AMBIVALENCIA, a veces soy él, a veces soy ella

Para todas aquellas personas que gusten de vestir prendas femeninas en la intimidad y comenten sus inquietudes.

AMBIVALENCIA, a veces soy él, a veces soy ella

Notapor jorgelinadoyhenar » Vie, 29 Jul 2011, 21:13

Luego de la primera experiencia travestida, comprendí que yo era diferente, y entonces una gran inquietud se apoderó de mí.
Sentía una gran confusión y me preguntaba: Que soy, quien soy, porqué soy así?
Mi primer temor fue pensar, que por mi deseo de travestirme yo pudiera ser homosexual, que había nacido con el sexo equivocado, que era una aberración de la naturaleza, ni más ni menos que una mujer encerrada en el cuerpo de un hombre.
Los sentimientos de culpa, vergüenza y temor me atormentaban; culpa por no ser el hombrecito que todos esperaban que fuera, vergüenza por la habitual mariconada de vestirme de mujer, y temor constante y profundo a ser descubierto y ridiculizado.
Mi primera reacción fue reprimir el deseo de travestirme y enderezar mi vida llenándola de actividades que insumieran mi tiempo. Aquella estrategia pareció dar resultado al principio, teniendo ocupada mi mente en otras cosas podía olvidar por un tiempo mi equívoca inclinación.
Pero no tardaba mucho en reincidir y volvía a vestirme de mujer. No me sentía mal en el acto de hacerlo, de hecho me causaba un profundo placer sentir aquella ropa en mi piel, y cada sesión terminaba casi invariablemente en una masturbación y eyaculación que me daba placer y descomprimía en parte la tensión que sentía.
Los sentimientos adversos venían siempre después; y el hecho de que me gustara cada vez más, aumentaba mi confusión porque la culpa, la vergüenza, e incluso el temor no parecían ser suficientes para detenerme.
Para mí estaba claro que no podía salirme de ésa situación por si solo, necesitaba ayuda, pero a quien recurrir?
Mi padre había dejado el hogar cuándo yo tenía corta edad, y sabiendo lo estricta y religiosa que era mi madre, jamás me atrevería a contárselo, pues ya suponía su reacción.
A un amigo de la escuela? Jamás, todo se sabría y sería públicamente ridiculizado, sería para todos el mariquita del barrio.
Pero….que hacer? Necesitaba respuestas, pero no había nadie a quien recurrir.
Si hubiera tenido una hermana mayor con quien tuviera una buena relación, quizás con los años me habría atrevido a contarle todo, pero por desgracia no la tuve.
De haber existido en aquel momento ese maravilloso invento llamado Internet, todo habría sido diferente porque yo me habría enterado de que al mismo tiempo y a todo lo largo del mundo, había miles, quizás cientos de miles de hombres que estaban pasando por lo mismo que yo.
Habría dejado de llevar una cruz a cuestas, porque habría comprendido que lo mío no era una rareza, sinó algo bastante común; y no habría perdido años de mi vida luchando inutilmente por dominar un impulso, que después de todo no es malo. Habría canalizado esa energía en una dirección positiva que me permitiera realizarme mejor como persona, aún con el corpiño y la bombacha puestas.
Pero al no poder recurrir a nadie, tuve que aprender a aceptar mi situación, y dedicarme a vivir mi vida continuando con mis prácticas secretas, alternadas con relaciones sentimentales de pareja con el sexo opuesto, que también enriquecían –y enriquecen- mi existencia.
Aplicando cierta lógica, traté de buscar algunas respuestas en mi mismo, a través de la reflexión. Así fui obteniendo algunas certezas; mis relaciones con mujeres, unidas al hecho de mi total indiferencia hacia los varones -excepto a nivel de amistad- me convencieron de que yo no era homosexual.
También comprendí que yo no era un error de la naturaleza, porque en realidad no deseaba convertirme completamente en una mujer; una parte de mi no estaba dispuesta a renunciar a ciertas vivencias que tenía en mi papel de varón, que también me agradaban y eran importantes en mi vida.
A pesar de éstas certezas, aún no podía explicar el origen de mi secreta pasión por lo femenino, y eso hacía que mi situación se hiciera más incomprensible.
Con el correr de los años, comenzaron a aparecer otras respuestas, primero fueron ciertos libros escritos por profesionales más liberales que sus antecesores victorianos, luego revistas de temas sexuales antes prohibidas que en la apertura democrática estaban al alcance de todos.
Un gran paso fue el psicoanálisis, que en una prolongada serie de sesiones a cargo de una psicóloga mujer, me permitieron no solamente desahogarme y poder contarle a alguien lo que sentía dentro de mi, sino empezar a comprender lo que me estaba sucediendo.
Finalmente, Internet fue el medio por el cual tuve una certeza de la magnitud de éste fenómeno –por así llamarlo- que se extiende por todo el mundo y se cree es bastante numeroso.
Supe de la existencia de los varones heterosexuales que vestían de mujer, cuya clasificación más conocida se define con una palabra inglesa: “Crossdresser” (cruzar vestimentas),
Así supe que yo era una chica “cross” y la inevitable conclusión fue que mi vida era una permanente metamorfosis: dos personalidades viven dentro de mi, una masculina, habitual, conocida por todos como Jorge; y otra femenina, secreta, hasta ahora escondida tras una puerta, cuyo nombre es Jorgelina. Como ninguna de las dos está dispuesta a claudicar, ambas deben aprender a convivir, la una con la otra.
Ese lado femenino que habita en mí, se vuelve cada vez más fuerte y va evolucionando a través del tiempo. El deseo de vestirme de mujer y luego masturbarme en el acto final, presente en los primeros años de mi juventud, ha ido dejando paso a otros sentimientos femeninos muy bellos e intensos, que nacen del corazón y el espíritu de quien se siente mujer.
Esos sentimientos suelen surgir con gran intensidad, cuándo tengo la oportunidad de estar vestida de mujer durante largo tiempo, es decir, varios dias. Las vestimentas femeninas, los cosmeticos, el perfume, todo ello se apodera de mis sentidos y me hace experimentar una dicha inmensa. En la paz y sabiduría de la madurez, he aprendido a disfrutar vestida de mujer de una profunda sensación de bienestar, de plenitud, en esos momentos me siento bien, me siento feliz, soy yo, soy Jorgelina, soy mujer.
Jorgelina Doyhenar
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Rompiendo el hielo
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