprendido ni medianamente. Una sociedad exitista que busca resultados inmediatos sin atender a la comprensión no puede lograr más que la acentuación de los conflictos y dolores, unos resultados inmediatos que en lugar de rejuvenecer a la conciencia robustecerá el antiguo tronco de la forma mental ya elaborada. 

Uno de los factores de estudio más significativos serán sin duda los roles establecidos sobre el comportamiento mujer/hombre. Roles que se han cristalizado, solidificado en la sociedad de tal manera que resulta tremendamente difícil dar el paso necesario a la comprensión sobre la posibilidad de características cruzadas globales perfectamente aceptables para su inclusión en lo referente a una convivencia social, pero ya normalizada. 

Un ascenso en el escalafón sobre el fenómeno perceptivo del transexualismo se ha conseguido al ser considerado ahora por algunos profesionales como trastorno. Una alteración de la salud que no reviste gravedad. Pero habrá que estudiar la salud de quién estamos hablando. Puede darse el caso que los parámetros con que medimos la normalidad salúbrica de las personas (en este contexto) estén ya obsoletos en su mayoría, de ahí su variedad en el tiempo o de generación en generación. 

De manera que a la hora de encuadrar la transexualidad habrá que encuadrar simultáneamente (sea en trastorno o patología) a la sociedad en que vivimos, a los “sin-conciencia” descritos y a los responsables políticos que regulan tales hechos.••• 

                                                                                                                                                                    

Yliana Sánchez

Directora de la revista BSTC

La de web de aquí abajo es la de la revista BSTC, esta en construcción pero ya podéis ver varias secciones.

http://www.aisios.org/

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