Uso y abuso del término querida, pero no podemos dejar de querer a aquellos que
nos dan -aunque sea por un instante- un poquito de su corazón.
Soy Tamara, venezolana, abogada y transexual de cuarenta y tantitos años.
Raramente entro ahora en la red para ver páginas transexuales. Pero puedo decir
que en una época fue frecuente: tratando de encontrar recursos y ayudas que,
por mucho tiempo, me fueron negados en mi medio.
En este caso, fue por casualidad, pues buscaba información sobre la SRS, ya que
-luego de haber cumplido con todos los pasos establecidos por los protocolos médicos-
estoy en proceso de contactar los cirujanos del caso.
Y en mi búsqueda encontré tu página. Y en ella encuentro elementos de
información importantes.
Para nosotras las transexuales, buscarse y encontrarse, y tener la valentía de
asumir las consecuencias de ese encuentro con el ser interior que es tu esencia.
Y esta es una de las más raras cualidades del ser humano.
La mayoría de los seres humanos viven para complacer a otros. En función de
otros. Perdiendo así su identidad y su individualidad, para pasar a ser un
"elemento del colectivo".
Como toda transexual, desde mi más tierna niñez me he sentido mujer. Sin
embargo, sufrí del miedo paralizante que me impidió tomar las riendas de mi
vida en mis manos desde mucho antes. A pesar de haber incidentalmente tomado
hormonas en mi adolescencia tardía y luego en muchísimas oportunidades después,
siempre había un tabú que me obligaba a renunciar a mis sentimientos, para
convertirme en lo que los otros consideraban "aceptable". Tomando en
consideración que vengo de una familia de profesionales, me ensimismé y me
dediqué de lleno a mis estudios universitarios en Venezuela. Luego obtuve un
doctorado y otros diplomas de post grado en París.
Y luego, el tener que "hacer carrera" me "obligaba" a
"acallar mi ser básico". A amoldarme a la regla.
Y he tardado más de cuarenta años en gestarme y nacer.
Hoy en día ejerzo mi profesión universitaria y he efectuado mi transición en
mi trabajo. Y sigo gozando de un respeto ganado a fuerza de un trabajo
constante. He descubierto en mi transformación que los otros te respetarán y
te admirarán en la medida en que seas congruente y coherente contigo misma.
Hoy por hoy puedo decir que el hecho de ser transexual es un simple
"accidente" del ser. Pero muchas transexuales hacen de ese
"accidente" el centro de sus vidas. Olvidándose de crecer como
personas.
Si alguna enseñanza profunda ha salido de ese "accidente" que me ha
tocado vivir, y quiero compartir, ha sido que el pensamiento sobre la
transexualidad nunca puede convertirse en el "centro de tu vida", sino
en un elemento de empuje y crecimiento. Para llegar a ser cada vez más humana y
más íntegra.