Hace tiempo empecé este hilo llamándole "Crímenes de odio contra las travestis de Argentina", cuando en aquella nación hubo una concentración terrible de asesinatos.
Hora es de cambiarle el título, porque ahora se vuelve a la situación en que se distribuyen igualadamente por todo el continente latinoamericano.
Tengo puesto un aviso en el buscador con la palabra "travesti" y veo aparecer las terribles noticias por las diversas naciones. Las transcribo o las resumo en un blog que, cuando entro a él, me parece siniestro por la clase de noticias que contiene.
Me he preguntado incluso muchas veces si no será contraproducente, dándome cuenta de que entran en él muchas personas que no tienen más interés por las travestis que el sexo. Pero pienso también que se encuentran, al buscarlo, con una realidad terrible, y que ésta puede conmoverles.
También puede servir para que quede constancia de nombres y vidas, todas juntas en hermandad, y para que sintamos horror por una situación de marginación (el auténtico odio constante, frío y poderoso) que se lleva por delante la manera de vivir y la propia vida de tantas jóvenes trans.
Somos nosotras. Cuando pienso en las condiciones de vida que teníamos en España hace unos cuantos años, veo que sólo conociamos, como ellas, la marginación o el armario pavoroso.
El blog está en
http://vidadetravestis.blogspot.com . En él aparecen todas las historias, no de vida, sino de muerte, que evidencian directamente la presencia del odio, y las que, sin venir del odio, me parecen fruto de una marginalidad que todavía les parece a muchos natural.
Quiero intercalar todo lo que sepa que son historias de vida. En Argentina, sin ir más lejos, domina desde hace un par de años la curiosidad mediática, el espectáculo, el glamour. Bien está, con que no se quede en eso, y ceda el paso gradualmente a la normalidad social y laboral, a la maravillosa grisura que significará que las trans no serán ya marginadas.
Mientras tanto, me parece incluso admirable que sigan usando el nombre de travestis como nombre de guerra pacífica, como asunción de esa identidad y su humilde dignidad, su conciencia de marginación desde el nombre, para reivindicar el fin de la marginación, o lo que es lo mismo, su ingreso práctico en la ciudadanía plena a la que todas tenemos pleno derecho.
Kim