Archivos de reportajes

 

 

 

 
 
                          `` Vivir bajo una piel ajena ´´ Historia de transexual que quieren quitar su hijo

 

Alex Pardo afronta una reasignación de sexo para convertirse en mujer sin renunciar a la paternidad 

Alex Pardo lo arriesgó casi todo por convertirse en la mujer que asegura llevar dentro "desde hace 28 años".  En el 2002 esta transexual lucense decidió dar el paso definitivo hacia la feminidad sin renunciar a su hijo por el que libra una dura batalla judicial desde hace meses. 

ÁNGELES F. MAIRA-. La historia de Alex - un cómodo diminutivo de Alexia- Pardo Vila ha saltado a la primera línea de la actualidad nacional, a raíz del proceso judicial en el que esta transexual lucense de 28 años se encuentra inmersa para defender su derecho a ejercer como el padre que es y del que se ha visto privado de facto desde hace meses -como hace constar en una lista interminable de denuncias-, aunque haya logrado conservar la patria potestad por una reciente sentencia judicial.

En ésta se cuestiona su equilibrio emocional debido al proceso de transformación que lleva a cabo y que ordena un régimen de visitas "similar" al que se aplica a los progenitores "en los casos de abusos y maltrato a menores", en palabras de Alex, por mucho que la declaración de su hijo ante el juez haya eliminado cualquier sombra de duda sobre este particular, poniendo de manifiesto "el cariño" que este hijo siente por su padre, si bien "preferiría que no se maquillara", admite el afectado.

Sin duda, el pequeño comparte con su progenitor la añoranza de tiempos mejores, tan sólo dos años atrás, cuando, tras la separación de los padres, "podíamos quedar los dos para ir con el niño a comer, al cine o a cenar una pizza por ahí, y poder pasar de estas locuras", manifiesta Alex

Esta situación comenzó alterarse "cuando inicié el proceso de cambio de sexo", una decisión que no tomó a la ligera, sino "después de que un psiquiatra y un psicólogo" le hubieran diagnosticado "disforia de género". Según los expertos, y en contra de una errónea opinión bastante generalizada, no se trata de una variación de la conducta sexual, sino de un problema de genero que hace que la persona se identifique con el contrario al que le ha Asignado la naturaleza, lo que provoca infelicidad e insatisfacción con uno mismo.

La transexualidad intentó curarse hasta 1950, cuando un psiquiatra y endocrinólogo anglosajón aplicó. Ambas especialidades al estudio de la transexualidad, concluyendo en que si no se podía cambiar la mente, habría que cambiar el cuerpo para evitar problemas mayores, como el. Suicidio o el consumo de drogas.

Alex no tomó la decisión al albur, sino que sopesé todas las consecuencias. Informático de profesión, "creí que iba a perder a los clientes, amigos y hasta que iba a ser objeto de burla para la gente", pero, en este sentido, "fue mucho mejor de lo que me esperaba", aunque no oculta que hubo algún que otro problema "con niñatos mal educados".

            No ocurrió lo mismo en el entorno familiar. La primera persona a la que el hasta entonces Alejandro comunicó su decisión fue a su ex mujer. "que tras la lógica reacción de sorpresa, me dijo que me apoyada en todo", como así lo esperaba de la persona de la que se había separado "amigablemente", y con la que mantenía "muy buena relación y un hijo en común para el que los dos queríamos lo mejor". En aquel momento "lo único qué nos preocupaba era cómo planteárselo para que lo entendiera", añade.

Las cosas cambiaron "cuando empecé con el tratamiento hormonal" y la forma de vestir y el maquillaje hicieron evidente la situación.

Reconoce que le ayudó "a dar el paso" el hecho de que "mi padre, al que le tenía un respeto enorme, ya había muerto". En cuanto a su madre, "respeta mi decisión, pero no la acepta. Tiene 70 años y se le hace muy difícil asimilaría". También influye en ello "el sufrimiento que ve a su alrededor".

Su único hermano, "militar y cuñado de mi ex mujer", tampoco acepta la situación. "No me habla", resume Alex, quien manifiesta que la mayor parte de los apoyos "han venido de fuera, concretamente de la Asociación de Transexuales de Madrid y de la Fundación de Identidad de Género de Barcelona, a las que me dirigí para informarme", explica. 

Un largo proceso

Los pasos siguientes "ya fueron en Lugo", donde un psiquiatra y un psicólogo, "sin otra información que 195 síntomas que yo presentaba (crisis de ansiedad e insomnio, entre otros), coincidieron en el diagnóstico de disforia de género", cuya única cura es "el tratamiento hormonal y el cambio de sexo", que espera afrontar "dentro de un año".

El tratamiento hormonal que lleva a cabo "bajo la supervisión de un endocrinólogo", tiene como objetivo "cambiar las características físicas de la persona", explica el endocrinólogo José Ignacio Vidal Pardo. En el caso de los varones, "se administran hormonas femeninas para que aumenten las glándulas mamarias". Éstas "también provocan cambios en el depósito de grasa corporal, lo que permite adquirir formas femeninas". También se administran hormonas masculinas "para eliminar el vello". 

Riesgos

Respecto a los riesgos, este especialista lucense señaló que "estos tratamientos no son del todo inocuos, por las fuertes cargas hormonales que se administran, sobre todo al principio del tratamiento", de ahí la necesidad de un control y seguimiento médico a lo largo de todo el proceso, cuya duración está en torno a los dos años. Al cabo de este tiempo, la persona ya está en disposición de someterse a una operación de reasignación de sexo.

En España sólo la sanidad and4luza, concretamente el hospital Carlos Haya de Málaga, realiza este proceso -informe psicológico, tratamiento hormonal e intervención quirúrgica- de forma gratuita.

En el resto de Estado los transexuales tienen la opción de acudir a clínicas privadas, "donde cuesta alrededor de 25.000 euros" (la elección de la mayoría), o empadronarse en Andalucía para intentar solventar su problema gratuitamente, recurso al que han acudido un número importante de transexuales, y que no descarta Alex, aunque tampoco desestima trasladarse "a Ámsterdam o al Reino Unido".

Al respecto, explica que "ya son dos las personas que se operaron en Málaga y no quedaron bien, una estéticamente y la otra porque no tiene sensibilidad en los genitales, algo que diferencia a los transexuales femeninos de los masculinos", explica.

Una alternativa al empadronamiento en Andalucía es acudir al médico de cabecera y plantearle el tenía, ya que podría poner en marcha los informes psicológicos y buscar una fórmula para derivarlo a la sanidad andaluza, pon cuanto la ley permite acudir a otros hospitales si en los de la comunidad no hay medios para hacer determinadas intervenciones.

Además de los riesgos normales de cualquier operación, el cambio de sexo tiene otros añadidos. Para Alex, "los más graves son los de tipo psicológico", lo que ocurre "cuando la persona no se identifica con sus nuevos genitales", algo que no tiene vuelta atrás, ya que este tipo de intervenciones quirúrgicas son irreversibles.

            Con la seguridad que le otorga el encuentro físico con la mujer que lleva dentro "desde hace veintiocho años", a Alex no le quita el sueño tal posibilidad. No ocurre lo mismo con ''el ~ que sufre desde hace meses al verse privado de la compañía de su hijo. "Me haría menos daño que me dieran 80 puñaladas que lo que me están haciendo al privarme de estar con mi hijo", asegura este padre, que teme que los prejuicios sociales, "porque él no los tiene", logren arrebatarle el cariño de su hijo.

Aunque ha interpuesto un mar de denuncias por el incumplimiento del convenio de visitas que tenía con su ex mujer, lo que más le duele ah0r4 es la sentencia que limita los contactos paterno filiales ~ a unas horas determinadas, bajo vigilancia, como si fuera un maltratador ", algo que atribuye "al sentimiento de transfóbia tan arraigado en nuestra sociedad".

Al margen de su coyuntura particular y de los problemas sanitarios que conlleva el cambio de sexo, los transexuales como Alex debe afrontar el cambio de identidad, "un proceso largo y angustioso" para las personas que lo solicitan, esencialmente, "porque mientras no concluye el ciclo no se puede cambiar de identidad". 

Legislación

Ante la falta de legislación sobre transexualidad en España, hasta ahora los jueces siguen la jurisprudencia existente en el país y las referencias del Tribunal Supremo de Justicia.

Existe una resolución del Parlamento Europeo de 12 de septiembre de 1989, y en el plano legal pocos países (entre ellos Italia, Alemania, Suecia y Holanda) le han dado solución.

En este momento se está trabajando en una ley sobre la identidad sexual, a propuesta del grupo parlamentario socialista.

El procedimiento habitual para obtener el reconocimiento de la nueva identidad consiste en pleitear contra el Estado español (a través del Ministerio Fiscal),"interponiendo un juicio declarativo de menor cuantía, para que aquél se dé por enterado. 

REACCIÓN 

Una realidad que genera rechazo familiar y social

Respecto a la reacción del entorno de la persona transexual, psicólogos y psiquiatras coinciden en señalar que en la mayoría de los casos, el descubrimiento de esta condición y los cambios físicos que acompañan al tratamiento de cambio de sexo son una sorpresa para todos.

Así, la reacción común entre familiares y amigos es de desconcierto, al sentir que han sido engañados, y de rechazo.

Muy pocos se plantean que los transexuales sufren una gran presión para adecuarse a rol que la sociedad dicta Corno adecuado para hombres y mujeres, negándose su realidad.

El proceso de adaptación y la asunción de la identidad de género por par-te del transexual y el inicio en un tratamiento marca un punto crítico en las relaciones.

Al principio, familiares, amigos o cónyuges tratan de que el transexual sea curado con medicamentos o terapia, porque no están dispuestos a aceptar el resultado inevitable. Cuando empiezan a darse cuenta de que la cura que ansían no es posible, la relación cae bajo una gran presión, como ocurre en el caso de Alex Pardo, aunque confía en que "el tiempo" y sobre todo la apertura social permita que se nos valore como a seres humanos". 

Requisitos

Para cursar la solicitud son requisitos indispensables ser mayor de edad, gozar de plena capacidad mental, ser soltero o divorciado.

Además, es necesario aportar 'a mayor cantidad de pruebas posibles (informes médicos y psiquiátricos, entre otros) y la documentación acreditativa de la identidad de la persona interesada (inscripción en el Registro Civil, Libro de Familia, etcétera.

Por último, hay que pasar un examen forense, que consiste en un reconocimiento visual, tras el cual se emitirá un certificado al juez, que dará o no la autorización.

Una vez obtenido el cambio de nombre y de sexo en el registro civil, o una anotación al margen, ya es posible la rectificación de todos los demás documentos oficiales, empezando por el Documento Nacional de Identidad y siguiendo con los demás documentos (carné de conducir, titulaciones, cursos y permisos varios), algo que es muy importante para la normalización de un transexual, al ser declarado hombre o mujer de forma legal, "que es lo que nos permitirá hacer una vida completamente normal, sin problemas de discriminación", concluye Alex Pardo.

15-11-2004  Comenta este reportaje ( indica en el titulo el reportaje del que estas hablando )  Midi 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

`` La hora de los asexuales ´´

 

Biografías trans e informes sobre transexualidad

 

Ni homo, ni hetero, ni metrosexuales. La última etiqueta en materia de libido y deseo se refiere a hombres y mujeres que, simple y llanamente, no tienen interés alguno por el sexo. Según estimaciones, un 3% de la población mundial del que, sorprendentemente, apenas habíamos oído hablar. Pero los asexuales están comenzando a organizarse y hacerse un sitio en la sociedad: reivindican no ser tratados como enfermos en un mundo donde impera el fervor sexual. Ahora les toca a ellos salir del armario

Crónica Mundo. Lissi Sánchez-. Se ha demostrado que conforman cerca de un 3% de la población mundial –que en España sería tanto como decir cerca de 1.300.000 personas–, pero casi no hemos oído hablar de ellos: se trata de una creciente comunidad de hombres y mujeres que, sencillamente, no se sienten atraídos sexualmente hacia otras personas. Son los llamados asexuales, empeñados en sentirse normales pese a quienes les tachan de raritos y de enfermos mentales. En muchos casos, prácticamente carecen de impulsos sexuales. Otras veces la sexualidad existe pero no se despierta con el contacto humano. En todo caso, sus páginas web afloran en Internet con un fin primordial: necesitan encontrar otras personas como ellos y, con suerte, poder formar una pareja donde las emociones y la comunicación no se canalicen necesariamente en la cama.

¿Pero es posible nacer asexual? Los doctores aseguran que Lucía, una filóloga de 33 años que nunca ha mantenido relaciones íntimas, no padece ninguna tara física que le impida sentir deseo. “La experiencia juega un papel fundamental en el desarrollo saludable de nuestra sexualidad. Un ambiente represivo o excesivamente promiscuo puede provocar una negación en este terreno”, asegura la psicóloga y educadora sexual María de Montes. La educación parece definitiva en la trayectoria de Lucía, que admite estar muy influenciada por la convivencia con su madre, “divorciada y con tendencia a la promiscuidad: al final, todas sus relaciones se convertían en una especie de psicodrama por culpa del sexo. Las relaciones ya son suficientemente complejas como para añadir un nuevo factor de discordia y creo que el placer se puede obtener de muchas otras maneras”.

Pese a que Lucía descarta el sexo de manera voluntaria, se considera muy alejada de los llamados célibes, que deciden abstenerse por principios morales o religiosos. En su caso, una de las causas que rigen su conducta es la ausencia total de apetito carnal: “Mi cuerpo nunca ha reaccionado como debería. He tenido varios novios, que han intentado estimularme hasta la saciedad, pero yo, como si nada. Desde luego que era muy frustrante para ellos, pero lo cierto es que, al final, siempre terminaba dejándoles yo. Creo que al no acostarme con ellos tampoco se despierta en mí esa pasión o romanticismo habitual en las parejas. De alguna manera no comparto ese tipo de intensidad emocional, ni tampoco la necesidad de estar todo el día pegada a alguien. La verdad, prefiero la variedad; me encanta pasar tiempo con mis amigos y con mi familia. Creo que la asexualidad, en mi caso, me ha convertido en una persona muy generosa: como no estoy enfrascada en mis meollos emocionales, tengo más tiempo para ayudar a los demás”.

A pesar de todo, reconoce haberse sentido incomprendida durante muchos años. “He sido el bicho raro de la pandilla desde siempre, pero, lo que es la vida, de tanto luchar para vencer mis miedos he terminado destacando por mi seguridad. Tengo muy claro que prefiero vivir sola, que no quiero tener hijos ni pareja, y ya no me importa gritarlo a los cuatro vientos”. Lucía desconocía la creciente creación de sitios web para gente como ella, en su mayor parte de origen estadounidense. “Los americanos siempre se preocupan de buscar apoyo para los grupos minoritarios y no me parece mal. Tal vez si en mi adolescencia hubiese oído hablar de casos parecidos al mío me habría sentido menos confusa. Ahora, creo que no deberían meternos a todos en un mismo saco; no se trata de crear escándalo ni de oponerse a los valores reinantes”.

Geri Rich Jones, cantante y fundadora de la Sociedad Asexual Americana, se sintió amparada y feliz al entrar en contacto con otros de su misma condición gracias a una de estas páginas. “Siempre me ha desconcertado la excesiva importancia que se le concede al contacto físico, así que al conocer a personas semejantes me sentí muy aliviada. Sin duda es muy importante que alcemos la voz y nos apoyemos entre nosotros: mi primer novio me abandonó por culpa del sexo y me hizo muchísimo daño. La única vez que lo intentamos sentí muchísimo asco y eso no ha variado en absoluto, así que dudo que se trate de algo temporal. No me atraen los hombres ni las mujeres. Simplemente, nací asexual, nunca me he acostado con nadie y no creo que vaya a cambiar a estas alturas. Me encantaría tener hijos pero supongo que tendré que adoptarlos o hacerme una inseminación artificial”, concluye. Tal vez el pasado y la educación de Geri, nacida en una familia con un padre homosexual, también sea crucial para entender su condición.

Hay quien sostiene que el bombardeo sexual al que nos someten los medios de comunicación –publicidad, cine, televisión...– también puede ser causa de repugnancia y conductas de este tipo. Philip Hodson, miembro de la Asociación de Psicoterapia Británica, asegura que muchas personas terminan aparcando el deseo porque no se identifican con la imagen que se vende del sexo. “La televisión nos educa de manera muy reduccionista y existe una sobrevaloración de la parte genital o coital. Se trata de un punto de vista muy instintivo y animal, apenas se baraja la parte afectiva y emocional de las relaciones físicas. Es normal que algunas personas terminen por rechazar el sexo, de manera consciente o inconsciente”, explica De Montes. El temor excesivo a las enfermedades de transmisión sexual, y muy especialmente al sida, también puede dañar notoriamente la vida íntima de algunas personas e, incluso, conducir a la asexualidad.

Para la sexóloga Pilar Cristóbal, este nuevo boom no es más que una nueva manipulación de los valores en alza. “No se trata en absoluto de un fenómeno moderno. Ese 3% asexual siempre ha existido, ya sea por enfermedad, depresión o simple rechazo”. Tampoco considera que la omnipresencia del sexo en nuestras sociedades pueda llevar a la supresión del deseo: “Los romanos se rodeaban de símbolos fálicos, el Renacimiento estaba poblado de vírgenes desnudas, y no por ello la gente se tornaba asexual. Sin embargo, si eliminas el sexo de tu vida de forma voluntaria ese órgano acaba por atrofiarse. Ya lo dice el refrán: si abandonas a la lujuria un mes, ella te abandona tres. El sexo es una necesidad secundaria, podemos vivir sin él y nuestro cerebro lo sabe. Sin embargo, la negación del deseo termina por convertirse en un trastorno; no es normal sentir repugnancia por una función biológica”, afirma tajante.

Pese a todo, Cristóbal considera que es posible nacer así: “Hay gente que viene al mundo con una secreción hormonal menor, con una biología menos intensa. En la mayoría de los casos, es posible obtener una mejoría con un tratamiento”. También existen algunos tipos de anemia que eliminan el deseo: mucha gente convive con una enfermedad sin ser consciente de lo que le sucede a su cuerpo. También es frecuente que la depresión, el estrés o cualquier otro exceso de adrenalina (traducida en ira, alegría o tristeza extremas) produzca una pérdida del apetito carnal. “Normalmente se trata de trastornos temporales, pero también es muy posible vivir con un desequilibrio físico de por vida sin que ni siquiera seamos conscientes de ello. Sea como fuere, lo importante es sentirse a gusto con uno mismo. La asexualidad no es un problema mientras no se perciba como tal, lo importante es cómo lo percibe la persona y el resto no debería empeñarse en juzgar”, asegura la sexóloga.

Habitualmente, los problemas llegan en la relación con los demás. ¿Es posible la pareja sin sexo? “Todo es posible mientras se estén teniendo en cuenta los deseos de ambos; la negociación debe ser primordial. Por supuesto, es más sencillo cuando ninguna de las partes siente deseos o ambos comparten una inclinación porque, cuando el rechazo es sistemático, lo habitual es sentirse despreciado y pensar que no te quieren. Una comunicación abierta y sincera se vuelve fundamental”, afirma, por su parte, la educadora sexual María de Montes. El testimonio de la americana Terri Barret, casada en terceras nupcias y madre de una niña, encarna una esperanza para muchos de los asexuales que pueden hablar con ella a través de la Red. “He pasado años manteniendo relaciones íntimas por el mero hecho de complacer a mi pareja y eso me hacía infeliz. Recuerdo que durante el embarazo y el posparto me sentía aliviada porque tenía una excusa perfecta para no hacer el amor. Por fin he encontrado a alguien que está dispuesto a aceptarme como soy, que no me exige algo que no puedo darle y, aunque comprendo que puede resultar injusto para él, tenemos una vida afectiva muy rica basada en el amor y el respeto. Dormimos juntos y nos encanta abrazarnos. Estoy segura de que existen muchas parejas como nosotros que se avergüenzan de admitirlo”, apunta. Con independencia de cuál sea la tendencia, los sexólogos desaconsejan el sacrificio por cualquiera de las partes: “La masturbación puede ayudar mucho, a solas o en pareja: no es bueno aguantarse las ganas pero tampoco hay que forzar al compañero”, aconseja Cristóbal.

La creciente expectativa y presión cultural por estar a la altura puede considerarse como otra de las causas que influyen notoriamente en la naturalidad de las relaciones físicas y el apetito sexual. “Ya no se trata de lo permitido versus lo prohibido, sino de lo normal contra lo anormal”, reflexiona el francés Jean Claude Guillebaud en su ensayo Tiranía del placer. Un 42% de los españoles admite mantener relaciones de dos a cuatro veces por semana, el 4% mantiene como mínimo un contacto al día y casi un 8%, de cinco a seis veces por semana: el sexo ha perdido su carácter privado para convertirse en una competición donde las comparaciones se vuelven inevitables. “La intimidad física se asemeja a un examen de deseos cuantificado por estadísticas cuando debería ser un derecho humano a un placer mínimo, vital y móvil. No se trata de exigir el orgasmo olímpico”, concluye Guillebaud.

Tal vez esta exigencia extrema también sea responsable de una nueva hornada de hombres dispuestos a pasar del asunto. Pese a sentir los impulsos considerados como normales, existe una creciente generación de hombres solteros que, a la hora de la verdad, prefiere no complicarse la vida. “Hasta hace poco creíamos que el hombre siempre estaba dispuesto y que la excusa del dolor de cabeza era algo exclusivo de las mujeres, pero la situación ha cambiado. La liberalización de los roles sexuales permite a la mujer mostrarse más promiscua, pero también implica que el hombre es libre de rechazar el sexo. Por fin admiten que no les apetece siempre ni con cualquiera, lo cual debe verse como algo muy positivo”, explica De Montes. Pilar Cristóbal también aporta algo en este terreno. Considera que el orgasmo femenino se ha vuelto tan protagonista que “a los hombres se les pasa el arroz de tanto aguantar: así es que es mucho más gratificante jugar un partido de tenis. A las mujeres les cuesta mucho pedir lo que de verdad quieren, pero, sin embargo, no sienten pudor a la hora de quejarse”. No en vano, un estudio de la marca de preservativos Durex ha concluido que la mayoría de los hombres españoles, concretamente un 90%, se concentra más en la satisfacción de su pareja que en la suya propia. Algo que es una evidente muestra de buena voluntad, pero que no resulta precisamente muy placentero.

Además, a pesar de que ambos sexos buscan el compromiso por igual, a menudo los hombres se sienten presionados ante el cambio de roles de género, lo que irremediablemente afecta en su conducta sexual: “Se les exige atención, cariño y masculinidad por un lado, pero, por el otro, la mujer quiere ser libre y manejarse a su antojo. Son muchas contradicciones y la consecuencia es que un amigo resulta más cómodo que una novia”, añade la sexóloga. Emilio Ruiz, un empresario de 33 años que acaba de alquilar una casa para mudarse con sus dos mejores colegas encaja de lleno en este nuevo perfil. Afirma que prefiere quedarse en casa tomando una cerveza antes que salir de caza por la noche. “Por un lado, las mujeres son unas bordes y piden demasiadas explicaciones. Por el otro, estamos tan rodeados de imágenes de tías buenas que, al final, las que ves por la calle no te gustan. Además, el fácil acceso a la pornografía te facilita el quedarte satisfecho: basta con encender el ordenador”, admite. “Por supuesto que quiero enamorarme pero el sexo, tal y como se plantea ahora, me da mucha pereza”.

Pese a que la encuesta Durex demuestra que la población comprendida entre los 25 y los 34 años es, con diferencia, la más activa sexualmente, también se ha comprobado que los solteros apenas cumplen con una dosis a la semana. Paradójicamente, las relaciones estables tampoco son garantía de asiduidad: la rutina puede llegar a adormecer la libido de manera asombrosa. “Sin duda existe un conflicto entre las necesidades afectivas, que nos llevan a vivir en pareja, y las sexuales: no hay nada tan excitante como seducir a alguien por primera vez”, confiesa Clementina Rubio, diseñadora gráfica de 29 años. “Al principio, mi chico y yo lo hacíamos varias veces al día; pasado un año, los encuentros se volvieron semanales y, últimamente, lo hacemos una vez al mes. Prefiero pensar que es algo normal y no un problema o una señal de que lo nuestro no funciona”.

El estrés se considera otro de los factores externos que más entorpecen la vida sexual en pareja. “No tengo tiempo ni ganas de pensar en el sexo, la verdad. Llego a casa agotada todos los días y lo último que me apetece es que me pongan la mano encima. Me aburre tener que satisfacerle por la noche, cuando estoy pensando en otra cosa o demasiado cansada para excitarme. Aunque, todo hay que decirlo, cuando estoy de buen humor y relajada, me encanta”, explica la vendedora Genoveva Muñiz, casada desde hace cinco años.

“La abstención, la falta de libido, nace de la saturación, y es muy normal atravesar etapas en que tu pareja no te apetece. El deseo sexual no es una constante, hay que dejarse fluir y no darle tantísima importancia. Todos somos asexuales por momentos y todas las conductas deberían aceptarse como naturales: nos hemos empeñado en compararnos con lo que se supone que es sano o normal, y es en ese momento cuando surgen los problemas o el bloqueo”, concluye María de Montes.

Saber más: www.asexuality.org

¿Soy asexual?

(Basado en los cuestionarios de la página AVEN (Asexual Visibility and Education Network), en www.asexuality.org.

La asexualidad es una condición subjetiva que nadie más que uno mismo puede proclamar. No existen criterios estrictos bajo los cuales medirse, ni exámenes que nos señalen semejante condición. Nadie experimenta la asexualidad de la misma manera. Sin embargo, existen ciertas categorías basadas en los siguientes factores:

Atracción. Las personas asexuales difieren mucho en el planteamiento de sus relaciones afectivas. Algunos se sienten fuertemente atraídos por otras personas: necesitan y desean desarrollar un vínculo de intimidad con su pareja pese a que este lazo no implique la sexualidad. No es extraño que estas personas tiendan a considerarse bisexuales u homosexuales. Otros asexuales no sienten atracción alguna por quienes les rodean. No encajan dentro de ninguna orientación sexual, porque no es habitual que lleguen a enamorarse.

Libido. También existen formas diversas de experimentar la libido y el deseo. Algunos asexuales se excitan con regularidad pese a que no existe intención de intimidad sexual compartida. En estos casos, la masturbación se presenta como una opción habitual. Para otros, la libido es sencillamente una molestia que prefieren ignorar. Hay quienes no se excitan en absoluto pero que rehúyen seguir un tratamiento médico por no considerarlo un problema físico ni psicológico.

Relaciones. Existen diversidad de maneras en las que la asexualidad puede intervenir en las relaciones sociales. En muchos casos, estas personas se encuentran a gusto en soledad y tienden a aislarse. Sin embargo, la mayoría se muestra muy activa socialmente y se preocupa por cultivar un amplio círculo de amigos que sepa comprenderles y apoyarles. Algunas de estas personas incluso se involucran sentimentalmente con otras, pese a que la barrera entre amistad y pareja tiende a resultar ambigua y poco clara.

Preguntas. ¿Cuál es la diferencia entre asexualidad y celibato? Mientras que el celibato conlleva una abstención decidida, las personas asexuales simplemente no sienten deseos de relacionarse sexualmente. ¿Un o una asexual puede llegar a enamorarse? Las relaciones que descartan el sexo pueden ser tan cercanas e íntimas como las que sí lo contemplan. El sexo es una manera de expresión emocional, pero no la única: la intimidad física y la complicidad no quedan descartadas en este tipo de relaciones. Sin embargo, mientras que muchos asexuales deciden formar pareja, otros prefieren limitarse a una fuerte amistad. ¿Hay mucha gente asexual? Pese a que muchas personas no se sienten atraídas sexualmente por otras, muy pocas se consideran asexuales. Probablemente se debe a que apenas se habla de esta condición: hasta ahora no se consideraba una opción. La creación de las páginas web para asexuales está ayudando a muchas personas a relajarse y entenderse

Comenta éste reporte ( indica en el titulo de que Bio estas hablando)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 
 
                                                       `` Catalina de Erauso, la monja alférez ´´

 

Juan Antonio Cebrian-. Esta es la historia de una de las mujeres más controvertidas que llegaron al Nuevo Mundo en un tiempo de conquistadores y pendencieros a los que no les importaba dejar sus vidas en el fútil empeño de aumentar riquezas y hacienda. Disfrazada de hombre, transgredió las rígidas normas establecidas y consiguió para sí una merecida leyenda que la convirtió en una de las primeras aventureras europeas que llegaron a los vírgenes territorios americanos.  

Nació en 1592 en San Sebastián (Guipúzcoa) y era hija del capitán don Miguel de Erauso y de doña María Pérez de Galarraga y Arce, un matrimonio acomodado que no hubiese pasado a la crónica de lo insólito de no ser por su díscola descendiente.

La pequeña no tuvo muchas oportunidades en cuanto a su educación, dado que fue internada cuando sólo tenía cuatro años en un convento cuya priora era su tía carnal. De ese modo, nuestra protagonista fue creciendo entre oraciones y hábitos hasta que a la edad de 15 años su corazón libre le empujó a escaparse de aquel recinto sagrado tras haberse peleado con una novicia. Por entonces, el aspecto físico de la forzosa monja no daba a entender que tras sus ropajes se pudiera encontrar mujer alguna. Era poco agraciada, de gran altura para aquella época y sin formas femeninas, e incluso ella misma presumía de haber utilizado una receta secreta con la que conseguía secar sus pechos.

Durante meses deambuló por el país vestida como un labriego, desempeñando oficios exclusivos del género masculino, hasta que llegó a la localidad de Sanlúcar de Barrameda (Cádiz), donde se pertrechaban buques con destino a las Indias. Catalina consiguió un empleo de grumete en uno de esos barcos, para lo que utilizó uno de tantos nombres falsos de los que aparecen en su biografía: Alonso Díaz, Ramírez de Guzmán, Pedro de Orive, Francisco de Loyola o Antonio de Erauso.
Una vez que su nave arribó a las costas de América, obtuvo trabajo como mancebo de un comerciante y, más tarde, se la pudo ver ayudando a un funcionario. En todo caso, las aburridas tareas no suplían la necesidad de emociones fuertes que anhelaba la vasca y, al poco, se enroló como soldado en las unidades reales que combatían a los indios araucanos por el norte de Chile. Su valor temerario en la lucha y la destreza que demostraba con las armas la destacaron en decenas de refriegas y, por méritos propios, fue ascendida al grado de alférez.

Pero Catalina tenía algunos defectos que la comprometieron en diversas ocasiones. Su adicción al juego y su inclinación a la violencia le hicieron formar parte de broncas, algarabías y duelos a muerte de los que siempre salió indemne, quitando en cambio la vida a varios oponentes. Lo más trágico para ella aconteció cuando, en 1615, un amigo le pidió que fuera su padrino en un lance que se iba a celebrar para salvar su honor. Como quiera que los dos oponentes quedaron heridos tras el primer intercambio de mandobles, los padrinos, cumpliendo con el protocolo, se vieron obligados a continuar con el desafío. Catalina desenvainó y, con fiereza, arremetió contra su rival, hiriéndole de muerte. Éste, viéndose moribundo, dijo su nombre en voz alta, descubriéndose que era su hermano Miguel de Erauso.

Sin ningún tipo de remordimiento por ese hecho, Catalina volvió a huir, dando tumbos por buena parte de la geografía americana.

En 1624, cuando participaba en una de sus habituales pendencias por el amor de una mujer o por deudas contraídas en el juego de naipes, recibió una terrible herida que le hizo pensar en su inminente óbito. Fue entonces cuando quiso confesarse ante un obispo y desvelarle su verdadera condición femenina, explicándole que, en origen, había sido monja. Nunca sabremos si reveló su más íntimo secreto para ponerse a bien con Dios o para escapar de la más que segura pena capital por sus crímenes. Lo cierto es que el clérigo se compadeció y la amparó bajo su protección, aunque la hicieron pasar, eso sí, por un riguroso examen médico a cargo de unas matronas de confianza. Éstas no sólo confirmaron que era mujer, sino que también era virgen, y la noticia se extendió como la pólvora.

Pronto, la historia de la antigua novicia reconvertida a militar bravucón recorrió las latitudes americanas y europeas. Así, precedida por su fama, Catalina llegó a España el 1 de noviembre de 1624. El propio rey Felipe IV la recibió en audiencia personal y la ratificó en el grado de alférez, concediéndole una pensión anual de 800 escudos por los servicios que había prestado a la corona española. Posteriormente, viajó a Roma para entrevistarse con el papa Urbano VIII, quien la autorizó a seguir usando sus atuendos masculinos.

Durante algunos años vivió en Madrid, pero la necesidad de nuevos avatares le impulsó a regresar a América, donde había experimentado sus más intensas pasiones. Y es aquí donde la bruma de lo épico confunde la realidad. Unos dicen que murió ahogada desembarcando en el mexicano puerto de Veracruz en ?635, mientras que otros creen que se transformó en arriera y que de esa guisa vivió hasta su fallecimiento en Cuitlaxtla, localidad cercana a Puebla (México), en 1650.

Sea como fuere, sabemos que existió gracias a un manuscrito supuestamente dictado por ella y que se encuentra en el archivo de Indias con el título “El memorial de los méritos y servicios del alférez Erauso”. Además, contamos con un cuadro pintado por Pacheco en 1630 en el que podemos ver a la monja alférez en todo su esplendor masculino.

20-09-2004  Comenta este reportaje ( indica en el titulo el reportaje del que estas hablando )  Midi 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 
 
                      `` David no aguantó ser Brenda ´´ se suicida hombre que vivió macabro experimento Dr

 

Mundo Salud-. OLIVER BURKEMAN/GARY YOUNGUE-. Hasta hace unos años, el nombre de David Reimer no le sonaba a nadie externo a su círculo inmediato, y para cuando se suicidó el pasado martes en circunstancias desconocidas en su aldea natal de Winnipeg (Canadá), ya se había tintado de matices oscuros, los de un nombre que pertenecía a un peculiar vecino de 38 años, un hombre separado de su mujer que se ofrecía a hacer pequeñas chapuzas, antiguo trabajador de un matadero a quien le gustaba ir de compras a los rastrillos y hacer arreglos en su coche. De hecho, para alguien interesado en el desarrollo de la psicología entre los años 70 y 80, la historia de la vida de Reimer habría resultado vergonzosamente infame.

Bajo el nombre de Brenda, David Reimer fue un conejillo de 'indias' involuntario, junto con su hermano gemelo Brian (que se quitó la vida en 2002), en un experimento médico inicialmente muy famoso pero que se labró después una mala reputación, llevado a cabo por el médico de Baltimore (EEUU), John Money.

El destacado médico de EEUU intentó resolver, de una vez por todas, el peligroso debate entre naturaleza y educación y demostrar que el sexo de una persona es tan incierto al nacer que con un simple cambio en la práctica de su aprendizaje, junto con una sencilla operación quirúrgica, un chico podía convertirse en una chica mientras su hermano gemelo se desarrollaba en su cuerpo de hombre.

La idea era dividir en dos el mundo de la psicología sexual. Y tras 12 años de tratamiento traumático, seguido de otras dos décadas intentando reparar el daño causado, el ensayo llevó a David Reimer hacia su propia muerte.

"Fue una especie de lavado de cerebro", afirmó Reimer una vez para resumir su identidad masculina tras haber pasado su niñez como Brenda. "Daría cualquier cosa porque un hipnotizador lograra borrar todos los recuerdos de mi pasado. Es una tortura que no soporto. Lo que me hicieron en el cuerpo no es tan grave como lo que aquello provocó en mi mente".

Janet Reimer con sus gemelos

ERROR MÉDICO.

Las raíces de la tragedia se remontan hasta 1965, durante una visita rutinaria de Janet y Ron Reimer al hospital, con sus bebés gemelos Bruce y Brian, foto derecha de Janet y sus gemelos. Los médicos les habían recomendado la circuncisión, una práctica aún muy común en el norte de EEUU, pero la operación de Bruce resultó nefasta. Al igual que el resto de detalles de la historia. Lo que ocurrió aún da lugar a agresivas disputas entre los implicados, pero lo que está claro es que el cauterizador eléctrico que utilizaron los médicos para llevar a cabo la intervención quemó su pene de manera tan severa que dejó el órgano completamente inútil.

La cirugía genital de reconstrucción aún era una ciencia 'en' 'pañales', y los expertos mostraron un gran pesimismo al respecto. Por ello, cuando meses después los desconsolados padres vieron por casualidad un programa en televisión, donde John Money defendía a capa y espada las nuevas y radicales teorías sobre la formación del sexo, les pareció que aquello podría arrojar un atisbo de luz en el oscuro mundo en el que se había sumido a su hijo. "Aseguraba que es posible que los bebés tuvieran un sexo neutral al nacer, un sexo indefinido, que se puede cambiar en el desarrollo de su vida", explicó más tarde Janet Reimer a John Colapinto, autor de un libro sobre este experimento titulado 'Tal como la naturaleza lo hizo'.

En las fotografías realizadas en aquella época, Money -entonces profesor de la Universidad Johns Hopkins de Baltimore, EEUU, donde sigue ejerciendo en la actualidad-representa la parodia de un sexólogo progresista, con bigote y cuello vuelto, una imagen ratificada además en sus escritos.

Dr Money

Este médico, foto izquierda, educado en una familia religiosa y conservadora de Nueva Zelanda, se había sublevado para autodescribirse como un 'misionero del sexo', desvelando mediante respuestas asombrosas su defensa infatigable de los matrimonios abiertos y el sexo bisexual en grupo, su debilidad y preferencia.

Las afirmaciones más extremas de Money aprobaban, o al menos no condenaban, el incesto y la pedofilia, pero en el programa que Janet y Ron Reimer vieron en televisión no se mencionaron estos temas. Le escribieron una carta y él no tardó en responder.

El médico confiaba ciegamente en que Bruce podía ser educado como una chica. Desde una perspectiva experimental, Brian Reimer sería el individuo perfecto para hacer de control: su herencia genética era idéntica a la de su gemelo Bruce. La única diferencia es que uno podría ser educado como una chica, y el otro como un chico. El énfasis de Money en la educación por encima de la naturaleza encajaba a la perfección con el espíritu progresista de la época, sobre todo con el movimiento femenino, cuyos defensores aseguraban que el papel tradicional y social de la mujer no venía biológicamente definido.

"En cualquier caso, tras la guerra se produjo un cambio, que desmentía que la gente fuera biológica, innata e inherentemente lo que parecían ser", explica Lynne Segal, catedrática de Psicología y Sexo en el Colegio Birkbeck de Londres (Reino Unido). "Acabábamos de ser testigos del nazismo y de la idea de que algunas personas eran malas por naturaleza, como los judíos o los gitanos, entre otros, por lo que la fuerza del concepto de cultura y sociedad encajaba al dedillo con los ideales socialdemócratas". Los Reimer no entraron en este tipo de debates, simplemente querían 'salvar' a su hijo. "Yo admiraba al doctor Money como si fuese un dios", resumió Janet.

CASTRACIÓN.

Bruce Reimer comenzó su conversión a Brenda el 3 de julio de 1967. Los médicos del Johns Hopkins le practicaron una operación de castración y la piel restante se utilizó para crear una "fisura vaginal cosmética". Money envió a la familia de vuelta a casa con instrucciones muy estrictas. "Nos dijo que no habláramos del tema, que no le contáramos la verdad y, sobre todo, que jamás debería saber que no era una niña".

Las cosas fueron mal desde el principio. Janet Reimer recuerda que lo que ocurrió cuando le puso a Brenda su primer vestido, justo antes de que cumpliese los dos años. "Intentó arrancárselo, romperlo. Recuerdo que pensé: ¡Dios mío, sabe que es un chico y no quiere que le vista como a una chica!". A Brenda la atacaban constantemente en el colegio. Cuando orinaba de pie en el baño, la amenazaban con una navaja.

La decisión de si Money fue o no el culpable de todo aún es un tema de discusión. Algunos especialistas afirman que las técnicas de cirugía de reconstrucción de aquella época eran tan poco eficaces que el intento de convertir a Bruce en Brenda debería haber sido la última y más desaconsejable opción.

David como Brenda Reimer

En público, Money aseguraba que el estudio "John/Joan" había tenido un éxito arrasador. "Este caso constituye un apoyo férreo a la mayor de las batallas de la liberación de la mujer: el concepto de que las pautas convencionales sobre el comportamiento masculino y femenino pueden alterarse", publicó 'Times,' en un artículo que disparó las ventas de la revista. Pero en privado, las cosas se le iban de las manos. Brenda necesitaba asistir con regularidad a una terapia con Money en Baltimore, en compañía de su hermano. Según relata Colapinto, aquello pronto degeneró en una especie de encuentros terroríficos que traumatizaron profundamente a los dos niños.

La muestra de "imágenes sexuales explícitas" a los pequeños resultaba fundamental, según las teorías del doctor sobre reasignación sexual. David Reimer (entonces Brenda) relató más tarde: "Money me gritaba, me decía que me quitara la ropa y yo no quería. Me quedaba quieto, y él me chillaba: ¡No! A mí me asustaba que fuese a darme una paliza, así que terminaba por desnudarme y quedarme inmóvil, temblando de pánico".

Entre los recuerdos más sombríos del niño, tras años de una total imposibilidad para hablar sobre ello, se encuentra el hecho de que Money supuestamente hizo a Brenda "ponerse a cuatro patas en el sofá de su oficina y obligó a Brian a colocarse detrás de rodillas y a frotar su entrepierna con el trasero de su hermana", algo que Money denominaba "ensayo sexual".

John Heidendry, que escribió recientemente una crítica en defensa del sexólogo, calificó esta acusación de "vergonzosa y ofensiva", asegurando que Brian sufría un síndrome de falsa memoria.

Cuando Brenda llegó a la adolescencia, la chica ya había intentado suicidarse al menos una vez. Se negó a que se le practicasen más operaciones pero aceptó, aunque de manera irregular, tomar estrógenos que favorecieran el desarrollo de sus mamas. El doctor John Money se fue alejando gradualmente de la vida de los Reimer, pero Brenda continuó en tratamiento psicológico.

Tras una de aquellas sesiones con un psiquiatra, en 1980, Ron Reimer recogió a su hija y, en vez de conducir de vuelta a casa, la llevó a una heladería, donde le contó toda la verdad. La suerte de la familia mejoró durante unos años. Brenda optó por un cambio de sexo a las pocas semanas de este encuentro. Gracias a los desarrollos de la faloplastia, ella, que tomó el nombre de David, se sometió a un proceso quirúrgico durante cinco años que le devolvió un pene reconstruido parecido a uno real, con sensaciones limitadas pero con capacidad para llevar una vida sexual.

David Reimer

A los 23 años conoció a Jane, una madre soltera con tres hijos, y no tardó en casarse con ella. En el año 2000, la historia de David se hizo pública. Pero su felicidad no duró demasiado ya que, por razones aún sin esclarecer, David y Jane terminaron por separarse.

Dos años más tarde, Brian Reimer (el gemelo que sirvió de sujeto control en los terribles experimentos de Money) se quitó la vida con una sobredosis de los fármacos que tomaba para tratar su esquizofrenia. Según parece, David se sentía responsable de su muerte, por lo que visitaba a diario la tumba de su hermano.

Aunque Colapinto asegura que David ganó muchísimo dinero con la publicación del libro, los que le conocían aseguran que su situación económica era penosa. En el club de golf donde se ofrecía a realizar sus pequeñas chapuzas, los miembros hacían una colecta y se la entregaban para que, al menos, pudiera comer.

Los amigos afirman que cayó en un estado de angustia total durante los pasados meses, después de que las acciones por valor de miles de dólares que había comprado en una inversión sufrieran una bajada descomunal.

EN CONTRA.

El mundo de la psicología aprendió del error de Money mediante un artículo escrito por un rival suyo, el doctor Milton Diamond, miembro destacado de la Universidad de Hawai (EEUU), que finalmente identificó a los que se habían hecho cargo del tratamiento de los gemelos.

Para Lynne Segal, la historia del experimento no inclina la balanza del debate entre naturaleza y educación hacia ningún lado. En su opinión, compartida por la mayoría de expertos, esta dicotomía es falsa.

Por su parte, John Money se abstiene de realizar comentarios sobre el tema, según ha explicado su ayudante personal al diario 'The Guardian'. "Sencillamente no hay ningún comentario que hacer", ha apuntado de manera tajante.

William Reiner

La identidad de género está en manos de la genética

La literatura científica parece no apoyar la hipótesis del doctor Money. Precisamente, dos trabajos presentados durante el transcurso del congreso de la Sociedad de Endocrinología Pediátrica, celebrado en Boston(EEUU) en mayo de 2000, respaldan la teoría contraria y determinan que "las evidencias científicas apoyan que la identidad de género viene establecida por la biología por encima de la educación". De hecho, tal y como apunta William Reiner, foto derecha, psiquiatra y urólogo en el Centro Infantil Johns Hopkins (Baltimore, EEUU), "los niños que han participado en la investigación han demostrado que el género masculino se puede desarrollar no sólo con la ausencia de pene, sino también cuando se extirpan los testículos". En el trabajo participó un total de 14 niños que nacieron con defectos en sus genitales, como la ausencia de pene, debido a una malformación congénita.

Al parecer, los autores realizaron un seguimiento de estos menores y constataron que de los 14 niños genéticamente varones, 12 fueron intervenidos para convertirlos en niñas. Sin embargo, los padres de estos menores relataron que su comportamiento a lo largo de toda la infancia fue masculino. Además, dos de los menores que no fueron sometidos a cirugía y que carecían de miembro tenían una actitud psicológica masculina. Según el especialista de Baltimore, "la controversia sobre la reasignación del sexo acaparó la atención hace tres años, cuando se da a conocer el caso del experimento 'John/Joan'. No obstante, los candidatos a este tipo de operación son muy pocos". De hecho, cerca de uno de cada 2.000 niños nacidos posee unos genitales ambiguos o estructuras reproductivas de ambos sexos y muy pocos sufren la ablación del pene. "La primera asunción errónea es que las relaciones sexuales son la cosa más notoria que realiza el ser humano y la segunda que el pene es el miembro más importante. Esto es una tontería. El cerebro es el mayor órgano sexual. Es él el que le dice al individuo qué hacer con el falo, la vagina o cualquier otra parte de la anatomía", ha insistido William Reiner. Este experto recuerda que la identidad de género "es complicada y que existen evidencias de que en ella interactúan muchos elementos".

David Reimer

Cuando los menores no se comportan según su sexo

En España hay más de 30.000 transexuales, de los cuales sólo 2.286 están diagnosticados, según un último estudio realizado por la Fundación para la Identidad de Género. Este organismo, que defiende la financiación estatal de las operaciones de cambio de sexo (una iniciativa que ya llevan a cabo la Junta de Andalucía y el Gobierno de Extremadura) estima que el coste anual de este tipo de intervenciones sería de un millón de euros. Sin embargo, la decisión de pasar por quirófano no puede tomarse a todas las edades. Miguel Fernández, psicólogo del Centro de Estudios de Salud Sexual, en Gran Canaria, explica que "existen unos criterios internacionales sobre cómo se debe tratar a los niños y a los adolescentes que se presentan en las consultas porque no se comportan de acuerdo con su género. De hecho, insiste que en el caso de los más pequeños se "debe ser muy cauteloso, porque la manifestación de un problema de identidad sexual puede deberse a un conflicto de orientación (homosexualidad o lesbianismo) o de identidad. Es decir, a lo mejor más adelante decide que es homosexual y no transexual. A esas edades, es muy difícil que un profesional sepa cómo se va a desarrollar el menor. Es más, lo que conocemos es que un 25% de estos niños será transexual y otro 25% homosexual". Por este motivo, los expertos se muestran en contra de dar cualquier tipo de tratamiento farmacológico en este sector de la población, aunque apoyan la necesidad de realizar un seguimiento de los más pequeños, así como de trabajar con la familia. En el caso de los adolescentes, "no se trata de realizar terapias masculinizantes o feminizantes. Si un chico descubre que quiere ser chica, o al contrario, intentamos que la terapia se encamine a detener el desarrollo de sus caracteres sexuales secundarios porque así, en un futuro, las soluciones que se adopten tendrán mejores resultados". Este psicólogo recuerda que todo este proceso se realiza con la participación de los familiares. "En muchos casos los padres vienen desorientados y, sobre todo, no aceptan lo que está pasando, pero con la terapia y trabajo acaban comprendiendo todo". En nuestro país, no hay unidades específicas para niños o adolescentes, aunque sí las hay en Holanda y Reino Unido.

Web-. Recientemente en TV Digital Canal Satélite se emitió un documental sobre la vida de David - Brenda -, titulado `` El niño que fue transformado en niña ´´, altamente recomendable por toda la historia y estudios paralelos que hace con otras investigaciones que desmentían las pretensiones del macabro Dr Money. 

20-05-2004  Comenta este reportaje ( indica en el titulo el reportaje del que estas hablando )  Midi 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 
 
                             `` El duro combate de la cabo transexual Pantoja ´´

 

Nacida como José Antonio hace 30 años, ha luchado por ser reconocida como María del Mar. La primera transexual del Ejército español volverá al cuartel con uniforme femenino, puesto que un dictamen del tribunal médico acaba de considerarla apta para el trabajo militar. Pese al apoyo de su madre, que admite que nunca notó nada, su tragedia personal la condujo a dos intentos de suicidio. A la espera de nuevo destino, sueña con culminar su transformación en el quirófano. 

Mundo Magazine-. Si por ella fuera, hace tiempo que la cabo segunda María del Mar Gordo Pantoja le habría metido fuego al retrato de ese mocetón de cejas espesas y juntas, mandíbula prominente y nariz de boxeador que mira al vacío vestido con el uniforme y la gorra de cuando hizo la mili. Si por ella fuera, le habría metido fuego a todos esos años en que María del Mar vivió disfrazada de José Antonio. “Respeto la foto por mi madre, pero si no no estaría ahí, porque ése no soy yo. Pertenece a una parte de mi vida que no quiero ni recordar. ¿Tú me reconoces?”.

Pues se parecen lo que una oruga a la mariposa que sale de su crisálida. Todo y nada. Es el mismo/misma, y sin embargo aquel tiarrón de la foto es ya para siempre otra persona. De aquel José Antonio, a María del Mar sólo le quedan unos genitales masculinos que tarde o temprano moldeará en una operación de cambio de sexo, y la rémora de su DNI, con esa cara de marine extrañamente inocente y con barba de cuatro días que tanto le disgusta enseñar. Por lo demás, rebosa atributos externos de mujer-mujer: la melena teñida de rubio, el maquillaje en la piel y los labios, la camiseta escotada y las caderas dibujadas en el pantalón de pana fina. La pulsera, los pendientes, el anillo, el colgante, las cejas depiladas, la manera de hablar. Pero ella sabe que ser mujer es algo más profundo. Una afirmación, una conquista. Una decisión soberana. “Al verme desnuda en el espejo tengo mis genitales femeninos: no los veo, pero están en mi mente”.

María del Mar, la cabo Pantoja, es la primera transexual declarada de las Fuerzas Armadas españolas. Más aún, recuerda orgulloso su amigo Pepe Coronil, coordinador de la asociación de gays y lesbianas Arcadia de Cádiz, adonde ella llegó por primera vez hace dos años “hecha polvo” en busca de ayuda: “Es la primera transexual militar en activo de Europa y la segunda del mundo tras una de EEUU; es una mujer valiente que se enfrentó a un Ejército homófobo y machista”.

La cabo Pantoja vive en una nube de euforia desde el pasado 19 de marzo. Ese día, tras un año y medio de litigio, sus superiores le comunicaron en la base naval de Rota que su proceso de transformación sexual no era fruto de un capricho y la consideraban apta para seguir ejerciendo sus funciones en la Armada. El dictamen del tribunal médico le abre, en teoría, la puerta para reincorporarse a su destino vistiendo un uniforme femenino.

Viéndola reír y hablar extrovertida en el humilde piso de la localidad gaditana de Puerto Real donde vive con su madre, Josefa, su hermana Sofía y su abuela, es fácil olvidarse del durísimo camino de lágrimas y tortura psicológica que debió recorrer para llegar a estos días de liberación. Como esos dos arrebatos suicidas, rememora Pepe Coronil. “Una vez intentó cortarse el pene”.

Infancia difícil. Segundo de cinco hermanos, durante un tiempo fue a un colegio interno por las dificultades económicas de la familia. En la imagen, el día de la Primera Comunión

El tercero de cinco hermanos, cuatro chicos y una chica (“bueno, ahora tres hijos y dos... hijas”, corrige la madre, que anda todavía hecha un lío y mezcla el nuevo Mari con el Jose de toda la vida), María del Mar nació como José Antonio en 1973 en el seno de una familia sin suerte de Cádiz. Su madre tuvo que ingresar en internados de la Diputación Provincial a los cuatro primeros hijos después de que el padre, ferrallista, cayera enfermo con tuberculosis. Poco después murió en un accidente de tráfico cuando José Antonio tenía ?3 años. Y así, huérfano y solo, arrastró oculta su verdadera identidad por un mundo masculino y cerrado de orfanatos y cuarteles.

“Desde la EGB guardaba ropita interior femenina en mi macuto, entre los libros, y en el cuarto de baño me cambiaba para sentirme segura por dentro. Me transformaba. Entonces era yo realmente. Mi frustración ha sido sentirme mujer, mirarme al espejo y no verme. Me engañaba vistiéndome mal, engordando una bestialidad, siendo lo más masculino posible. Te dices: ‘No luches más, esto es lo que hay’. Iba con chándal por fuera, pero por dentro era yo, con braguita y sujetador. Tenía sentimientos de culpa. ¿Quién era? Algunos transexuales se suicidan y otros saltan a la vida. Y es lo que yo hice, salté a la vida”.

Pasó de la disciplina del internado a la del cuartel con naturalidad. Le gustaba la rectitud que aprendió en el Ejército y que hoy sigue ejerciendo en su vida privada con una seriedad que poco tiene que ver con ese estereotipo del travesti descocado que ella detesta: la marinera loca. “Yo soy una mujer de 30 años normal, trabajadora; en este caso, militar”.

En 1995, tras hacer la mili en Algeciras en el Ejército de Tierra, inició su carrera de militar profesional ingresando de marinero en la Armada, con la especialidad en Electrónica Industrial que había aprendido en la FP. Su primer destino lo llevó a la fragata Numancia, con base en Rota. Su misión era supervisar y mantener los equipos de radar en el Centro de Información y Combate de la nave. Recuerda esos años felices: la buena relación con los compañeros, la condecoración por los días de vigilancia en el Adriático durante la posguerra yugoslava. Pero el engaño seguía creciendo día a día en su camarote. “Me daba envidia un compañero que era gay y se lo decía a todo el mundo. Pero no quería para mí el cachondeo que tenían con él. ‘Mira el maricón éste, adónde va’”.

El conflicto de su alma estalló en una primera crisis mientras estudiaba en la Escuela de Electrónica de la Armada en Vigo, poco antes de presentarse para los exámenes de cabo segundo. “Estuve dos días prófugo. Mi madre llamó al programa de Paco Lobatón. Estuve desaparecido en un hotel de Vigo. Me dio un bajón, no podía engañarme más. Me arrestaron 15 días”.

Jurando la bandera durante el servicio militar en Algeciras. abajo

Un año y medio después logró ascender a cabo segundo y lo destinaron a la fragata Canarias, con cuatro marineros a sus órdenes. El cabo Pantoja era un devoto de su trabajo. Pero cuando terminaba su jornada se encerraba con sus cosas, sus dibujos animados japoneses, su música inglesa de los 80. Tenía compañeros pero no amigos, y a la tripulación le extrañaba ese tipo amable y tan raro. ¿Qué secreto guardaba? “Yo llevaba mi ropa femenina en el macuto, cogía mi bicicleta de montaña y me perdía sola para ser yo: esa era mi poca libertad. Llegaba al hotel vestida de hombre y salía vestida de mujer. Lloraba si tenía que llorar, reía si tenía que reír. Y ocho años así”.

El disfraz o el corsé llamado José Antonio agonizó y murió en la última singladura con la Canarias, durante la primavera de 2002. Tenía entonces 28 años. Internet le había abierto los ojos sobre la transexualidad. Empezó a escondidas un tratamiento hormonal para desarrollar senos, tras tomar la decisión de iniciar el largo proceso para asumir la identidad sepultada. Había pedido un destino en tierra para poder ser tratada de cerca por los médicos. El secreto iba a reventar.

“Al final del verano del 2002 hablé con el comandante: ‘Se presenta la cabo segunda José Antonio Gordo Pantoja, destinado a la flotilla de aeronaves. Con una salvedad: que soy transexual’. ¿Que qué cara puso? Como si a ti te toca la lotería. ‘Muy bien’, dijo, ‘a ver cómo te voy a tratar ahora. Déjame tiempo para que consulte’. Luego me vi marcada por 40.000 ojos. Llevaba sólo un poco de maquillaje muy suave, porque no había ninguna ley en el Ejército que regulara eso. De 98 kilos que pesaba me había quedado en 65. Llevaba una camisa militar femenina porque la de hombre, con los pechos, no me entraba. Me dieron un cuarto para mí sola en el pabellón masculino. Me duchaba de madrugada, a solas, para que ellos no se sintieran cohibidos y mi atracción sexual no diera de sí... Que una no es de piedra. Empezaron las presiones. El encargado de mi destino me decía. ‘Mira, me han dicho que vas muy maquillada (me trataba ya como mujer) y que no puedes ir así’. La gota que colmó el vaso fue cuando se metieron con que iba vestida de mujer al entrar y salir de la base. Decidí cortar y me di de baja por depresión”.

Un refugio. Había reclamado a sus superiores apoyo psicológico y médico para afrontar el cambio de sexo, pero dice que hicieron oídos sordos. Sí la escucharon en Arcadia, la asociación homosexual de Cádiz. “Empezó a ganar la batalla”, cuenta Pepe Coronil, “el día que empezamos a tratarla como lo que es. Yo le dije: ‘¿Qué le pasa a usted, señorita?’. Se fue sonriendo”.

María del Mar recuperó la moral y acabó convirtiéndose en un símbolo del colectivo en su lucha contra la discriminación. A finales de 2002 hizo público su caso en la revista gay Adán-daluz antes de comenzar el periplo legal y médico. Le abrieron un expediente para estudiar si padecía “doble personalidad”, pero ella recurrió indignada alegando que no estaba loca y lo sustituyeron por otro nuevo para decidir su posible “inutilidad física”. Tras un surrealista desfile (desobedeciendo siempre la orden de acudir vestida con el uniforme masculino de gala) por el hospital militar San Carlos de San Fernando en las consultas de la endocrinóloga, el urólogo y el psiquiatra, el pasado ?6 de marzo le mandaron un telegrama para ir a recoger a la base de Rota el veredicto del tribunal médico.

Acudió a la cita temblando, pero muchos oficiales y marineros le revelaron el lado moderno del Ejército al recibirla con felicitaciones. “Has conseguido más de lo que querías”, la avisó sonriendo el subteniente Marentte al entregarle la resolución del expediente. El texto hablaba de “patología” (la palabra la horroriza), de hipotrofia testicular y peneana (tamaño más pequeño de lo normal de los genitales masculinos), de ginecomastia (aumento de mamas) y de “alteración de la identidad sexual con egosintonía”. Pero en el fondo, resume la afectada, lo que importa es que el informe reconocía que es apta para el servicio activo. Victoria. “El mismo comandante me dio la enhorabuena y me dijo que no iba a tener ningún problema allí. El trato con la Armada ha sido correctísimo. El problema eran las leyes”.

Algo debe estar cambiando en los cuarteles, cuando en la Guardia Civil permiten que una pareja de agentes gays o lesbianas comparta vivienda oficial o en la Armada acepten que un transexual no es un lisiado. La Asociación Nacional de Militares y el Círculo de Oficiales de las Fuerzas Armadas dejaron ver que el caso de Pantoja sería recibido “con toda naturalidad por el sector joven del Ejército. Es un primer paso para que otros gays, lesbianas o transexuales se muestren abiertamente”, dijo Jesús Navarro Jiménez, especialista en Derecho Público militar. Las páginas reivindicativas gays de Internet se apresuraron a colgar las declaraciones del letrado como un trofeo. Y en Transexualia, la Asociación Nacional de Transexuales, ya lo presentan como un simple anticipo de los cambios legales que esperan del nuevo Gobierno de Rodríguez Zapatero.

María del Mar recuerda el impacto en su familia. A su madre, Josefa, se le vino el mundo abajo la noche en que le contó que se sentía mujer: “Nunca le he notado nada. Hasta que hace tres años empezó a cogerle la ropa a su hermana. Pensaba que era un travesti. Una noche me llevó a dar un paseo y me lo dijo. Nos vinimos llorando a casa. ‘¿Y dónde está mi hijo José Antonio?’, decía yo, como si hubiera muerto”.

Pasado el shock, Josefa ha aceptado de buen grado la nueva identidad. Sofía, la hermana de 21 años, se convirtió en su mejor cómplice en casa. “¿Te das cuenta que es más guapa que yo?”, bromea admirada al verla posando coqueta para el fotógrafo.

Pero aún se siente incompleta. Por eso dice que no quiere tener una relación estable con un hombre hasta que no pueda ofrecerle lo que ahora no tiene. “He tenido relaciones, claro, pero novios, novios, no”. Su transformación de hombre a mujer culminará en el quirófano. Aún no sabe si el Instituto Social de las Fuerzas Armadas, del que depende su atención sanitaria, cubrirá los 12.000 euros que cuesta. Le queda la alternativa de recurrir al Servicio Andaluz de Salud, donde el cambio de sexo es gratuito.

Antes de llegar al bisturí, espera saborear la victoria: el regreso al cuartel vestida de mujer. Mientras consigue un destino, seguirá en el servicio activo de la Armada, cobrando sin salir de casa 800 euros al mes. Cuando expiren los seis meses de contrato que le quedan (por los que estuvo de baja) podrá prorrogarlo cuatro años más. Con la brecha que ha abierto en el muro pasarán muchos otros. Y como lo saben, algunos compañeros y compañeras de los que sirven a la patria, al verla por la calle le reconocen su valor con una rotunda frase española: “¡Ole tus cojones!”.
 

China. El caso más sonado es el de Jin Xing, hoy una famosa bailarina. Sirvió 28 años en el Ejército y llegó a coronel antes de operarse y colgar el uniforme.

Otros ejércitos 

Aunque la homosexualidad está siendo poco a poco aceptada en los cuarteles, la transexualidad es mucho más difícil de digerir. Hoy, ejércitos de 24 países permiten gays en sus filas, según el Centro para el Estudio de las Minorías Sexuales en el Ejército, con base en California (EEUU). Mientras, transexuales como Gordo Pantoja están poco a poco derribando sus particulares barreras.

Reino Unido. La sargento Joanna (antes Joe) Rushton fue el primer transexual del Ejército de Su Majestad. Medalla al mérito por su labor en Bosnia, casado cuatro veces y padre de un hijo, anunció en 1998 su intención de someterse a una operación de cambio de sexo. Un año más tarde, las Fuerzas Armadas británicas decidieron no vetar la incorporación de transexuales.

Brasil. El Ejército brasileño reconoció en el año 2000 su condición de transexual al cabo José Carlos da Silva, que llevaba 21 años vistiendo uniforme. Padre de una hija adolescente, también hizo pública su intención de operarse. Aunque se retiró con todos los beneficios económicos, le declararon “incapaz” para ejercer todo tipo de actividad militar.

China. El caso más sonado es el