La identidad de genero, es decir donde nos ubicamos
cada uno de nosotros en los roles sexuados, está condicionada por una serie de
factores biológicos, psicológicos y sociales, que van a conformar una parte
importante de nuestra personalidad y van a condicionar nuestra relación con los
demás.
De este modo podemos hablar de una percepción de
nuestra identidad de género, es decir de aspectos psicológicos, y de cómo nos
mostramos hacialos demás, es
decir de aspectos sociológicos. Indudablemente para poder gozar de una buena
salud psíquica hemos de podernos manifestar socialmente de acuerdo con nuestro
sentir psicológico.
Desgraciadamente
la represión social a determinados comportamientos de las personas hacen que en
demasiadas ocasiones no podamos expresar nuestra forma de ser con libertad y
queden reprimidos nuestros deseos y nuestra forma real de sentir.
En
la adolescencia nacen los impulsos sexuales, propiciados por el disparo hormonal
que conlleva y es entonces cuando nos vamos posicionando en lo que respecta a la
identidad de género. Nos empiezan a gustar los chicos o las chicas, nos
sentimos chicos o chicas y eso suele estar en consonancia con nuestros
caracteres sexuales externos.
Pero
hay personas en las que esa consonancia no existe. Hay chicas que les gustan las
chicas, chicos que les gustan los chicos y eso se lleva frecuentemente con
discreción debido a la anteriormente mencionada represión social,
representando un problema por no poder expresar pública y abiertamente esta
opción sexual.
El
problema se multiplica cuando la cuestión no es la atracción sexual por parte
de personas del propio sexo sino que estriba en sentirse identificado/a como
personas del sexo opuesto, obviamente ello conlleva adoptar las vestimentas y
los roles de esas personas con el consiguiente rechazo social.
Pero,
que daño hacen esas personas para no poderse mostrar como realmente desean? La
respuesta solo puede encontrarse en la ignorancia y la falta de sensibilidad de
demasiada gente, puesto que cada uno tenemos el derecho a ser como somos
mientras con ello no perjudiquemos a los demás y la homosexualidad y
transexualidad no perjudican a nadie, simplemente son opciones personales que
atañen a las preferencias y gustos de cada uno, sin inmiscuirse en la vida del
resto de ciudadanos.
En
las líneas siguientes trataremos de explicar como se desarrolla el ser humano,
especialmente en lo referente a su personalidad.
LA PERSONALIDAD, ENTRE LA GENÉTICA Y EL ENTORNO
Cuando
nace un/a niño/a lo vemos como un ser indefenso, totalmente dependiente de los
cuidados de las personas de su entorno. En cambio apreciamos que otras especies,
como el caballo por ejemplo, nada más nacer ya son capaces de levantarse para
beber la leche materna.
Esto
nos podría hacer pensar que somos una especie débil comparada con las demás,
pero ahí es donde radica nuestra fortaleza. Los humanos estamos muy poco
desarrollados comparados con otras especies en el momento de nacer y seguimos
una larga maduración fuera del seno materno, lo cual nos permite ser lo
complejos que somos.
Evidentemente,
como podéis suponer, el hecho de tener que completar este desarrollo en
ambientes externos muy variados dará lugar a gran diversidad de conductas y
formas de pensar y sentir, mediatizados por factores sociales que en intima
relación con el desarrollo que la genética nos impone condicionan la
personalidad de cada ser humano.
Un
aspecto importante de la personalidad de cada uno es la identidad de genero.
Cuando una persona se siente perteneciente al sexo opuesto al que los caracteres
sexuales externos le imponen debería aceptarse con total normalidad, puesto que
de lo contrario está en juego el equilibrio psíquico de esa persona.
Por
qué ocurre esto? La respuesta no es sencilla, evidentemente, pero podemos decir
que se puede deber a factores genéticos, psicológicos o a una mezcla de ambos.
Primeramente
veremos como la genética condiciona el desarrollo del ser humano y después nos
ocuparemos de como la interacción social contribuye al desarrollo psicológico
del individuo.
ASPECTOS GENÉTICOS
La especie humana se caracteriza por tener en el núcleo
de cada una de nuestras células 46 cromosomas, 23 procedentes de la madre y 23
del padre, formando parejas.
Hay
una excepción: las células reproductoras, óvulos y espermatozoides, que
contienen solo 23 cromosomas, de este modo cuando se produzca la fecundación el
huevo, la célula a partir de la cual se formará el nuevo individuo, tendrá
los anteriormente mencionados 46 cromosomas característicos de nuestra especie.
Una
de las parejas mencionadas contiene la información ligada al sexo y los
cromosomas que la componen reciben la denominación XX
en las mujeres y XY en los hombres.
Como
hemos mencionado anteriormente, las células reproductoras contienen uno solo de
estos cromosomas, así los óvulos siempre contendrán un cromosoma X y los espermatozoides pueden contener uno u otro.
Estas
células se producen en tejidos especializados, mediante un proceso de división
celular llamado meiosis que las deja
con la mitad de su carga genética original.
Cada
cromosoma contiene millones de datos para configurar al nuevo ser y en esas
uniones y desuniones se producen constantes cruzamientos, de modo que los nuevos
cromosomas generados pueden contener informaciones mezcladas respecto a los
originales.
Cuando
se produce la fecundación, la presencia/ausencia del cromosoma Y va a condicionar una serie de procesos que van a dar lugar a que
el nuevo ser tenga los caracteres sexuales masculinos o femeninos.
Pero
la genética es extraordinariamente compleja y los cruzamientos mencionados y,
posiblemente otros factores aun hoy desconocidos, hacen que a veces se den casos
de ambigüedad en los caracteres sexuales externos y se atribuya un genero
equivocado a determinadas personas.
Ni
que decir tiene que en función de sus circunstancias personales estos
individuos vivirán con más o menos suerte su situación.
Si,
como vemos, los atributos sexuales no siempre se corresponden con el género de
cada uno, el sentir psíquico tampoco.
Se
ha observado que el cerebro del hombre y el de la mujer no son idénticos. Una
diferencia substancial es la parte central que conecta ambos hemisferios,
denominada cuerpo calloso, que en las
féminas es más ancho.
No
hace falta que digamos que esto no afecta a la inteligencia ni a la capacidad de
unas y otros, pero si que condiciona diversos aspectos emocionales al conectar
de forma diferente ambos hemisferios.
Recientes
investigaciones parecen haber observado que personas transgenéricas de hombre a
mujer tenían esa parte del cerebro más ancha que los hombres, lo cual podría
explicar algunos casos de transexualidad.
La
explicación a esto podría estar en el desarrollo embrionario del individuo.
Cuando se desarrolla el nuevo ser en el seno materno se ve bañado por
determinadas hormonas que se segregan en forma y proporción diferente en función
de la presencia o ausencia del cromosoma Y,
que condicionan los caracteres sexuales externos y posiblemente otros muchos
aspectos que en la actualidad se escapan a nuestro conocimiento.
Tengamos
también presente que hasta la pubertad diferencia física básica entre niñas
y niños es la genital y que a partir de ese momento las hormonas, puestas en
marcha por procesos dependientes de la genética de cada uno, van a dar forma al
cuerpo de chicas y chicos y a sus caracteres sexuales secundarios.
Todo
este fluir de hormonas también participan en el desarrollo de nuestrapersonalidad y carácter. Tengamos en cuenta que las mujeres experimentan
cambios en función de su proceso ovulatorio, dependiente de la secreción
hormonal.
En
definitiva podríamos pensar que algunos casos de transexualidad puedan deberse
a variaciones genéticas del individuo que sean responsables de que en su
desarrollo embrionario y/o en la pubertadhayan
tenido lugar procesos hormonales diferentes de los esperados en su sexo genético
de forma que su percepción de género sea la que corresponda al opuesto.
ASPECTOS PSICOLÓGICOS
La
psicología nos explica como el ser humano va construyendo su personalidad a
partir de la interacción con el entorno, considerando los aspectos genéticos
como potenciales, actualizándose en función de esa relación social.
Podemos
apreciar la gran importancia del ambiente en la formación de la personalidad
del individuo, de este modo las relaciones que establezcamos en nuestra más
temprana infancia condicionarán las posteriores, de forma que aquellos modos de
interacción que nos resulten gratificantes serán reforzados y los que no se
tenderán a dejar de lado.
Cuando
nacemos, o incluso antes con los medios técnicos actuales que permiten conocer
el sexo del que va a nacer, se nos trata como niñas o como niños de forma
diferenciada, des del color de la habitación o la ropa hasta el hecho de
perforarnos o no los lóbulos de las orejas.
Todo
ello va a conformar nuestra identidad sexual, de forma que iremos sintiéndonos
pertenecientes a uno u otro sexo en función de cómo se nos trate.
A
veces este trato no se corresponde con nuestro sentir psíquico, es decir no nos
encontramos a gusto con el rol que socialmente se nos quiere imponer en función
de los atributos mostrados al nacer, y nos rebelamos contra esta imposición. De
modo que un niño tome ropas de su hermana o una niña muestre un comportamiento
más bien masculino. Pero estas conductas son reprimidas en diferentes formas y
grados, pudiendo afectar seriamente al desarrollo psíquico de ese individuo.
Pero
en la infancia las pulsiones sexuales no son tan fuertes como en la
adolescencia, etapa en la cual se producen grandes conflictos, máxime cuando la
atracción sexual y/o la identificación con uno u otro género no son los que
la sociedad espera de nosotros. Cuando eso ocurre es cuando toda la represión
social se vuelca sobre el individuo intentando condicionarle para que se
comporte según marcan los cánones, con los consiguientes conflictos que ello
le generará.
La
explicación psicológica a esta forma diferente de comportarse se podría
centrar en el ámbito de las interacciones del propio individuo con las personas
de su entorno cercano, principalmente con la madre y con la presencia
mayoritaria de personas del sexo opuesto al propio en ese citado entorno. Se
dice que un entorno carente de la figura paterna, con una madre superprotectora
y con varias hermanas mayores pueden condicionar a un niño a querer sentirse niña.
Pero
no sólo son importantes las relaciones en el entorno más próximo, sino que
también lo son todas y cada una de las que el individuo mantiene en su proceso
de interacción social, creando un marco extraordinariamente complejo que en la
mayor parte de los casos es difícil de poder esclarecer.
EN DEFINITIVA
Debe
haber un número importante de personas transgenéricas que puedan atribuir este
hecho a factores genéticos, otras a entornos que han propiciado el desarrollo
de pautas de interacción, que en nuestra sociedad, se atribuyan al sexo opuesto
al propio y otras a la interacción de ambos aspectos.
Sea
cual sea el motivo lo que debe quedar claro es que esta variabilidad no se debe
considerar como una anomalía, ya que una anomalía lo sería en el caso de que
fuera perjudicial para el individuo y el transgenerismo no es perjudicial, por
lo cual no se debe en ningún caso tratar a estas personas como enfermos ni físicos
ni mentales y mucho menos discriminarlos de ningún modo.
Desgraciadamente
hoy por hoy estas personas no pueden llevar una vida en consonancia con sus
deseos ni tan sólo en sociedades avanzadas como la nuestra sin sufrir en sus
carnes comentarios y situaciones que limitan su libertad personal, de modo que
estos hechos son los que pueden conducirlos a desequilibrios psíquicos y a caer
en la marginalidad.
Por
tanto tengamos presente que con actitudes retrógradas podemos hacer mucho daño
a personas tan buenas como cualquier otra, con sus sentimientos y sus ilusiones,
pero que quieren vivirlas desde la mentalidad del sexo opuesto al que les dio el
nacimiento y permitamos que cada uno viva su vida a su modo, solo de este modo
las personas transgenéricas podrán optar a cualquier puesto de trabajo como
cualquier otro ciudadano,con lo
cual podrán realizar sus deseos y vivir la vida en plenitud.