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 El comentario de la semana
                    Un Manual de Transexología (En borrador)

 

 

LAS FORMAS DE EXPRESIÓN  

GUIÓN. El ansis de expresión. El binarismo como represión. El no-binarismo es creativismo. Los conjuntos difusos de género como base de distintas expresiones. La primera transexualidad fue binarista: distinción entre TV, TG, TS.  La transexualidad no binarista: los estilos de expresión. Expresión profunda, más allá de los estilos. Formas de expresión conductuales, cosméticas, indumentarias, ornamentales, endocrinológicas y quirúrgicas.  

Siempre hemos ansiado expresarnos. Cuanto más fuerte ha sido la represión, más fuerte ha sido el ansia de expresión, aunque haya tenido que ser callada.  

El binarismo mismo ha sido una forma de represión, previa, situada en las mentes. No olvidemos que ha existido y todavía existe configurando nuestro Código de Género. Pretendía que la realidad era así y que era obligatorio respetarla, so pena de castigo social que podía llegar hasta la muerte.  

En la medida en que nos lo hemos creído, nos hemos reprimido a nosotros mismos con sentimientos de culpa, porque nuestras ansias no se ajustaban al esquema “dos sexos, dos géneros, dos orientaciones”, según el cual nada existía fuera de él, y si existía, no tenía derecho a existir.  

Apuntaré aquí, para que se entienda lo que sigue, que lo contrario del binarismo no es el no-binarismo. Al pensarlo, nos damos cuenta de que ésta es sólo una expresión negativa, una forma lógica pero vacía, que indica que hay algo, pero no lo especifica.  

¿Qué hay en el no-binarismo? Está la intersexualidad, por supuesto, pero la intersexualidad sola no es suficiente, porque como veremos, muchas conductas binaristas no son intersexuales o no quieren ser intersexuales.  

Nos acercamos más a la respuesta cuando nos damos cuenta de que el binarismo supone la sumisión de la conducta humana a un esquema binario de la naturaleza sexual –y el ser humano debe someterse sólo a la razón, no a ningún hecho natural.  

Si fundamentáramos el  no-binarismo en otro hecho natural, por ejemplo la misma intersexualidad, estaríamos sometiendo nuestra conducta a otro esquema de la naturaleza, fuera ternario, cuaternario, secuencial u otro.  

Entonces, lo verdaderamente contrario del binarismo sexual es el creativismo, la afirmación del derecho a crear formas de expresión  de género que sean creativas, libres, personales, variadas, la insumisión del sujeto a formas de expresión sexual prefijadas.  

Puede elegir las formas más acostumbradas, éstas pueden ser las mayoritarias, pero ya no como únicas, sino como unas entre otras muchas, aunque éstas sean minoritarias, e incluso personales.  

Quien se sienta muy viril puede elegir formas de género muy viriles; quien se sienta muy femenina, puede elegir otras muy femeninas, y quien no se reconozca en las formas muy definidas, o ni en unas ni otras, podrá elegir sus propias formas de género personales.  

Como ya observó Judith Butler (con quien no suelo estar de acuerdo), no es cuestión de definir cuántos géneros hay, si tres, o cinco (se han dado estas cifras), porque son innumerables, en el fondo, tantos como personas.  

Siguen una estructura de conjuntos difusos, cada uno con sus reglas de conjunto, pero reglas amplias, definidas según un “más o menos” y no según un “sí o no” binario. Puede aventurarse que estos conjuntos están estadísticamente polarizados en ciertas reglas de adscripción, que hacen que en algunos entren millones y en otros sólo miles y que algunos sean hasta individuales, por lo que quizá no haya dos polos, sino más de dos, pero con reglas más o menos fluctuantes.  

Sabemos, en efecto, que las reglas del conjunto Mujer han fluctuado y se han abierto inmensamente desde el principio de la Revolución Industrial y que práctica de género de las personas identificadas hoy como mujeres se parece poco a la del siglo XIX. Sin embargo, la práctica de género de las personas identificadas como Varones está mucho más bloqueada, por su unión histórica con la voluntad de poder. Pero el ejemplo de fluctuación en el conjunto Mujer hace previsible que esta práctica se desbloquee y que otras aparezcan-  

 Comprendemos así que la transexualidad, tal como se ha vivido hasta ahora, se ha expresado de forma binarista (“si no soy hombre, seré mujer”, o al contrario), es decir, convencional, sumisa, impersonal, no creativa. Ahora es posible expresarla de forma creativa.

Para llegar a ella, es preciso empezar por revisar conceptos que tenemos tan asentados que ya los damos por verdaderos. En la transexualidad feminizante, la Transexología clásica, iniciada por Harry Benjamin en los años cincuentas, ha distinguido hasta ahora tres clases a las que ha llamado transvestismo, transgenerismo y transexualismo (TV, TG, TS)  

El criterio para definirlas ha sido la menor o mayor permanencia de los cambios y la menor o mayor profundidad de las transformaciones.  

Así, el transvestismo consistiría en vestir de mujer ocasionalmente y usando medios cosméticos (maquillaje, pelucas)  

El transgenerismo, en cambiar de género permanentemente, usando medios cosméticos o bien hormonación o bien cirugías plásticas  (de configuración de mamas, de feminización facial, etc)  

El transexualismo consistiría en cambiar de género y de sexo, usando los medios anteriores y la cirugía de reasignación de sexo.  

Por tanto, se clasificaría a las personas que transitan en el sistema sexogénero en transvestistas, transgéneros y transexuales. Este sistema supone además causas distintas y separadas de cada clase, como la parafilia, o la disforia, o la intersexualidad cerebral, por lo que tiene además una desagradable consecuencia al jerarquizar a nuestra población de menos a más, en menos femeninas  o más femeninas, En la práctica, la jerarquización empezaria por los designados como travestistas fetichistas, considerados varones heterosexuales digamos en un 95% y llegaría a su cumbre en las transexuales desde la niñez,  amantes de los hombres y hermosas.  

Sin embargo, la práctica muestra que esta clasificación no es real; ha estado en la mente pero no en la realidad. Es un sistema de tres armarios, en el que se quiere meter todas las variaciones existentes, desconociendo que son inclasificables al menos dentro de esas solas tres categorias.  

¿Cómo clasificaríamos por ejemplo a una persona que ha deseado cambiar de sexo, pero  por razones familiares se contenta con actuar cada día en un espectáculo, lavándose la cara al terminar y yéndose a casa en camisa y pantalón?  

¿Y a las personas que siguen una cirugía de reasignación de sexo a la vez que son parafílicas o fetichistas?  

¿Y a quienes practican una orquidectomía o amputaciónn de los testículos?  

¿Y a las personas que se reasignan de sexo pero no cambian de género, porque no lo desean o porque su medio social se lo impide?  

¿Y a quienes ansían una emasculación o eliminación total de los genitales masculinos, pero no desean una vaginoplastia?  

¿Y a quien se considera transvestista pero evoluciona hacia transexual, o quien se considera transexual pero evoluciona hacia transgénero?  

¿Y a quien sigue una o varias de estas experiencias TV, TG o TS, y al cabo de algún tiempo, por evolución personal renuncia a ellas?  

¿Y a las drags, que siguen una estética feminizante, pero muy libre, en la que se puede decir que no visten como mujeres, sino como drags?  

El problema se resuelve si no consideramos las tres categorías como formas de ser de las personas trans, sino como formas de expresión, añadiéndoles otras nuevas, como la transgresión de género, y todas las que descubriéramos en la inmensa variabilidad de la realidad.  

Las más frecuentes formas de expresión del hecho trans serían entonces la transvestista, la transgénero, la transexual, pero también la transgresora de género, siguiendo los estilos drag o fuckgender, la intergénero, que no sería tan rompedora y etcétera. Hablamos de estilos, como en todas las formas de expresión.  

Al hablar de estilo, hablamos de arte. En la historia ha habido estilos arcaicos, clásicos, barrocos, románticos, impresionistas, expresionistas, funcionales, vanguardistas y habrá otros. Las actuales tribus urbanas juveniles han practicado los estilos rockero, pop, punky, pijo, gótico, etcétera. Todas son formas de expresión en las que algunas personas se reconocen y otras no. En la práctica trans, el estilo transvestista, el transgénero y el transexual serían más clásicos, respetando más las convenciones del Código de Género binarista: transformar la apariencia, el cuerpo o los genitales lo más parecidamente posible a los femeninos. Los otros estilos lo romperían más o menos, desde la drag que se pone todas las noches  supermaquillada y con hiperpeluconas, llevando un vestido de raso liso sobre su torso sin preocuparse de simular pechos hasta las todavía muy escasas manifestaciones en que un muchacho radical que se pone sobre sus músculos y su vello un vestido camisero expresando su desdén por el binarismo. El estilo intergénero, discreto, exploraría todas las posibilidades que pusieran en duda a quien lo viese si estaba ante una mujer o un hombre: pelo largo, ligero maquillaje, pendientes, ropa unisex, posturas ambiguas.  

Pero como veremos en la práctica trans masculinizante, la expresión sobrepasa los estilos estéticos (o es estética en sí misma)  

Recuerdo una fotografía de Leslie Ferinberg en la que aparecía con su físico de culturista, en una pose standard, en la que no se preocupaba de que el tanga mostrase un vientre liso, que contribuía sin embargo a la fuerza del conjunto. Conviene analizarla. Más allá de su belleza, en este caso situada en la estética de las revistas culturistas, lo que está diciendo es más simple y profundo: “Soy trans masculinizante y no me avergüenzo de ello”.  

Entre ellos, muchas de sus expresiones pasan casi desapercibidas, entendidas como simple estética, por lo que paradójicamente pierden fuerza expresiva, dado el amplio margen que el  Código de Género vigente concede a la expresión de género del conjunto Mujer. Autoriza  al uso de pantalón y chaqueta definidamente masculinos, al cabello cortado a cepillo con toda naturalidad. Sin embargo, la norma del Código de Género incluye una cláusula, clave para esta tolerancia, que diría algo así: “siempre que quede claro que se trata de una mujer” (es decir, que por voz o presencia de mamas, la persona pueda ser clasificada binaristamente)  

Conforme se acentúa la inclasificabilidad binaria, aumenta la intransigencia social. Una persona no clasificable como hombre o mujer despierta inquietud en nuestra cultura, que no tiene nombre para ella. Pongamos que sube al autobús una persona en chandal, de pelo muy corto, lampiña, sin pecho visible, de facciones suaves. Nos sentimos inquietos ante ella no por lo que es, sino porque carecemos en la práctica del concepto “intersexual” para comprenderla y quedarnos tranquilos.  

Sólo a partir de esa inclasificabilidad binarista podemos hablar de manifestaciones trans masculinizantes. Puede ser transvestista (un simple juego con el fondo de armario), transgenérica, si es permanente, incluyendo por ejemplo un nombre ambiguo o masculino.  

Cuando se usan formas de expresión más radicales, llegamos a la transexualidad. En la masculinizante, es posible a veces usar los recursos conductuales e indumentarios para expresar esa radicalidad. Otras veces se recurre a la hormonación para producir efectos más inequívocos (barba, musculación, vello, cambio de la voz) y las posibles cirugías tienen un estatuto distinto de las feminizantes. La más valorada es la mastectomía o eliminación de las mamas, la histerectomía o vaciado es médicamente aconsejable y la faloplastia admite una discusión  que espero explicar más adelante.  

En general, todas estas formas de expresión masculinizantes llevan a una clasificación binarista como varón. No se duda de lo que sea la persona que sube al autobús con barba y quizá algo calva. El deseo de pasar desapercibido es tan fuerte, como que el trans masculinizante suele aspirar a ser “un hombre gris”, un hombre como cualquier otro.  

Las dificultades   sociales que encontraría en otro caso aconsejan respetar este deseo por lo que se refiere a lo público. Sin embargo, por lo que se refiere a la vida privada, como ya he explicado antes, es aconsejable e incluso necesaria la sinceridad respecto a la propia historia.  

Voy ahora a considerar cada una de estas formas de expresión, o significantes, que se ajustan a las necesidades o posibilidades del medio social de cada cual, a su carácter y a sus pulsiones, y que pueden variar con el tiempo, según todos estos factores cambien. Pero no voy a clasificarlas según las categorías identitarias del transvestismo, el transgenerismo y el transexualismo, sino según las formas  de expresión puestas en juego, y abiertas al libre uso de cada cual. Distinguiré por tanto entre formas de expresión conductuales, cosméticas, indumentarias, ornamentales, endocrinológicas y quirúrgicas, preguntándome lingüisticamente cuál es el significado de tales significantes. 

Kim Pérez 29-06-2009 Habla de este comentario ( pon el titulo)   ( `` Wlalk on the wild side ´´ Lou Reed midi)

 
                                            
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